G.W. Sok, primero por la izquierda: siempre al margen.
G.W. Sok, primero por la izquierda: siempre al margen.

Entrevista

This House: “The Ex nunca necesitó a la industria, lo hacíamos todo nosotros y nos dio para un pequeño salario”

Jos Kleij, ese es el nombre real de G.W. Sok, fue fundador y vocalista durante treinta años de la legendaria banda holandesa The Ex, una de las formaciones más intensas, apasionadas, independientes e interesantes del punk mundial, que compartió giras y grabaciones con nombres tan dispares como Fugazi, Nick Cave, Shellac o el saxofonista etíope Getatchew Mekuria. Llega a España para presentar el segundo disco de This House, el proyecto que comparte con el guitarrista y productor madrileño Ignacio Córdoba. La gira empieza este viernes 15 en Alicante y concluirá el 24 de mayo en Valencia.

Cuando Jos Kleij –alias G.W. Sok– formó The Ex a principios de 1979 junto con su amigo Terrie Hessels, soñaba con hacer un par de conciertos en Wormer, la pequeña localidad en la que nacieron a 13 kilómetros de Ámsterdam, y ya. Con esa idea en la cabeza llamaron a dos colegas que se movían por el circuito de casas okupas, René de Groot Geurt y Geurt van Gisteren, y eligieron sus instrumentos por sorteo. Con apenas tres acordes aprendidos, su primera actuación fue en De Bakkerij, un centro juvenil que organizó el primer festival punk de la historia de los Países Bajos. El fanzine ‘Strijd-Zweet’ escribió: “La primera actuación del nuevo grupo The Ex comenzó a las 8:00 P.M. Tocaron canciones que empezaron a un ritmo muy lento y luego se aceleraron. Me pareció que las partes lentas duraban demasiado y las rápidas eran muy cortas”. Era la primera reseña de un grupo que, como se intuía, iba a trascender el punk para abrazar con la misma rabia el jazz, la música etíope y la experimentación. G.W. Sok fue su vocalista durante treinta años y 1371 conciertos, ni uno más ni uno menos. “Con ese concierto ya estábamos contentos, pero, de repente, una banda nos invitó a Berlín. ¡Increíble! Después pudimos volver tres veces más. ¡Uau! Conocimos a gente de Suiza y nos dijeron que si les organizábamos algo en Holanda, nos montaría algo en Suiza. Nunca habíamos estado allí. ¡Fue una aventura! Entonces decidimos grabar un disco y empezaron a suceder cosas”, recuerda.

Lo que ocurrió es que, sin ceder jamás un ápice de su independencia, Jos y sus compañeros –que a excepción de Terrie y él fueron cambiando con el tiempo– recorrieron el mundo varias veces y consiguieron compartir escenario con nombres tan dispares como Fugazi, Nick Cave, Yann Tiersen, Shellac, Goran Bregovic, John Cale, Sun Ra Arkestra, The Flaming Lips, Yo La Tengo, Marc Ribot, John Zorn o Flea. Pero también grabar una veintena de discos, algunos junto a nombres como Sonic Youth, Tortoise o respetados músicos de jazz como Tom Cora, Ken Vandermark, Mats Gustafsson y el legendario saxofonista etíope Getatchew Mekuria.

De “Soft Rains Will Come”, el tema “Burned House”, con vídeo dirigido por Ignacio Córdoba.

En uno de los conciertos de The Ex con G.W. Sok en sus últimos años en la formación –dejó la banda oficialmente a principios de 2009, aunque la decisión se gestó y se comunicó internamente a finales de 2008–, estuvo Ignacio Córdoba. Fue el 10 de mayo de 2006 en la sala El Sol de Madrid, con Campamento Ñec Ñec de teloneros. “Fue increíble. Sigue siendo uno de los mejores conciertos de mi vida. Desde entonces es una de mis bandas favoritas y, obviamente, es alucinante ser una pequeña parte de su historia”, asegura este guitarrista, productor y artista multidisciplinar madrileño –afincado en Copenhague desde que hace nueve años se fue a estudiar al Conservatorio de Música Rítmica– en referencia, primero, a The Ex y, después, a This House, el proyecto que ambos comparten. Han publicado dos discos difíciles de clasificar, entre el ruido, la improvisación, los ritmos potentes, las guitarras afiladas y la inconfundible voz de Sok sobrevolando todo. La formación la completan el batería Søren Høi y el teclista Kristian Tangvik.

Su nuevo y segundo álbum, “Soft Rains Will Come” (Autoeditado, 2026), lo presentan desde esta semana en España: Alicante (Las Cigarreras, 15), Don Benito (Rincón de Tío Pío Sound, 16), Vigo (La Fábrica de Chocolate, 17), Tolosa (Bonberenea, 18), Benicarló (Plug In The Gear, 19), Barcelona (Ojalá Estë Mi Bici, 22), Madrid (Centro Social El Nido, 23) y Valencia (16 Toneladas, 24). Con tal excusa, llamamos a G.W. Sok a Ámsterdam para hablar de su carrera, una de las más intensas, independientes e interesantes del punk mundial, entendido este en su acepción más amplia.

En realidad, la etiqueta de punk o anarcopunk se te quedó pequeña pronto.

The Ex empezamos siendo una banda punk y, en mi opinión, lo que hago ahora también tiene ese sentimiento punk, en el sentido de que estoy abierto a todo. Es más una cuestión de hacer las cosas por uno mismo o en compañía, pero libre de cualquier atadura. Ese sentimiento sigue estando ahí, lo que no significa que tenga que hacer punk rock. Eso sería ponernos límites y no los queremos. Para mí cualquier música puede ser punk. Hay muchas bandas de improvisación a las que se les pone la etiqueta de jazz, pero que tienen una actitud punk, aunque no tengan una sola canción de punk rock.

“The Ex empezamos siendo una banda punk y, en mi opinión, lo que hago ahora también tiene ese sentimiento punk, en el sentido de que estoy abierto a todo. Es más una cuestión de hacer las cosas por uno mismo o en compañía, pero libre de cualquier atadura. Ese sentimiento sigue estando ahí”

G.W. Sok

Aseguras haber dado 2227 conciertos a lo largo de tu vida, incluidos los 1371 con The Ex. ¿Esa obsesión por documentarlo comenzó cuando fundaste The Ex?

Sí. Al principio fue una pequeña broma, porque apenas habíamos ofrecido un concierto, pero nos divertía apuntar las canciones que tocamos o ensayamos, por si en un año la banda se había acabado. Sin embargo, The Ex continuó y seguí apuntando todo: las ciudades en las que tocábamos, las bandas con las que compartíamos cartel, las fechas, los músicos que formaban The Ex en cada momento… Ahora tengo un archivo gigantesco con un montón de recuerdos. Es muy divertido ver las veces que hemos tocado en Ámsterdam, Londres o Róterdam. Todavía sigo contando.

La web de The Ex es una de las bases de datos más impresionantes que he visto de cualquier grupo. Una delicia para los seguidores.

Es gracioso, porque conozco a bandas que ahora tocan más que yo. En ocasiones les pregunto si llevan un registro de lo que hacen. La mayoría dice que no y que les resulta imposible recordar muchos de sus conciertos. Yo, en cambio, mientras estaba en The Ex y ahora, apunto hasta los conciertos que tuvimos que suspender por el mal tiempo, porque alguien enfermó o porque llegamos tarde por una avería de la furgoneta.

Con The Ex diste 1371 en 30 años y después, 856 en 16 años. Eso significa que el ritmo es mayor desde tu salida.

Sí, porque cuando dejé The Ex empecé a tocar en cinco o seis bandas a la vez. Antes solo lo hacía con The Ex, pero me cansé. Me quedé un poco atrapado en esa forma de estar en una banda y escribir letras. Los nuevos grupos querían hacer algo conmigo y no tocaban todo el año, así que los pude compaginar. Hacían una gira y regresaban a casa, mientras yo encadenaba una tras otra. Llegué a dar 99 conciertos en un año, uno cada tres días. ¡Una locura! Desde la pandemia he bajado el ritmo, sobre todo porque muchos locales colapsaron.

Con tantas colaboraciones, ¿te resulta fácil identificar con qué tipo de músicos te gusta tocar?

Sí, con gente maja (risas).

This House son G.W. Sok, Søren Høi, Ignacio Córdoba y Kristian Tangvik.
This House son G.W. Sok, Søren Høi, Ignacio Córdoba y Kristian Tangvik.

¡Parece importante!

¡Pues sí! Imagina lo que es irte de gira, miles de kilómetros en furgoneta, con alguien con quien no congenias. Además, con la gente maja surgen mejores ideas musicales y es más fácil encontrar una voz propia. Siempre he necesitado un poco de interacción con los músicos con los que viajo para encontrar mi camino a la hora de escribir la letra y adaptarme a su estilo. Me da más confianza y todo funciona mejor.

¿Cómo surgió la conexión de The Ex con Etiopía y el saxofonista Getatchew Mekuria?

En 1996, Terrie viajó por toda África con su pareja en un Land Rover. Empezaron en Marruecos, bajaron a Sudáfrica y subieron hasta Etiopía. Se enamoraron de la música y la cultura de este último país y se quedaron allí mucho tiempo. Compraron un montón de casetes sin saber de quién eran, porque no entendían el alfabeto. Al regresar a Holanda preguntaron el nombre de los músicos en restaurantes etíopes. Así descubrieron a Getatchew Mekuria y a todos nos pareció increíble. En 2002 fuimos por primera vez a tocar a Etiopía y lo buscamos para invitarlo a nuestro concierto del 25 aniversario en Ámsterdam. Ahí empezó todo. Fue muy inspirador descubrir que dos mundos tan diferentes podían encontrarse, tanto en lo musical como en lo personal. Fue maravilloso.

En 2018 fui a Catania, en Italia, para ver la reunión de June Of 44 en un pequeño festival organizado en la playa por el grupo siciliano Uzeda. Las bandas invitadas eran, entre otras, Shellac y The Ex. Aproveché para entrevistar a Steve Albini y, aunque tú ya no estabas, habló maravillas de vosotros. Recuerdo también el cariño y la complicidad con que Steve saludó a tus excompañeros. Os grabó muchos discos y la relación fue muy especial.

Así es, siempre se portó muy bien. Era una persona muy agradable y nos gustaba pasar tiempo juntos. Trabajar con él fue un placer. Además, a Shellac le pasaba lo mismo que a The Ex, que con el tiempo dejamos de hacer giras tan largas y, cuando viajábamos, preferíamos ir a lugares en los que no habíamos estado nunca. Ahí surgió una conexión, porque cuando Shellac tenía que girar por algún sitio nuevo, como Noruega, por ejemplo, nos llamaban para ir juntos. Dos años después de dejar The Ex volví a Chicago para grabar con Steve un disco junto con Dream Skills (se refiere al músico electrónico Donald Grant McLean).

“Steve Albini siempre se portó muy bien. Era una persona muy agradable y nos gustaba pasar tiempo juntos. Trabajar con él fue un placer. Además, a Shellac le pasaba lo mismo que a The Ex, que con el tiempo dejamos de hacer giras tan largas y, cuando viajábamos, preferíamos ir a lugares en los que no habíamos estado nunca”

G.W. Sok

Leí una entrevista a Albini en la que dijo de vosotros: “Son una inspiración absoluta. Se han recorrido el mundo tocando, han comprado sus casas, criado a sus familias y construido una carrera duradera de una manera natural, sostenible y ética”. Y añadió que The Ex era la única banda a la que habría grabado gratis. ¿Lo hizo?

¡No! (risas). Le pagamos siempre, y queríamos pagar porque era su trabajo y tenía que pagar el alquiler de los estudios Electrical Audio. Fue un gesto bonito que dijera eso.

Durante el tiempo que estuviste en The Ex, ¿ningún miembro sugirió dar un paso más allá y entrar en algún sello para ganar un poco más dinero y tener una vida más estable, como hicieron Sonic Youth y otras bandas amigas?

Siempre fuimos un poco inocentes en ese sentido. Nunca pensamos en el dinero, pero cuando grabamos el disco “Scrabbling At The Lock” (1991) con Tom Cora (chelista estadounidense de jazz que grabó con músicos como John Zorn), nos dimos cuenta de que podíamos tocar para un público diferente. Eso nos abrió las puertas de salas que no eran de rock y nuestra audiencia creció. Nos pudimos poner un pequeño salario, el suficiente para sobrevivir. Sin embargo, nunca tuvimos la intención de convertirnos en una banda más grande y famosa. Seguíamos siendo bastante populares en el underground, aunque no vendiéramos tantos discos como si viviéramos en Estados Unidos. Pero nos fue bien, porque siempre publicamos los discos nosotros mismos y todo el dinero de las ventas iba directamente a nosotros. Conseguimos cierta estabilidad y luego hacíamos los conciertos suficientes para pagarnos la comida y ese pequeño salario. Yo siempre he funcionado así y no creo que cambie.

¿Había algo de orgullo en esa forma de operar, de intentar demostrar que se podía vivir de la música sin formar parte de la industria?

Bueno… sí… Aquello, por supuesto, nació bajo la influencia del punk y deldo it yourself, que fue muy importante en esos años. Pronto vimos que esa industria solo quería hacer dinero, no le importaba la música. Por supuesto sabíamos que había algún sello pequeño que trabajaba bien, pero nuestro pensamiento era que si a la mayoría de discográficas no les importa la música, ¿por qué vamos a hablar con ellas? Podemos lanzar nosotros los discos, organizar nuestros conciertos, crear nuestros fanzines y montar un circuito propio con la gente que veía las cosas como nosotros. No los necesitamos.

G.W. Sok, al frente de This House, en el festival Angry Cat de Copenhague el pasado 13 de diciembre. Foto: Gabriel Miranda
G.W. Sok, al frente de This House, en el festival Angry Cat de Copenhague el pasado 13 de diciembre. Foto: Gabriel Miranda

Eso requería mucho más trabajo. No sería fácil.

Es que no se trataba de hacer mucho dinero, sino de hacer lo que queríamos y compartirlo con otras personas. Nos dimos cuenta de que, trabajando así, sacábamos suficiente para el alquiler, pero la música siempre estaba primero. Además, cuando íbamos a tocar a otros países siempre encontrábamos a gente parecida que nos inspiraba, que organizaba el concierto, estaba contenta de recibir a grupos, hacerles la comida y trabajar para que todo saliera bien. Esa gente que curraba y los músicos siempre comíamos juntos, lo que generaba una energía y conexión especiales para seguir haciendo cosas. Eso era mucho más importante que el estúpido dinero de la recaudación que te lleves para seguir el viaje.

¿Cuál es la lección más importante que te llevaste de The Ex para bandas posteriores como This House?

A confiar en tus compañeros y a hacerlo todo según tus propias reglas. Que cada miembro tenga el mismo peso y voz propia para opinión. Eso solo funciona, como dije, cuando tocas con gente maja. Por eso me gusta hacer música, porque se establece una comunicación no solo entre el escenario y el público, también entre los músicos. Si haces que tu compañero se sienta bien para bailar frente al público, la banda tiene otra energía.

¿Y con respecto a ti?

Durante años, en The Ex no me sentía un cantante como, digamos, Julio Iglesias, pero sí que mi voz se alineaba con la música que tocábamos. En 2005, sin embargo, participamos en una obra de teatro (concretamente una adaptación de “La naranja mecánica”, dirigida por Ola Mafaalani) y descubrí que podía hacer un poco más con mi voz. Eso me dio la confianza que necesitaba para las bandas que tuve después. Aprendí a aceptar que no era un cantante muy común, pero sí un cantante igualmente, porque podía hacer cosas que otros no siempre hacen, como trabajar los textos para hacerlos míos aunque no los escribiera yo.

“Durante años, en The Ex no me sentía un cantante como, digamos, Julio Iglesias, pero sí que mi voz se alineaba con la música que tocábamos. En 2005, sin embargo, participamos en una obra de teatro y descubrí que podía hacer un poco más con mi voz. Eso me dio la confianza que necesitaba para las bandas que tuve después”

G.W. Sok

¿Alguna vez pensaste en dejar la música y tratar de vivir solo de tu escritura?

Sí, cuando dejé The Ex fue un poco la idea. Después de treinta años en la banda perdí un poco el entusiasmo. Me sentía un poco limitado en esa rutina de hacer canciones, trabajar de la misma forma y por el hecho de que nada de lo que escribía podía usarlo fuera de The Ex. Tuve que buscar una salida y, al mismo tiempo, ganar algo de dinero para sobrevivir. Primero pensé en los libros, tanto escribirlos como encargarme del diseño. Quería escribir una novela, pero no sé si soy bueno escribiendo historias tan largas. Un año y medio después, sin embargo, aparecieron esas bandas y encontré una libertad distinta para escribir diferentes tipos de letras en cada proyecto. Fue muy inspirador y así he continuado hasta hoy.

¿Sentiste miedo al dejar The Ex?

¡Sí, claro! Porque en The Ex ganábamos un poco de dinero, el suficiente para sobrevivir, pero si hubiera continuado habría mentido a mis compañeros, a mí mismo y a la audiencia, ya que ya no era lo que quería hacer. En realidad, me alegré de la decisión, pero no tenía dinero ahorrado. ¿Qué iba a hacer? Nunca había trabajado para una empresa. Primero conseguí un pequeño trabajo de diseñador y, cuando se acabó, me llamó la directora de teatro con la que The Ex había trabajado para poner mi voz en una obra. Me fui a Groninga durante varios meses y gané tanto dinero que durante un año pude hacer lo que quise sin trabajar. No soy de gastar mucho. En ese momento aparecieron todas esas bandas. Pero sí, la cuestión financiera me agobió, aunque no podía quedarme en The Ex solo por el dinero.

Y apareció Ignacio Córdoba y este nuevo proyecto, This House, a los que se os han unido ahora el batería danés Søren Høi y el músico electrónico noruego Kristian Tangvik. A tus 69 años, ¿no te cansa este tipo de vida?

La verdad es que todavía me divierte mucho. Ahora con Nacho mi vida ha dado otro pequeño giro. En los últimos años pasaba mucho tiempo en Francia y ahora, de repente, estoy mucho en Copenhague. Todo es nuevo para mí otra vez. Me llevo muchas sorpresas (un día después de la entrevista, le pregunto por su año de nacimiento a través de WhatsApp y responde: “Nací en 1957, así que oficialmente soy un pensionista jajaja. Eso no cambia mucho las cosas. Sigo haciendo lo mismo que antes, lo único es que ahora recibo una pensión estatal cada mes, lo que significa un poco menos de estrés financiero”). ∎

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