Fue un concierto con tropezones de garganta.
Marianne Faithfull no llegó a Madrid en buenas condiciones vocales. Además, Barry Reynolds, su fiel escudero en la guitarra, estaba ingresado en el hospital. Pocos días antes, Reynolds tuvo que abandonar a la cuarta canción el concierto en The Pigalle (Londres) por temor a desmayarse. En el
show de Madrid no hubo mucho rock’n’roll, pero sí fue rock’n’roll. No creo que existan muchos más estilos donde el cantante pueda toser tres veces en una pieza y que esta no sufra demasiado.
A ratos, Faithfull estuvo majestuosa, especialmente en “Vagabond Ways” y “Something Better” (la canción que interpretaba en el “Rock And Roll Circus” de The Rolling Stones). “Broken English” –lo más rockero– alcanzó bastante intensidad. Las canciones escritas por PJ Harvey (“No Child Of Mine”) y Nick Cave (“Crazy Love”) encajan perfectamente entre lo mejor de su repertorio. “As Tears Go By” sigue siendo una cumbre pop: tres estrofas que puedes escuchar quinientas veces y siempre suenan sustanciosas.
Cerraba el programa con “Don’t Forget Me” de Harry Nilsson, una de las piezas que interpretaba en su primera gira, cuando arrasaba en Inglaterra como estrella pop adolescente. La artista no estaba para muchos trotes y suprimió “The Ballad Of Lucy Jordan” de los bises (al menos, la llevaba apuntada en el
setlist). Fue una pena que dejase en el tintero “Last Song”, esa maravilla que le compuso Damon Albarn, luego recuperada por este para el disco de The Good, The Bad & The Queen (rebautizada como “Green Fields”).
La gira se titulaba “Canciones de inocencia y experiencia”. No creo que encuentre un resumen mejor para lo que ofrece. Al terminar el concierto se divisaba entre el público a gente tan dispar como el comentarista de la prensa rosa Carlos Ferrando y el filósofo apocalíptico y criptoderechista Gabriel Albiac. El poder de seducción de Marianne Faithfull sigue siendo un misterio. ∎