Aunque inicialmente se resistió a cantar sus propias canciones y fueron Massiel, Mari Trini y Rosa León quienes triunfaron primero con sus composiciones, Luis Eduardo Aute terminó cediendo a la insistencia de RCA y firmó un contrato para grabar varios singles y dos álbumes: “Diálogos de Rodrigo y Jimena” (RCA Victor, 1967) y “24 canciones breves” (RCA Victor, 1968). No eran sus mejores composiciones, él llegó a afirmar que “se deberían haber tirado”: estas llegarían después, a partir de 1972. Prendado de la chanson francesa (la de Georges Brassens, Georges Moustaki y Jacques Brel) y latinoamericana (Atahualpa Yupanqui y la nueva trova cubana), inició una trayectoria de éxito que se prolongó dos décadas… y siguió dando coletazos de genio, sin el mismo resultado comercial, durante quince años más.