Málaga en clave pop. Foto: Noemí Botella González
Málaga en clave pop. Foto: Noemí Botella González

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Monte Ventura: el sur también persiste

El supergrupo malagueño Monte Ventura debuta en formato largo con El Genio Equivocado, en clave pop orquestal de raíces y folclore en vena. “A tiempo de nada”, su primer LP después de varios EPs donde han ido configurando alineación y aleación de sonidos, asoma la patita con canciones tan rotundas como “La imagen absoluta”.

David Verge (voz, guitarra y composición) y Ernesto García (bajo) se juntaron para fundar Monte Ventura en Málaga hace siete años. A ellos se sumaron, hasta cerrar la alineación actual, la cantante y teclista Saray Botella (ex de Hazte Lapón, también en Pequeño Mal), el batería Perico Miñana y el guitarrista Juan Ortega. Estos dos últimos habían pasado por otra banda que llamó la atención en el circuito pop nacional: Arista Fiera. Después de publicar los EPs “Monte Ventura” (Autoeditado 2019), “Patmos” (Lunar, 2020; donde se encuentra la deliciosa “Rumbita de los suicidas”) y “Tres finales” (Lunar, 2023), la banda se ha estrenado en formato largo a las puertas de la primavera de 2026. “A tiempo de nada” es su primer álbum con el sello barcelonés El Genio Equivocado.

David Verge venía de cultivar, allá por 2011, un muy interesante proyecto con nombre propio, Verge, arropado por jóvenes veteranos de la escena malagueña como Miguel Rueda o miembros de Notes To Myself. Pero este es otro capítulo. Ahora lidera una banda, pese a que hace apenas tres años no tuviera muy clara la cosa tras la publicación de “Tres finales”: “Se llamó así porque no sabía si lograría que el grupo continuara”, reconoce. Completar una formación puede ser un suplicio, y los últimos años tampoco han ayudado precisamente: En 2019 había otros miembros en el grupo, sacamos un primer EP autoeditado, al año siguiente sacamos ‘Patmos’ con Lunar y llegó la pandemia. Las vidas de todos se congelaron, yo fui padre en una realidad extraña, viví unas cuantas mudanzas, estudié oposiciones… Una isla ordinaria en un mar distópico. Y todo eso ha demorado el disco, claro”. En 2023, después de las deserciones de rigor, solo quedaron David y Ernesto, “así que le suplicamos a Saray Botella que se integrara en la banda. Tras hacerse la interesante un período relativamente corto de tiempo, aceptó”. Botella ha sido proverbial: ha terminado montando medio grupo, generando otras conexiones.

Pedro Miñana, Saray Botella, Ernesto García, David Verge y Juan Ortega. Foto: Noemí Botella González
Pedro Miñana, Saray Botella, Ernesto García, David Verge y Juan Ortega. Foto: Noemí Botella González

El fichaje con El Genio Equivocado tuvo que ser un potente revulsivo para ir modelando canciones, publicar sucesivos singles de adelanto y, por fin, el LP. Grabado en Green Cross Studio (Málaga) y producido por Caballo Grande en Barcelona, el disco respira pop en natural convivencia con cuerdas, trompetas, distorsión, electrónica y folclore sin ser un disco de folk, que no lo es. Este último punto, la querencia folclórica en clave pop, viene produciéndose desde las primerísimas entregas de Monte Ventura: “Plañidera” o “Humillación & Estrella”, esta última referencia para muy malaguitas, al igual que “El Palacio de la Tinta”. Para los arreglos, que le han dado el empaque definitivo a los once cortes del disco, han contado con gente como Cristian Pallejà, Ferran Resines y Joan Gerard Torredeflot. Esto es, perdonen que insista, un disco de pop: ahí está la planetera “Volverte a ver”, que viene con vídeo de otro artista acoplado en tierra sureña, César Tezeta, a modo de collage dinámico. Las colaboraciones no acaban ahí, también hay aportaciones de Carlos Ynduráin de Los Lagos de Hinault, Mané de Buenatarde o Atilio González y Elia Maqueda de Ruiseñora.

Ruiseñora realizan, de hecho, una aportación inspiradísima en el que fue último adelanto del disco, “La imagen absoluta”, compuesta al alimón entre Verge y González y producida por el segundo, con un punto de rotura electrónica que coloca la canción a otro nivel.“Él ha sido el responsable de esa deriva más oscura, electrónica y ruidosa”. No es ese el tono general del álbum, que, entre otros aciertos, insiste en la impronta popular, con una rumba preciosista como “En cuanto al futuro”, donde las cuerdas se juntan con las palmas, ahondando en una nostalgia que de alguna manera está presente en todo este trabajo. Un viaje de alforjas cargadas con guitarras distorsionadas y acústicas, que son las que marcan el paso cuando es un rollo fronterizo –en “Cae el rayo”, el primer corte– y cuando remiten a sus orígenes sureños en “El sur”, que es muy definitoria de la poética del grupo, una pieza redonda.

Entramado pop con raíces. Foto: Noemí Botella González
Entramado pop con raíces. Foto: Noemí Botella González

¿Se convoca aquí a Scott Walker, Calexico, The Magnetic Fields, Spiritualized o Grupo de Expertos Solynieve? A su manera, claro que sí. Verge se identifica con ese clasicismo pop que de la modernidad ha pasado a la atemporalidad: No soy Rosalía ni lideraré vanguardias, qué le vamos a hacer, me conformo con desear que las canciones que compongo puedan sonar bien en cualquier época, envejeciendo con cierta dignidad, lo mismo que deseo para mí. Esa será nuestra ruina y legado”. Resulta curioso, por otro lado, que describa este primer disco de Monte Ventura como un paradójico canto del cisne, dadas las miserias de la escena musical: “Supongo que quería que estuviera un poquito de todo representado, como en una primera novela cargada de referencias. Si no hay nada más después, será un bonito compendio de presentación y despedida”, concluye.

Pero vamos, que este grupo está muy vivo. Tanto, que cuando pregunto por la identidad sureña –localista incluso– que impregna tanto la música como el arte de sus portadas, el guitarrista y compositor apela al espíritu de los tiempos: “Partir de referencias locales era necesidad en los tiempos del flamenco antiguo, porque el cantaor de un pueblo de la sierra no tenía Ryanair o Airbnb, sus miserias eran otras y estaban en el hambre, la guerra o la muerte de una madre. Hoy es un recurso más, a la hora de escribir sería un hijo bastardo narrativo del ‘piensa global, actúa local’, que además me sirve para unir recuerdos personales con vericuetos poéticos más o menos acertados”. Todo esto sin ser un Alan Lomax de la vida, aclara por si acaso: “Hace unos meses tocamos en un concierto una versión de La Niña de la Puebla, ‘Pena de mi pena’. Pero vaya, que no soy ningún experto arqueólogo del folclore. Por seguir con las referencias de antes, también soy un gran admirador de las letras de Fernando Alfaro o Stephin Merritt. Y si canta Richard Hawley, pues solo queda enamorarse”. ∎

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