Libro

Agustí Pons

Ni Juan Carlos ni Sofía: Oriol TramviaEnderrock Llibres, 2025

Oriol Tramvia –nacido Oriol Pons en Barcelona, 1951– protagonizó un fulgurante fenómeno musical a mediados de los años setenta del siglo pasado creado por la factoría Zeleste, aunque en principio se alejó bastante de la ona laietana jazz-rock que practicaban la mayoría de los seguidores de aquella casa para adentrarse en terrenos de una radicalidad estética que fueron calificados como prepunkies. Su primer disco, “Bèstia!” (Zeleste-Edigsa, 1976), grabado en directo, fue todo un manifiesto que sacudió muchas conciencias, por su contundencia musical no exenta de toques surrealistas, combinada con un cierto lirismo que se manifestaba en sus adaptaciones de poetas como Salvador Espriu o Salvat Papasseit y su acercamiento a la música tradicional mediante una reivindicativa versión de “La presó de Lleida”.

Pero, como pasó con muchas otras figuras de aquella época, Oriol consiguió la fama por estar en el momento oportuno en el lugar indicado, y tras unos meses de justo y necesario frenesí acabó engullido por las aleatorias contradicciones de la transición. Con el tiempo se convirtió en una caricatura de lo que fue, y a la postre en un artista del montón, que ha sobrevivido, eso sí, con toda la dignidad, alternando las más diversas funciones: canción, teatro, cine, televisión, cabaret…

A sus 74 años, Oriol ha vuelto a la actualidad mediante la biografía que le ha escrito su hermano mayor, Agustí Pons (Barcelona, 1947), que es toda una personalidad cultural de prestigio en los círculos intelectuales catalanes. Periodista y escritor galardonado en numerosas ocasiones, Pons también llegó a ejercer cargos importantes en los primeros años de la Generalitat restaurada. Así pues, como si a priori se tratara de una confrontación entre dos posiciones vitales más bien distantes, entre el representante del establishment y el confuso outsider, se plantea un libro –en catalán– que al final, en realidad, no deja de ser un encuentro fraternal en el que el segundo le explica (no toda) su vida al primero, mientras el primero parece comprender, sin cuestionar, las vicisitudes, las penas y las glorias que le cuenta el primero. Vamos, que todo queda en una feliz concordia familiar.

La vida de Oriol ha sido extraordinaria, pero ni mucho menos ha sido fácil, y su hermano Agustí intenta explicarla sin entrar muy a fondo en según qué temas. La primera parte de la biografía es la más interesante: la descripción del ambiente familiar, la infancia y la adolescencia, los primeros pinitos musicales, el ingreso más o menos furtivo en el Grup de Folk, la admiración por Pau Riba y Sisa, con los que siempre se quiso equiparar, la huida a Formentera, el descubrimiento del ácido y la posterior vida en comuna, la entrada en el ambiente de Zeleste y la gran operación de marketing que supuso su actuación “alternativa” en el primer Canet Rock de 1975, organizada por el mismo promotor del festival, Rafael Moll, la súbita ascensión a los cielos de la anarquía al grito de consignas como la que da título al libro,y el remate final que fue la grabación del disco de debut, que se abría con un rotundo “¡¡¡Bakunízate!!!”.

La narración es amena porque también lo son los hechos que discurren por sus páginas. Pero una vez alcanzada esta especie de clímax, se acaba la broma. Llega el tedio en forma de resumen cronológico de las idas y venidas profesionales del protagonista, sin dejar mucho espacio para la reflexión de sus motivos, más allá de los puramente económicos. También hay sitio para las relaciones sentimentales de Oriol, y en este sentido lo que más llama la atención es que en la página 94 ha sido borrado a mano, con un rotulador negro, el nombre de su primera esposa. Un misterio que tal vez merecería una explicación.

“Ni Juan Carlos ni Sofía: Oriol Tramvia” es un libro más bien descompensado, irregular, con un inicio mucho más interesante que su conclusión. Pero no deja de ser una obra muy recomendable para aquellos que quieran profundizar en los entresijos de la evolución del rock y también de la canción de autor en catalán –y hasta cierto punto, del teatro y del cine– a través de la trayectoria de un artista de rasgos erráticos que con su ejemplo viene a demostrarnos que en el mundo del espectáculo no todo el monte es orégano, ni mucho menos. ∎

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