En la suite del lujoso hotel que acogerá nuestro encuentro con Lila Downs se impone una estudiada neutralidad de líneas y colores, un consenso de pulcritud y funcionalidad fabricadas en serie para conjurar la temida amenaza de la diferencia. Cuando la cantante, compositora y activista mexicana traspasa el soleado umbral de la estancia envuelta en su vestido fucsia –estamos a mediados de junio y Madrid, cada vez más desnudo de arboleda en sus plazas, nos cocina a fuego alto–, el espacio se refresca con una poderosa carga de iones negativos que pone en evidencia al aire acondicionado y su triste runrún.
Downs ha venido a España para hablar de su nuevo álbum en estudio, “Cambias mi mundo” (Sony, 2026), que va a presentar este mes de julio en el Festival d’Estiu de Tarragona (18), el festival La Mar de Músicas de Cartagena (20), el ciclo Veranos de la Villa de Madrid (22) y el festival Orballo Cultura de Santiago de Compostela (24). Pero la conversación da para mucho más. Dice sentirse bendecida por España desde siempre y celebra –como abanderada de los sonidos regionales de su país a lo largo de los tres últimos decenios– que artistas como Bad Bunny hayan completado un giro hacia su propia tradición musical multiplicando su alcance entre el gran público. Para Rosalía también tiene halagos: “Ella ha retomado la raíz de otra forma, no ha tenido que ser flamenca para poder hacer flamenco. Ya vamos abriéndonos a ello y a mirar hacia la importancia de nuestra raíz y de nuestra identidad. Como artista creo que es muy privilegiada. Me encanta su timbre de voz, que es muy agudo, y su manera de cantar con mucho aire, y suave. Eso es tan diferente para el flamenco… Y ella se pone en el Logic, se pone a trabajar sus ‘loops’ y sus rollos en la ‘compu’. Y eso es bien lindo verlo. Como mujer, me encanta”.
Pero, como decíamos, la excusa para entablar conversación con la de Oaxaca, que en septiembre cumplirá 58 años, es el álbum recién publicado que engrosa una discografía muy amplia, en la que encontramos cancioneros impelidos por la tragedia migratoria que no cesa como “Border. La línea” (Narada World, 2001), trabajos de catarsis etílica en clave ranchera como “La cantina. Entre copa y copa…” (Narada World, 2006), ejemplares ejercicios de sincretismo con colaboraciones de postín como “Ojo de culebra” (Manhattan, 2008), directos cañón como “Lila Downs y la Misteriosa en Paris. Live à FIP” (World Village, 2010) y discos de latido panamericano tan redondos como “Balas y chocolate” (Sony, 2015).
Así, “Cambias mi mundo” se integra en el conjunto de esta obra sin holgura, ampliando el protagonismo compositivo de la artista y marcando distancias formales y también anímicas con respecto a su anterior entrega, “La Sánchez” (Sony, 2023). Esto es lo que más sorprende de entrada, cuando abordamos unas primeras escuchas que terminan convirtiéndose en muchas más.
Cada vez es menos prioritaria la educación en España, por desgracia.
Y en mi país hay un problema muy grande, y es que los sindicatos se volvieron tan poderosos que ejercen una especie de mafia y no hay cambios en la educación, cambios positivos. Y yo creo que eso también sucede a nivel internacional, que está pasando.
Cuando dices sindicatos, ¿a qué te refieres exactamente?
A los sindicatos de maestros. Sí, sí. A ver si no me matan al llegar al aeropuerto (se ríe fuerte). Pero, bueno, así de peligrosos están, no puedes decir nada en contra de ellos porque te aterrorizan.
Has mencionado al narco y ese supuesto atractivo que puede tener para muchas personas jóvenes. Al hilo de esto, ¿qué percepción tienes de un fenómeno como el del regional mexicano?
Pues al principio recuerdo que estaba muy contenta. Pero esto no es nuevo para nosotros, ni en México ni en ningún lugar, porque creo que la fantasía sobre la violencia y la vida del peligro es algo que nos atrae a todos, un poco la historia del rock es así, ¿no? Peso Pluma cargaba con todo eso: ese peligro, esos tratos con esos personajes de la frontera. Pero es algo que sucede hace sesenta años, antes de Los Tigres del Norte ya había estos corridos que hablaban del narco y de las mujeres poderosas en el narco. Ahora lo que está lindo para la música y para nuestra identidad mexicana es que se tomen en cuenta géneros musicales que son tan distantes al rock o tan distantes al reguetón, que tienen otro lenguaje completamente distinto y quizá más acentuado en la antigüedad, en la polca, en música en tempo de tres cuartos y seis octavos. Y eso fue refrescante. A mí me encantó cuando vi esa popularidad de México. Pero el mensaje de esas canciones, pues yo creo que ya de pronto terminó, ¿no? O sea, se escucha un poco en México, pero ya no lo oyes con tanta pasión como fue en otro momento. Pero influyó a nivel grande, a nivel de todo, fue una influencia importante y ahora surge un movimiento fuerte de música de México y de Latinoamérica influenciado por esto que pasó.
Porque lo de vivir sin creer está complicado para ti…
Pues sí. Exacto, sí, sí, sí. Sí, eso le enseño a mis hijos porque ya viven otra etapa de las iglesias. Vamos a veces a la iglesia. En México ya somos muy laicos. Mi madre todavía dice: “Vamos a la misa, Lila”. Pero ya nunca vamos. Un poco como aquí y como en todas partes del mundo, creo. Pero cuando es necesario sí nos acercamos y tenemos respeto y humildad ante algo más grande que nosotros. Eso trato de enseñarle a mis hijos, que tengan esa esa humildad. Creo que es importante.
“La pochota” pertenece a un género que se llama chilena costeña, que tiene ese componente rítmico ternario del que hablabas antes. En ella haces referencia a un árbol que tiene un punto sagrado, que da frutos parecidos al algodón pero que también tiene espinas. Hay una dualidad que se puede llevar perfectamente al asunto de las relaciones y cómo son capaces de curar pero también de hacer pupa. No sé si iban por ahí los tiros con esta canción.
Sí, sí, porque esta es una planta, un árbol, muy sensual. El macho tiene muchas espinas y es más delgado su tronco, mientras el tronco de la hembra es panzón y tiene menos espinas. Al género de la chilena costeña lo llamamos así por los chilenos y afroperuanos que llegaron a la costa de Oaxaca, que venían por la fiebre del oro de California y se mezclaron con la etnia mía, los mixtecos. Crearon este estilo de música que también se toca con el cajón, como hacen los peruanos. Tenemos un guitarrista peruano en la banda y le pedí que en esta canción –en la cual él colaboró en la composición– hiciéramos un bordeo, que es esta figura que él hace con el bajo de la guitarra en la que yo aviento una nota que dura medio minuto o más. Y fue muy divertido volver a esa raíz, porque no lo acostumbramos a hacer en la chilena de Oaxaca. La chilena de Oaxaca lleva más metales y se baila, eso sí. Siempre se baila y se echan unos versos ahí, groseros, sobre la sexualidad.
“Tumba 7” es una de las canciones que más me ha llamado la atención. Tiene un punto cumbiero, un arreglo que mira a oriente y una pizca de ritmo jamaicano. Es una canción misteriosa que, por lo que he visto, tiene que ver con el yacimiento arqueológico de Monte Albán, cercano a Oaxaca. ¿Por qué has querido poner todo eso en una canción, todas estas referencias de tu entorno?
En parte porque en mi pueblo, en mi ciudad que es Oaxaca, tengo algunos amigos poetas, intelectuales, pintores y también amigos que tienen hoteles o negocios en el centro. Discutíamos sobre Oaxaca y cómo va Oaxaca y ellos me decían: “Bueno, es que la mancha urbana está tragándose el sitio arqueológico”. Entonces yo me empecé a preocupar y dije: “Hay que hacer algo, tengo que hacer una canción”. Soy cantautora, me toca hacer una canción y hablar del tema, ponerlo en la mesa para el debate. Es lo mejor que se puede hacer con un tema complicado como es la herencia y el legado, porque es patrimonio cultural de la humanidad el sitio arqueológico. Tengo una amiga arqueóloga que fue directora de ese sitio, fuimos a presidencia de la nación y hablamos por Monte Albán y nos están atendiendo, así que la canción ya tuvo su función práctica. Aún no llega la ley, todavía no se cambia para que tengamos una protección extraordinaria sobre nuestro sitio, pero según tengo entendido esto está pasando en todas partes del mundo también. Quise hacerlo y la canción salió muy sensual, muy para bailar y, bueno, estoy contenta porque, si no, sería muy aburrido lo de hablar de un sitio arqueológico en una canción.
Lo bueno de las canciones populares es que en ellas, con un poco de arte y de gracia que se tenga, puede caber todo.
Así es… Y es bien lindo, ¿no?
Sí, esa ausencia de reglas en un mundo tan cuadriculado es un alivio para quien las hace y para quien las escucha. También te quería preguntar por “Amo-Te”, una canción melancólica cuyo mensaje final es que la vida está ahí para que amemos con lo bueno y con lo malo, porque es lo que hay. ¿Esa conclusión es reciente o siempre ha estado en tu cabeza?
Qué buena pregunta, porque sí, siempre estuvo ahí, creo que desde que conocí a Elis Regina y me enamoré de la bossa nova y de esa tristeza y melancolía profunda que tienen los brasileros y también en Portugal. Creo que los portugueses peor (se carcajea). Y, bueno, conocí a este portugués y efectivamente tenía y tiene, yo creo, porque ya me distancié y no sé qué pasa con él… Pero en ese momento que nos conocimos había una melancolía y una terquedad (ríe)… Y creo que eso quise plasmarlo, porque hacía mucho que no lo había podido hacer y que lo quería hacer, plasmar ese momento del amor.
¿Te refieres a Iván Días?
Me refiero a Iván Días (vuelve a reír).
Vale, es para aclarar por qué has dicho “este portugués”. Más que nada para que nuestros lectores sepan que con él, que es productor de cine, tuviste una relación.
En la familia ya no podemos decir el nombre (sigue riendo).
Y por eso la canción tiene ese elemento de saudade y la guitarra portuguesa.
Sí, está Bernardo Couto tocando ahí. Toca precioso.
“Tu falso amor” es una canción de reproche que contrasta con el tono general del álbum. De repente se pregunta uno qué ha pasado aquí. No sé si es un recordatorio que te quisiste hacer para que eso siempre esté presente, aunque sea por lo bajini, porque no empaña la luz general que tiene el disco, que es mucha.
La verdad es la canción más divertida del disco. Y también de los shows. A la gente le encanta. Creo que estamos viviendo en épocas de falsos amores. Es curioso eso, ¿eh? Nunca lo había escuchado tanto, pero lo he oído mucho en diferentes generaciones. No sé, estamos en épocas de rehacer lo que significa el amor. Definitivamente es un disco de mucho amor y es ahí donde llega el desamor.
“Mal de amores” sorprende con ese toque de jazz gitano. ¿Esa fascinación por el rollo manouche viene de lejos?
Está ahí desde hace mucho y me encanta. La primera vez que fui a Francia me invitaron a colaborar con Didier Lockwood. Estuve en una ópera, me invitaron a hacer una colaboración entre Veracruz y Francia en un lugar en el sur de Francia y fue mi primera experiencia con esto, y me encanta, es algo tan bello. Me acuerdo de la película “Las trillizas de Belleville” y su belleza de música también. Es Django Reinhardt, ¿no? Django es la ley. ∎