Con cuatro discos en su haber y una trayectoria de quince años ya, Celestial Bums bien pueden ser vistos como referentes nacionales de la escena neopsicodélica. Paradójicamente, eso los ubica en una tierra de niebla mediática espesa, en la que parecen escapar del radar de prensa, radio y circuitos festivaleros. Su propuesta, más que sólida, merece poner sobre ellos el foco y darles luz.
La banda barcelonesa Celestial Bums, capitaneada por Japhy Ryder (voz, guitarras, teclados y sintetizadores), es una de las apuestas más consistentes del panorama underground nacional, con un rock afecto a una escena neopsicodélica con toques de dream pop y shoegaze. Cabe preguntarse, en primer lugar, si cuando nace la banda existía una escena musical a la que poder adscribirse. Ryder, que es quien nos atiende, es categórico: “Nuestra primera referencia fue sorprendentemente bien acogida en la emergente escena llamada neopsicodelia y desde entonces tuvimos un hogar ahí”. Pero ese feliz acogimiento fue a nivel internacional. “Por aquel entonces no había prácticamente nada de esto en España y éramos conscientes de ello. De alguna forma nos gustaba poner nuestro granito de arena desde aquí hacia fuera”.
En este contexto nace la banda en 2010, cuando Ryder se establece en Barcelona. Pronto aparecen viajeros en carreteras paralelas destinadas a confluir. Se suman al grupo otros cosmonautas sónicos: el cofundador Augusto J. Marchetti (batería y percusión) y Pablo Gorostiaga (bajo), coagulando una propuesta musical alrededor de influencias diversas, pero sin duda sugerentes. Algunas de ellas literarias, como autores de la Generación Beat o literatos franceses como Albert Camus, Arthur Rimbaud o Antonin Artaud. Una literatura del viaje sin brújula, del ir sin meta, que entronca con “la búsqueda espiritual de uno mismo” y que forma parte del universo de la banda.
Pero ¿qué pasa con la música? ¿Cuáles son las influencias de una banda de sonido tan marcado y bien ensamblado desde un principio como en el caso de Celestial Bums? Ryder no titubea al respecto: “A nivel musical nos inspiraron las bandas pioneras del movimiento, como The Brian Jonestown Massacre, The Warlocks o The Black Angels. Y también bandas previas que lo hicieron posible, como Spacemen 3, Slowdive o Mazzy Star”. Los encontramos, en fin, perpetuando el sendero laberíntico que transitan espeleólogos del sonido, tanto del presente como del pasado, y que saben que entre el sueño y el fragor de la tormenta uno puede perderse con la misma libertad que lo hacen las narrativas inspiradoras para el grupo.
En este sentido se percibe una evolución clara en la trayectoria de la banda, no solo en términos de madurez técnica, que también, sino en su nuevo álbum, “Minutes From Heaven” (We Were Never Being Boring, 2026), construido a partir de vivencias personales y procesos internos transformadores, que vio la luz a mediados de febrero y se ha publicado tanto en digital como en disco de vinilo. Para Ryder, aprender a valorar las distintas etapas de su vida es necesario para llevarse bien con uno mismo y aprender a crecer como un proceso también compositivo. “Decidirse a hacer un nuevo disco fue una necesidad, pero conllevaba explorarse a uno mismo sin saber cuáles iban a ser los resultados”. Es su cuarto episodio tras “Celestial Bums” (2012), “Ascend” (2016) y “Sleep Inside A Horse” (2020).
La vida fluye, efectivamente, del mismo modo que la música es un manar siempre inquieto. Hablamos sobre la forma de entender la composición de la banda, donde prima la transparencia de la espontaneidad. “En un momento concreto del estado de creación, llamémoslo la protocanción, nacida de esa necesidad vital de la que hablábamos, se apodera del proceso de composición”. La banda asume entonces una pérdida voluntaria del control y pasa a un segundo plano. “Eso es para mí un indicador de que ese esbozo ‘es el bueno’. A veces lo visualizo como un espíritu bajando y encarnando la canción. A partir de ahí se convierte en un ente con identidad propia”.
Sin duda, por este método –que tiene que imbricarse con la forma de entender la vida y la experiencia personal– la música de “Minutes For Heaven” suena espontánea y, al mismo tiempo, consciente, basada tanto en ese proceso como en la cualidad inherente a la experiencia. “Los temas han salido con más clarividencia”, en un disco que la banda publicó en febrero a través del sello italoamericano We Were Never Being Boring. La posibilidad de trabajar con ellos parece fruto de la casualidad. La banda mandó una demo al sello porque lo sentían afín a su enfoque musical, y el sello les contestó en 24 horas entusiasmado.
Tras la grabación, el grupo queda claramente satisfecho por la decisión tomada y, al mismo tiempo, reflexiona, autoconsciente, sobre el hecho de estar grabando con un sello extranjero siendo ellos de Barcelona. Pensamos nuevamente sobre una escena afín al sonido de Celestial Bums, pero trasladando la pregunta al presente: si hoy existe una escena, ¿cuál es el lugar de la banda dentro de dicha escena? Japhy es sincero: “No sabemos qué lugar tenemos en el panorama nacional. No por decisión expresa, pero lo de fuera siempre parte con ventaja en lo que respecta a Celestial Bums. A We Were Never Being Boring se ha unido un ‘booker’ europeo que prepara presentaciones por el continente, pero lamentablemente no en territorio nacional”. No obstante, el alma mater del grupo espera poder presentar el disco lo máximo posible en España: “Creo que vive un gran momento con bandas emergentes de escenas próximas a la nuestra”.
La conversación lo pone a huevo para terminar hablando precisamente sobre su directo. Y hay que decir que la banda ha girado abriendo para grupos del calibre de A Place To Bury Strangers, aval suficiente para interesarnos por sus cualidades sobre el escenario. Celestial Bums trabajan en la preparación de dos giras de presentación por Europa, para primavera y para otoño, con formato de quinteto, tres guitarras en el escenario y abordando todo con gran ilusión. De momento no han confirmado fechas para ninguna de las dos.
Si escuchamos su último disco, un excelente caleidoscopio de melodías entrelazadas en un viaje psicodélico con asomos de shoegaze pastoral y ecos del mejor dream pop, uno solo puede desear que esos conciertos terminen teniendo su eco en terreno nacional. Que podamos verlos en alguno de nuestros festivales de verano o, mejor aún, en una gira por salas: una propuesta que sobre las tablas puede resultar un verdadero trip. ∎