El poder del grito. Foto: Sergi Paramès
El poder del grito. Foto: Sergi Paramès

Concierto

Deafheaven, de camino hacia la unanimidad

Es todo un privilegio ver crecer una banda a tiempo real, ir constatando que todo lo que apuntaba Deafheaven cuando editó “Sunbather” hace doce años se está cumpliendo. Hay que reconocer que ha existido algún momento de duda, pero visto el estado en que la banda se encuentra –anoche lo comprobamos en la sala Apolo de Barcelona– parece que cada movimiento que ha hecho haya sido parte de un plan maestro para llegar a ser lo que es hoy. Una entidad cada vez más personal, con un directo en el que ya no crece la hierba de cada escenario que pisan.

Lo que Deafheaven ofrecieron en Barcelona ayer –hoy actúan en la sala Mon de Madrid– fue algo más que un buen concierto. Fue la confirmación rotunda de que la banda de San Francisco ha alcanzado un punto de madurez que pocas formaciones de su generación pueden igualar. Hay grupos que evolucionan a golpes, dando bandazos para encontrar una nueva identidad, y otros simplemente repiten fórmulas que juegan en terreno seguro. Deafheaven no pertenece a ninguna de esas categorías. Han sabido crecer sin prisa, sin la ansiedad que marca el ritmo del mercado actual, y han construido un lenguaje musical que cada día se aleja más de cualquier etiqueta rígida.

Durante mucho tiempo se insistió en encasillarlos dentro del black metal. Aquello servía como punto de partida, pero hoy parece estar quedando cada vez más atrás. El metal sigue presente como una corriente importante e incluso definitoria, pero convive con un shoegaze implacable, con pasajes de post-rock, riffs por los que mataría cualquier banda de rock alternativo e incluso con un sentido de la melódico que en algunos momentos no los aleja tanto del pop. Lo que podría sonar como un choque de estilos se convierte en ellos en algo orgánico y fluido.

Comunión eléctrica. Foto: Sergi Paramès
Comunión eléctrica. Foto: Sergi Paramès

Deafheaven se gustan y la seguridad con la que afrontan esta nueva etapa quedó reflejada en el repertorio. La mayor parte del concierto estuvo dedicada a su nuevo álbum “Lonely People With Power” (2025). Nueve canciones de ese trabajo ocuparon el centro de la noche y demostraron que el grupo cree firmemente en su presente. No hay necesidad de refugiarse en el pasado, aunque hubo espacio para momentos que conectaron con él, pero tan solo sonaron “Sunbather”, “Dream House” y una absolutamente tremenda “Brought To The Water”, que fueron recibidas con total euforia, aunque la respuesta ante su nuevo cancionero –por ejemplo con “Winona” o “Magnolia”– no fue precisamente tibia.

El traslado del concierto desde La (2) de Apolo a la sala grande, que además se llenó, confirmó lo que muchos intuían. Deafheaven ya no es una banda de culto restringida a un nicho concreto. Su público es cada vez más amplio y diverso, y lo mejor es que este crecimiento no se ha producido a costa de perder la conexión con sus seguidores más antiguos.

El cantante George Clarke volvió a ser el epicentro emocional. Su presencia escénica está creciendo de manera exponencial. Se mueve con una mezcla de intensidad, control y entrega que mantiene al público en un estado de atención absoluta. Su rango vocal continúa ampliándose. Domina con la misma naturalidad los registros más desgarrados que recuerdan sus raíces y las partes melódicas que se han convertido en un sello de esta etapa. La tensión y la intensidad de Deafheaven no baja ni un solo instante y se agradece que la banda se retire poco antes de la hora de concierto para que todos, ellos y nosotros, respiremos un poco y afrontemos la media hora de bis final con las mismas ganas y frescura del inicio.

No apto para débiles. Foto: Sergi Paramès
No apto para débiles. Foto: Sergi Paramès

Pero, ojo, Deafheaven no es solo George Clarke. El resto de la banda rinde al mismo nivel. El guitarrista Kerry McKoy, fundador del grupo junto con Clarke, sigue dirigiendo el cotarro a base de riffs impenetrables y arpegios cristalinos cuando son necesarios, y la base rítmica –formada por Chris Johnson (bajo) y Daniel Tracy (batería); vaya exhibición, señores– no deja espacio para debilidades. Hay una solidez que solo se alcanza cuando se ha compartido una década entera de escenarios y viajes.

Salir de Apolo con la sensación de que nadie había quedado decepcionado es algo que hoy tiene un valor enorme. En un tiempo en el que el público es cada vez más heterogéneo y en el que las expectativas cambian según la procedencia musical de cada asistente, lograr esa unanimidad sincera se convierte en un pequeño milagro. Deafheaven está en el mejor momento de su carrera y cuesta imaginar un futuro que no sea el de seguir creciendo. Su propuesta se ha convertido en un lugar donde confluyen oyentes que en principio no tendrían por qué encontrarse. Ese es uno de sus mayores logros y también una señal clara de que todavía queda mucho camino por recorrer.

Disfrutar de una exhibición de ese calibre hizo que apenas nos acordáramos de las dos bandas que abrieron la noche. El shoegaze de Zeruel fue más voluntarioso que efectivo, y aunque la propuesta de Portrayal Of Guilt tuviese sus momentos a base de mezclar black metal con dejes grind y crust, todavía anda muy lejos de lo que el cabeza de cartel ofreció en su turno. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados