Euforia chilena. Foto: Isidora Blanco
Euforia chilena. Foto: Isidora Blanco

Entrevista

Las necesidades espirituales de Candelabro

Se conocieron por internet y decidieron ser una banda de siete cuando todo indicaba que lo sostenible y lógico era lo contrario. Con el álbum “Deseo, carne y voluntad”, Candelabro lleva una temporada creando euforia entre el público en cada uno de sus conciertos por Chile y otros países de Latinoamérica. Esta semana empiezan gira por España: tocarán en Zaragoza (24 mayo), Murcia (26), Valencia (27), San Sebastián (28), A Coruña (29), Lugo (30) y Madrid (31), además de actuar el 2 de junio en el ciclo Primavera a la Ciutat de Barcelona.

“La bandera de Chile escapa a la calle y jura volver / hasta la muerte de su muerte”, se oye al final de “Las copas”, la canción que abre “Deseo, carne y voluntad” (Registro Móvil-Sonido Muchacho, 2025), el segundo disco de Candelabro, definido como uno de los mejores del año pasado en Chile. La voz que pronuncia esas palabras es la de la autora de las mismas, la poeta Elvira Hernández. Pero ella no está sola aquí. A lo largo del álbum aparecen otras referencias algo más contemporáneas a ella que a los siete integrantes del grupo que están viviendo su veintena, como Armando Uribe, Gabriela Mistral y Humberto Maturana.

Y si rastreamos influencias musicales, al mismo tiempo que es posible nombrar a Black Country, New Road o black midi, también se puede hacer con leyendas locales como Fulano, Congreso e incluso Los Jaivas. Tres de los siete integrantes de Candelabro –Matías Ávila (guitarra), Javiera Donoso (voz) y Luis Ayala (guitarra); el grupo lo completan Carlos Muñoz (bajo), Franco Arriagada (batería), Nahuel Alavia (saxo) y María Lobos (saxo y teclados)– hablan en esta entrevista (con una claridad poco común en estos tiempos) sobre las preguntas existenciales que atraviesan su música, la identidad chilena como laberinto en permanente construcción, y sobre si acaso es posible, desde el fracaso y la duda, levantarse a construir algo mejor.

“Prisión de carne”, vídeo dirigido por Germán Antonio Pavez Onetto.

Desde la primera vez que escuché “Deseo, carne y voluntad” no pude evitar pensar que quizá recogieron una tradición en la línea de bandas como Fulano y Congreso, pero sin hacer un ejercicio de estilo. Un pie en el pasado y en el presente.

Luis: Bueno, yo creo que la música de nuestros contemporáneos de fuera estamos más o menos condicionados a escucharla, porque a todos nos gusta la música y nos gusta estar al día, al menos a nosotros tres en particular nos gusta estar actualizados.

Javiera: Sí, porque, por ejemplo, Carlitos ahí está…

Luis: Desactualizado.

Javiera: Está estancado en una burbuja de tiempo.

Luis: Y geográfica. Solo escucha música centroamericana.

Javiera: Y Franco también…

Luis: Es full latino. Pero también a Franco le gusta mucho el jazz. El otro día traté de recomendarle un disco de jazz un poco más contemporáneo y no le gustó, decía así como “si quiero escuchar jazz, escucho como el bueno”. Entonces, hay dos subgrupos de Candelabro que están más ligados a la música más tradicional, digamos. Además, yo estudié Letras y leí un texto de Ángel Rama que se llama “Los procesos de transculturación en América Latina”, que es básicamente una especie de método para encontrar una identidad latinoamericana. Y él dice que lo que hay que hacer es absorber las formas foráneas, es decir: tanto la forma que tenían en ese tiempo de escribir los franceses –que acá puede aplicar como a la forma que tienen de tocar los gringos o de hacer uso de ciertos recursos, por ejemplo, y mezclarlo con la materia local– como las cosas que nosotros vivimos, qué vemos, qué leemos. Y de esta mixtura sale un nuevo material que es distinto al gringo y es distinto al local. Y así se refresca la materia. Siento que eso siempre ha sido muy importante. Y ese junte no es algo que sea forzado, sino que naturalmente se da, porque ellos escuchan música más latinoamericana y nosotros tenemos influencias un poquito más gringas, aunque ni tanto tampoco, porque nos gusta mucho escuchar música chilena sobre todo. Y yo creo que por eso Candelabro como proyecto es interesante, porque dialoga bien con las cosas de afuera y dialoga bien con las cosas de acá. Es un punto medio bien interesante.

¿Creen que este es un disco que no se podría haber hecho en otro lugar? El hecho de que decidieran incluir referencias como Elvira Hernández o Armando Uribe es una decisión de poner en tensión la identidad chilena, me parece evidente.

Matías: Sí, bueno, pasan varias cosas en realidad. Cuando empecé a componer este disco estaba en tercer año de pedagogía musical. Y tenemos una clase que se llama Cultura Tradicional Oral e Historia de la Música Popular Chilena. Ambos ramos son fundamentales en cuanto a aprender a ocupar afinaciones traspuestas, que son como afinaciones que se presentan en el mundo chileno, sobre todo rural. Es el canto a lo humano y a lo divino y el canto al poeta. Y también me enseñaron a tocar guitarrón chileno. Tuve la suerte de aprender un par de digitaciones y entender un poco cómo funciona. Y para mí todo cambia en la canción “Piano a piano”, que es del disco anterior. Es una canción que hice en una afinación traspuesta, que es la misma de “Dónde estás prenda querida”, que está reversionada por Violeta Parra. Entonces, cuando llegué ahí me dieron ganas de seguir probando y probando. Yo era muy reacio a la música más tradicional, a nivel más de fusión. Me refiero a Congreso, Fulano, Santiago del Nuevo Extremo. Era muy esquivo, no me hallaba ahí, soy más de Los Prisioneros…

“Estaba en tercer año de pedagogía musical. Y tenemos una clase que se llama Cultura Tradicional Oral e Historia de la Música Popular Chilena. Ambos ramos son fundamentales en cuanto a aprender a ocupar afinaciones traspuestas, que son como afinaciones que se presentan en el mundo chileno, sobre todo rural. Es el canto a lo humano y a lo divino y el canto al poeta”

Matías Ávila

Un poco de los odiadores de todo eso.

Matías: Claro, exactamente. Y precisamente por eso me distanciaba un poco, porque creo que había un poco de ese gonzalismo juvenil impregnado en mí. De repente, un día fue el baterista de Santiago del Nuevo Extremo a hablar una clase de música popular. Y ahí se me rompió un poco el cascarón. Empecé a buscar y de repente me encontré con música que de verdad me empezó a impactar desde muchos lados. Justo entre medio de eso, estaba viviendo con el papá de la Javi. Esto fue en mayo del 2024, me había tratado de independizar. Y un día, después de una tocata, recibí una llamada de mi mamá. Tuve que ir a la casa y me informa que mi papá había sido diagnosticado de cáncer de estómago. Entonces, volví a la casa, estuve con mi papá mucho tiempo, acompañándolo en este proceso de la quimio y todo, fue una cosa superdolorosa. Se me empezaron a mezclar las cosas. Me acuerdo que me pegó mucho una canción de Santiago del Nuevo Extremo que se llama “Himno para creer”, que yo siempre se la mostraba a la banda y les decía: “Acá hay algo”. Y entre medio, redescubrí a Jorge González, porque me entraba en tensión con este repertorio nuevo. Llegué al disco “El futuro se fue”, que es donde yo siento que González un poco se dice a sí mismo: “Voy a agarrar una guitarra, voy a ponerme a cantar de cosas más existenciales, voy a ponerme a jugar con afinaciones”. Como si esta capa que él se había puesto la quemara, la destruyera, para volver a reinventarse en ese disco. Creo que ahora es la parte del González que más me gusta, finalmente. Sin dejar de lado la otra, que me parece fundamental y necesaria para el país, me hace más sentido la otra.

Ahí empiezan a salir todas estas dudas más del por qué, ¿no? Por qué una enfermedad, por qué esta tragedia. Y ahí se atraviesa la poesía también. Yo la verdad es que no soy un lector, digamos, comprometido. Al contrario, me gusta mucho la lectura más esporádica, más casual. Ya me gustaba mucho Nicanor Parra, pero me pillé con Armando Uribe y me atrapó. Me resonaba mucho con la formación católica que yo tuve. Y sobre todo por esto de la duda, de por qué Dios nos trae este castigo a mí y a mi familia. Un día recuerdo haberle dicho al grupo que quería hacer un disco sobre esto. Me miraron un poco escépticos, pero también confiando en ver cómo esto se transformaba. Me acuerdo que Elvira Hernández fue la última autora que incluimos y que la conocí gracias a Isidora Romero, que también tiene un proyecto de música que se llama Cuchitamon. Hay gente que se ha dado el tiempo de buscar de dónde vienen los samples y de conectarlos con lo que se dice, de cómo se dice. Siento que fue una vuelta interesante la que le dimos, que contribuyó mucho a la narrativa del disco.

Javiera: Algo que de cierta forma aprendimos de bandas más antiguas como Congreso, Fulano o Santiago del Nuevo Extremo es este lenguaje mucho más poético y, a ratos, un poco inentendible por lo poco literal que puede llegar a ser. Pero también hay otros autores que son un poco más literales, como Jorge González, que en algún momento no conectaba con todo eso por lo mismo, por la falta de claridad en la entrega de un mensaje. Pero creo que fue importante el tomar las sonoridades de discos como Fulano o como “Pájaros de arcilla” de Congreso, por ejemplo, que uno los escucha y por alguna razón siente que se sienten muy chilenos.

Luis Ayala, Franco Arriagada, Javiera Donoso, Matías Ávila, María Lobos, Carlos Muñoz y Nahuel Alavari. Foto: Isidora Blanco
Luis Ayala, Franco Arriagada, Javiera Donoso, Matías Ávila, María Lobos, Carlos Muñoz y Nahuel Alavari. Foto: Isidora Blanco

Aunque uno no sabe muy bien qué es lo chileno.

Javiera: Sí, ese es el tema, que hay una construcción de la identidad que se ha ido perdiendo desde la dictadura, en realidad. Hay mucho recelo hacia lo mismo chileno, a llamarse patriota, a hablar de la patria, sobre todo en nuestra generación. El uso de los símbolos patrios siempre se liga a los lados más conservadores. Al final, en todo este viaje de hacer el disco, personalmente, siento que uno se rencuentra un poco con el país en general. También con la idea de una crisis de la identidad nacional que no hemos sabido cómo poner ni en la música ni en el arte. En ese sentido hay una pérdida ahí.

Luis: Yo siento que va en alza la atención a la música chilena. Creo que las bandas chilenas están tratando de tomar cosas de afuera y transformarlas. Es como cuando le das la pastilla envuelta en un jamón a tu perro: mira, aquí está esta sonoridad que te gusta mucho, pero en verdad no somos gringos, somos chilenos.

¿Cuáles son los mensajes de esos poetas y ese científico que les ayudan a ustedes también a construir este universo en este disco?

Matías: Creo que están todos tratando de enhebrar una respuesta para la misma pregunta que nosotros, que al final es qué es ser chileno, que es algo que cambia y que sentimos un eco en sus propias preguntas respecto a las nuestras. Es como un laberinto sin salida, algo que se está construyendo y reconstruyendo de forma permanente.

Luis: Siento que dimos con una idea importante: no hay que apuntar tanto a presentar qué es lo chileno, porque la identidad de los pueblos latinoamericanos nunca ha sido tan concreta. Hay un pintor brasileño que a mí me gusta mucho, se llama Nuno Ramos. Él toma todas las cosas que encuentra tiradas en la favela –ropa, latas, basura, cajas– y las pega en un soporte enorme. Cuando uno trata de poner el foco en algo, ve solo basura. Y siento que eso es un poco la identidad latinoamericana, no es un paisaje. Son capas de muchas cosas.

“La identidad de los pueblos latinoamericanos nunca ha sido tan concreta. Hay un pintor brasileño que a mí me gusta mucho, se llama Nuno Ramos. Él toma todas las cosas que encuentra tiradas en la favela –ropa, latas, basura, cajas– y las pega en un soporte enorme. Cuando uno trata de poner el foco en algo, ve solo basura”

Luis Ayala

Publicaron su disco y luego salió “LUX” de Rosalía y había gente criticando que los artistas estuvieran entrando en la ola conservadora, mientras que otros pensaban que era positivo escuchar a artistas pensando en la espiritualidad de otras formas ¿Dónde se paran ustedes?

Luis: El disco de Candelabro es una constante finta. Te estamos mostrando esto, pero en verdad estamos diciendo algo que está aquí atrás. Siento que la espiritualidad es un poco lo mismo, porque uno como latinoamericano está muy ligado a la iglesia, vas caminando por la calle y ves gente predicando en una plaza. Es algo de lo que no te puedes sustraer porque está en tu contexto. A mí me gusta pensar que hablar de la espiritualidad es un primer acercamiento hacia algo un poco más abstracto o algo más existencial que espiritual, pero que se ve reflejado en esto.

¿Cómo se dan cuenta de que no están replicando, sino que están intentando disputar?

Matías: Soy una persona católica, soy una persona cristiana. Entro en conflicto porque, por cierto, el catolicismo en Chile y en el mundo tiene una historia muy complicada, al igual que muchas otras religiones. ¿Cómo entra uno a creer en algo con lo que tiene tanto conflicto? Para mí la respuesta es reflexionando críticamente en torno a ello. Y lo que decía Luis, que la vida espiritual también está en lo cotidiano, en ver una película, en juntarte con tu familia, juntarte con tus amigos, en decir te quiero, en decir te amo, en decir me quiero, me amo, en perdonar, en perdonarse. Siento que ahí también hay una vuelta a la que el disco apunta con la frase de cierre, que a mí me parece la más importante, uno es quien pregunta y también es uno quien responde a sus propias necesidades espirituales. El disco, de alguna u otra forma, se posiciona desde ese lado. Hay una ola de neoconservadurismo evidente a nivel global. Chile no está exento de aquello. Y nosotros nos anteponemos a eso diciendo que la bandera, el escudo, los símbolos, también son nuestros, porque nosotros también somos chilenos, también nos pertenecen y, por tanto, Cristo, Dios, la Iglesia, de alguna forma también nos pertenece. O sea, no nos hicieron vivir con eso toda nuestra vida para dejarlo tirado sin dar al menos una pelea cultural.

En “Fracaso” dicen: “Habrá que levantarse a construir algo mejor”. Me parece una frase importante en un contexto en que muchas de las ideas de futuro que provienen de la cultura y la política son oscuras y poco esperanzadoras. ¿Qué piensan del futuro?

Javiera: Mi respuesta será muy personal. Nosotros, la mayoría, somos clase media y nuestros papás vienen de clases medias bajas, endeudadas. Mis viejos venían de pobreza extrema, en realidad. Y salieron adelante con todo en contra. Siento que me criaron con esa mentalidad. Que, independiente de lo que pase, siempre va a haber algo que hacer. Veo gente de mi generación que es muy rendida, desafectada del mundo, pero todos tuvieron padres que se esforzaron para estar donde están. Hay una lucha que ya dio alguien que ya corrió antes que tú y no se terminó el mundo. Cuando nuestros papás eran chicos, también se iba a terminar el mundo con las guerras y con las bombas. Y en ese sentido, uno no puede rendirse tan fácil.

Luis: A mí siempre me ha parecido mucho más interesante dar la pelea. ∎

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