Viendo la música pasar. Foto: Alfredo Arias
Viendo la música pasar. Foto: Alfredo Arias

Sintonizando a…

Silvia Grijalba: “Hubo una época en la que mis pósteres eran de Peter Murphy y Miguel Bosé, hasta que me decanté por Peter Murphy”

Escritora de éxito, Silvia Grijalba fue también periodista musical en ‘El Mundo’, además de haber hecho sus pinitos como intérprete de theremín y letrista en varios proyectos musicales junto a personas que han sido sus parejas sentimentales, como por ejemplo Justo Bagüeste, Javier Colis o Julen Palacios. Desde hace ocho años trabaja para el Instituto Cervantes como directora, sucesivamente, de sus sedes de El Cairo, Albuquerque y Hamburgo. Su última novela, “Aquellas noches eternas”, respira música por los cuatro costados.

Aunque nació en Madrid en 1967, Silvia Grijalba es de Torremolinos. Su vida ha estado siempre ligada a la música y puede presumir de ser, junto con Patricia Godes, la periodista musical de prensa escrita más conocida y veterana. Durante 23 años –de 1990 a 2013– fue periodista en ‘El Mundo’ en la sección de cultura, donde era, fundamentalmente, la “crítica musical” del periódico. Ha entrevistado a todo el mundo que puedas imaginar del campo de la música de finales del siglo XX y, poco a poco, fue ampliando su paleta laboral, ejerciendo de DJ hasta que su intensa vocación literaria la hizo debutar como novelista con “Alivio rápido” (Plaza & Janés, 2002), ambientada en el mundo de los festivales indies, en el que Alba, una grupi a la antigua usanza, consigue salir con el cantante de su grupo favorito. También es autora de las biografías de Dire Straits y Depeche Mode publicadas por la editorial La Máscara, y de un libro de conversaciones con Sara Montiel, “Sara y el sexo” (Plaza & Janés, 2003). En su última novela, “Aquellas noches eternas” (Ediciones B, 2025), sigue a Maite, una joven ovetense que llega al Torremolinos de los años setenta y se encuentra con un ambiente cosmopolita y musical insospechado en la España franquista. Tan insospechado como que Silvia llegara a ser telonera de Bunbury en la gira “Radical sonora”, porque nuestra protagonista fue pareja sentimental de Justo Bagüeste, con el que colaboró tocando el theremín en su grupo I.P.D.

Desde 2017 trabaja para el Instituto Cervantes. Ha sido directora de sus sedes en El Cairo y Alejandría, Albuquerque en Nuevo México y, desde el pasado mes de septiembre, en Hamburgo.

Fuiste la crítica musical de ‘El Mundo’ desde su fundación hasta hace unos años.

En la fundación de ‘El Mundo’ el crítico musical era Gernot Dudda, pero después entré yo. Primero hacía de todo un poco, pero después de un año empecé a desempeñar esa labor en el periódico y allí estuve como crítica musical, en plantilla, hasta 2001. Así que hace ya 24 años que no soy crítica musical. Me fui de ‘El Mundo’ para escribir, pero siempre he seguido muy vinculada, colaborando con ellos en otros aspectos, como alguna cosa especial u obituarios. Hacía una sección que se llamaba “Sexo en Madrid”, de relatos relacionados con el sexo, y después estuve colaborando en ‘LOC’, haciendo crítica de televisión y un poco de cotilleo, que es otra cosa que me divierte mucho y que le sorprende mucho a la gente.

¿Empezaste en la revista ‘Boogie’?

Sí, en Madrid comencé en ‘Boogie’, pero yo había empezado en Torremolinos, haciendo un fanzine que se llamaba ‘Imágenes Alteradas’. Debía tener 14 años, más o menos. Luego empecé a colaborar con una revista del País Vasco que se llamaba ‘Ritmo de Rock’, que la hacía Antonio M. Era una especie de fanzine que iba un poco más allá y yo lo leía hasta que un día les escribí y empecé a colaborar para ellos. Después ya llegó ‘Boogie’ y, de ahí, ‘El Mundo’.

“Con 13 o 14 años, me empecé a hacer gótica porque sentía como que no encajaba del todo con las niñas del colegio al que iba, que era del Opus Dei. Y donde vivía, tampoco del todo; tenía una pandilla, pero siempre me sentía un poco fuera de lugar, además de que también era muy tímida. Entonces fue cuando empecé a conocer la música, a Bauhaus, a Joy Division y todos esos grupos”

¿Qué era para ti la música?

Desde el principio, desde que era adolescente, fue una forma de pertenecer a un grupo de gente. En esa época, con 13 o 14 años, me empecé a hacer gótica porque sentía como que no encajaba del todo con las niñas del colegio al que iba, que era del Opus Dei. Y donde vivía, tampoco del todo; tenía una pandilla, pero siempre me sentía un poco fuera de lugar, además de que también era muy tímida. Entonces fue cuando empecé a conocer la música, a Bauhaus, a Joy Division y todos esos grupos, y me di cuenta de que tanto la estética como los grupos me gustaban muchísimo y me parecía que ser distinta… Lo estoy analizando ahora, sobre la marcha… sentía que ser “distinta” me hacía ser muy igual a un grupo pequeño de gente. Un poco después viajé tres veces a estudiar inglés a Inglaterra y empecé a ver ese tipo de gente. Iba a King’s Road y veía gente que me flipaba y empecé a ir a conciertos sin que lo supieran mis padres. Con el dinero que me daban mis padres para comer, yo iba a ver conciertos. Y así fue como descubrí un mundo al que sí que sentía que pertenecía.

No creo que fueras gótica desde los 8 años… ¿Por dónde iban tus primeros recuerdos o gustos musicales?

No, no. Yo recuerdo cosas muy puntuales. Mi padre era supermelómano y una persona a la que también le encantaban los libros. Y además te admiraba mucho. Me acuerdo de que cuando yo todavía no escribía él leía tus cosas y decía: “¡Ay, Lenin!, me encanta, me encanta”. Siempre me acordaré de eso. Mi padre era cubano de orígenes españoles, pero fue a estudiar a Washington y visitó muchos clubes de jazz. Era un poco especial para la gente de su generación y, desde luego, no era normal tener un padre así. En mi casa había discos de Elvis, de Django Reinhardt, que entonces me parecía una cosa rarísima que no me gustaba nada, etc. Los primeros recuerdos que guardo con más cariño son los de ver a mi padre muy emocionado oyendo a Elvis. También recuerdo a mi madre y a mí en una cosa un poco más petarda, bailando las dos el “Limón limonero” del venezolano Henry Stephen y haciendo coreografías. Lo que cuento un poco en la novela que publiqué la pasada primavera, “Aquellas noches eternas”, es que vivir en Torremolinos era muy especial en esa época, los años setenta, porque tenías mucha relación con gente extranjera. Yo tenía un amigo alemán, Lutz Petry (que fue colaborador de Rockdelux a principios de la década de los noventa), que es el que hizo conmigo el fanzine, y fue en su casa donde descubrí a Suzi Quatro, que me pareció una cosa absolutamente reveladora: creo que fue mi primer contacto con el glam rock, con una persona que no sabía si era chico o chica, porque yo debía tener 7 años.

Recuerdos de infancia y adolescencia. Foto: Alfredo Arias
Recuerdos de infancia y adolescencia. Foto: Alfredo Arias

¿Cuándo empezó la música a ser para ti algo más allá del mero entretenimiento y a convertirse en una relación mucho más profunda?

Para mí la música sí era algo muy especial. Pero no me voy a hacer aquí la guay, porque también pasé una adolescencia, entre los 10 y los 13 años, en la que me gustaba Mabel y Miguel Bosé. Yo era muy fan de Miguel Bosé con sus primeros discos. Y luego hubo una época en la que mis pósteres eran de Peter Murphy y Miguel Bosé, hasta que me decanté por Peter Murphy porque era muy seria y muy gótica. Pero tengo todos los discos de Miguel Bosé y me sé todas las canciones, que las puedo tararear perfectamente. Parece que intento vender la novela, pero es que es verdad: en los años setenta y ochenta en Torremolinos recibíamos con más facilidad en los quioscos el ‘New Musical Express’ o el ‘Melody Maker’ ingleses que el ‘Rock Espezial’ (el antecedente directo de Rockdelux) o el ‘Popular 1’. Leíamos las cosas inglesas y teníamos la ventaja de que también venía mucha gente extranjera que traía discos, así que no necesitábamos ni siquiera ir a Londres. Había sitios como el Disney, un bar de Torremolinos con un DJ canadiense mucho mayor que yo, Luis Jansen, que ha muerto recientemente, que fue mi primer amor y que tenía un gusto musical brutal. Yo conocí todos estos grupos gracias a él, porque nos grababa casetes a los que éramos más jóvenes.

¿Qué querías conseguir haciéndote periodista musical? Te confieso que yo quería discos gratis…

Yo creo que, más que discos gratis, lo que quería era entrevistar a mis ídolos. A mí ya me gustaba escribir, pero pensaba que eso me permitiría escribir y fantaseaba con conocer a gente a la que no podía ni imaginar que iba a terminar conociendo. Cuando todavía estábamos en el fanzine ‘Imágenes Alteradas’, en la feria que se celebró en la plaza de toros de Marbella, tocaron New Order y Cabaret Voltaire. Yo fui desde Torremolinos con Luis Jansen, en mi Vespino, y como él tenía pinta de guiri nos colamos en el camerino diciendo que íbamos con el grupo y les hicimos una entrevista. Me pareció algo tan emocionante que cuando tuve que elegir qué carrera estudiar, y estaba pensando hasta entonces en Historia o Sociología, me di cuenta de que el periodismo podía ser una profesión. También influyó que me quería marchar de Málaga y, como en Málaga no había periodismo, decidí irme a estudiar a Madrid. Al llegar a Madrid, entrar en ‘Boogie’, juraría que con una crítica de un disco de Martirio, me dio muchos ánimos.

“En Torremolinos recibíamos con más facilidad en los quioscos el ‘New Musical Express’ o el ‘Melody Maker’ ingleses que el ‘Rock Espezial’ o el ‘Popular 1’. Leíamos las cosas inglesas y teníamos la ventaja de que también venía mucha gente extranjera que traía discos, así que no necesitábamos ni siquiera ir a Londres”

Y de esos ídolos, ¿a quiénes has conocido y quién te ha impresionado más, positiva o negativamente?

Con “conocer” quiero decir “entrevistar”. Pues a Mick Jagger, que no es tan ídolo mío, pero es un superídolo mundial; a David Bowie, a Bryan Ferry, a Dave Gahan, a Peter Murphy, a Richard Butler de The Psychedelic Furs, a Patti Smith… Pero después, haciendo cosas de gestión cultural, a Blixa Bargeld, Alexander Hacke… Me impresionó positivamente, por una cuestión emocional y femenina, David Bowie, por una anécdota que cuento en “Más que famosos. Auge y caída de la fascinación por el rock” (Fundación José Manuel Lara, 2015), un libro en el que cuento anécdotas de mis experiencias en el mundo de la música. Vi el vídeo de “China Girl” antes de haberme dado un beso con alguien y hay una escena en la que él va vestido con un abrigo negro y corriendo hacia la chica china, y se dan un beso y me entró como una cosa por el estómago… Cuando años después fui a entrevistarlo, mientras esperaba le veía venir desde una ventana que tenía delante, con un abrigo negro larguísimo, y pensé que me iba a dar un infarto, pero quería ser profesional. Y fui profesional y él encantador, un tío superinteligente, de esos que te hacen sentir como que estás haciendo una entrevista estupenda, con lo típico de “vamos a seguir diez minutos más” cuando viene el publicista a decirte que ya hay que terminar. El viejo truco. Y también me impresionó, como ultraprofesional de dar todo el rato titulares, Mick Jagger. Es la bomba y se nota que sabe cómo hacerlo. A él me recuerdan mucho en España gente como Loquillo, Bunbury o Alaska, que no los he englobado dentro de mis grandes ídolos, porque mis ídolos de juventud eran los que te he dicho. Pero después sí he admirado a estos tres, mucho.

En tus libros “Alivio rápido” y “Más que famosos”, todo son referencias musicales. ¿Hay más en otros de tus libros?

En casi todos hay alguna referencia musical porque intento definir al personaje con la música que escucha y a mí eso me resulta muy fácil, porque sé qué tipo de música podría escuchar cada uno. Pero quizá donde hay más música es en esta última novela, porque hablo precisamente de los años sesenta y setenta en la Costa del Sol, e incluyo una especie de banda sonora musical en la que aparecen T. Rex, Bowie o Dalida con “Gigi l’amoroso”. Y también aparecen John Lennon, como un cameo de cuando estuvo en 1963 en Torremolinos, que es la razón por la que empiezo en 1963, para poder introducir esa anécdota. Y Brian Epstein, del que hago una especie de cameo extraño, contando cosas que podrían haber pasado y que termina convirtiéndose en un personaje secundario. Hay otra parte en la que uno de los personajes, Roberto, uno de los novios de la protagonista, es el mánager de un grupo español yeyé, que es un trasunto de Los Íberos, y los llamo Los Tartesos. En esta novela hay como un 80% de música, que está siempre muy presente.

De periodista a gestora cultural desde el Instituto Cervantes. Foto: Alfredo Arias
De periodista a gestora cultural desde el Instituto Cervantes. Foto: Alfredo Arias

¿Cuándo decidiste convertirte también en música? ¿Y por qué con el theremín como instrumento?

Fue en una época en la que empecé a colaborar con Justo Bagüeste y con Andrés Noarbe en un proyecto que se llamaba I.P.D. En el primer disco, “Inducing The Pleasure Dreams” (1995), de música ambient, empecé a hacer letras y a recitar. Justo tenía en casa un theremín, porque había un chico en Huesca que los construía, y yo empecé a tocarlo y me pareció que era una cosa maravillosa. Con I.P.D. hicimos una gira que empezó casi como broma. Al principio Andrés Noarbe y yo pinchábamos y luego después empezamos a tocar con Manta Ray en algunas cosas. Estuvimos en el Festival de Cine de Gijón y quizá lo más grande que hicimos –y lo más grande que he hecho yo en mi vida– fue ser telonera de Bunbury en 1998 durante la gira de “Radical sonora”, que es algo que me parece de una generosidad brutal, porque Bunbury decidió llevar a gente muy underground como Manta Ray, Big Toxic o nosotros, que éramos fundamentalmente Justo Bagüeste tocando el saxo y haciendo su música y yo en plan colaboradora con el theremín. Pero hicimos una gira por toda España. Y tocar como telonera de Bunbury es una barbaridad que no te puedes imaginar. Me enseñó muchísimas cosas sobre el mundo del rock; sobre cómo estar en un escenario y sobre cómo estar en la vida: cuando has tocado en una plaza de toros, con gente que no te conoce de nada y que lo que está es esperando a Bunbury, después de eso puedes hacer cualquier cosa. Y por supuesto se lo agradeceré toda la vida a Bunbury.

Sin querer convertir esto en una crónica del corazón, yo te he definido a veces como “la Alma Mahler de la música experimental española”. Estuviste casada con Javier Marín, líder de Diseño Corbusier, y has sido pareja de Justo Bagüeste, Javier Colis y Julen Palacios, líder, este último, de los grupos Goldstein Now y Los Sánchez Grises.

No estuve casada con Javier Marín. Casada estuve con otra persona. Pero mi gusto por la música experimental sí empezó con Javier Marín, porque hasta entonces yo no conocía muy bien la música experimental. De todas formas, que mis parejas hayan sido casi siempre músicos es por el ambiente en el que me he movido; aunque también hay que decir que me gusta la gente que toma riesgos y por eso he estado vinculada con la música experimental.

“De los grupos españoles me gustan mucho Los Sánchez Grises, que es una de las cosas más interesantes que se ha hecho últimamente, y me gusta también mucho lo que hacen Esperanto, donde hay músicos que vienen de Mohama Saz”

Aparte de I.P.D., ¿has colaborado con tus otras parejas?

Con Javier Marín no colaboré nunca, porque él ya había dejado la música cuando lo conocí. Pero con Javier Colis hice letras y toqué el theremín con Las Malas Lenguas, y con Julen formé parte de su grupo The Black Lennons. Hay una anécdota curiosa con The Black Lennons, porque cuando empecé a colaborar con ellos ya tenían prácticamente hecho “Querida lógica” (2016), un disco sobre Torremolinos, que es algo muy parecido a lo que yo he hecho años después en mi novela. Era un disco temático sobre la Costa del Sol, con unos vampiros que van a Torremolinos en verano. La casualidad es que yo sea de Torremolinos. Y lo último que he hecho ha sido lo de Los Sánchez Grises, “Sin fortuna ni plaza” (2025), en el que escribí la letra para dos canciones.

¿Qué grupos te gustan actualmente?

De los grupos españoles me gustan mucho Los Sánchez Grises, que es una de las cosas más interesantes que se ha hecho últimamente, y me gusta también mucho lo que hacen Esperanto, donde hay músicos que vienen de Mohama Saz. Y en mi etapa en Estados Unidos descubrí grupos como LA LOM, que hacen música latina muy clásica. También me gusta hackedepicciotto, el grupo de Alexander Hacke y Danielle de Picciotto. Y Viagra Boys. Me gusta gente que tiene un punto de humor en las cosas que hacen.

Desde septiembre estás en Hamburgo. ¿Qué has podido hacer en esos sitios por la música española?

Yo intento que la música en español –porque el Instituto Cervantes promociona la cultura en español, no la música española– tenga muchísima presencia. Y de hecho tiene mucho éxito. Siempre he intentado combinar dos cosas. Por un lado, intento atraer a la gente que no está relacionada con la música española con las cosas más fáciles de escuchar: hice un karaoke con canciones de Alejandro Sanz, de Loquillo o de Paulina Rubio, cosas muy comerciales que la gente conocía, porque tengo claro que hay una serie de música que puede atraer a gente que no es musicóloga. Y eso lo intento combinar con cosas más experimentales. Por ejemplo, Javier Díez Ena estuvo en El Cairo con su theremín. O la proyección del documental de José Ramón da Cruz “Geometría del Esplendor”. También he llevado flamenco: en El Cairo le hicimos un homenaje a Paco de Lucía con una actuación a la que vino su familia y fue muy emocionante… Y también he hecho cosas en combinación con el país en el que estaba, como un festival de música de tradición oral que organicé en Albuquerque, en el que mezclé cosas de música de indígenas americanos con cosas de spoken word y flamenco, etc. ∎

Playlist / Sintonizando a… Silvia Grijalba


  1. Bauhaus “Bela Lugosi’s Dead” (del single “Bela Lugosi’s Dead” 1979)
  2. Miguel Bosé “Super Superman” (de “Chicas!”, 1979)
  3. Henry Stephen “Limón limonero” (de “Limón limonero”, 1968)
  4. Django Reinhardt & Stéphane Grappelli “Minor Swing” (del single “Minor Swing”, 1937)
  5. Dinarama + Alaska “Perlas ensangrentadas” (de “Canciones profanas”, 1983)
  6. Einstürzende Neubauten “Silence Is Sexy” (de “Silence Is Sexy”, 2000)
  7. Elvis Presley “Love Me Tender” (del single “Love Me Tender/ Anyway You Want Me”, 1956)
  8. The Psychedelic Furs “Alice’s House” (de “Mirror Moves”, 1984)
  9. Siouxsie And the Banshees “Christine” (de “Kaleidoscope”, 1980)
  10. Depeche Mode “Master And Servant” (de “Some Great Reward”, 1984)
  11. Bunbury “De mayor” (de “Pequeño”, 1999)
  12. Loquillo y Trogloditas “Avenida de la Luz” (de “¿Dónde estabas tú en el 77?”, 1984)
  13. Ilegales “Europa ha muerto” (del single “Europa ha muerto”, 1983)
  14. Massive Attack feat. Elizabeth Fraser “Teardrop” (de “Mezzanine”, 1998)
  15. Banco de Gaia “Last Train To Lhasa” (de “Last Train To Lhasa”, 1995)
  16. The Prodigy “Firestarter” (de “The Fat Of The Land”, 1997)
  17. CAN “Vitamin C” (de “Ege Bamyasi”, 1972)
  18. Tuxedomoon “Some Guys” (de “Holy Wars”, 1985)
  19. Pulp “Common People” (de “Different Class”, 1995)
  20. Viagra Boys “Sports” (de “Street Worms”, 2018) ∎
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