Libro

Alberto Zanini

Funk InvestigatorsColectivo Bruxista, 2023

Corre el invierno de 2014 y Alberto Zanini, jefe de ventas de una multinacional, es invitado a abandonar la empresa en un momento de severa crisis financiera en Italia. Por si todavía no podía caer más bajo, su matrimonio hace aguas y a su abusiva hipoteca le queda un buen trecho para dejar de ser un problema. Con 44 tacos y dos hijos, se ve atrapado en un deprimente bucle de cenas en casas de amigos con libros de Taschen en la mesita de centro, neveras para vinos y charlas sobre inversiones y tendencias de los mercados de valores. Qué mejor momento para fundirse un buen dinero en un viaje a los Estados Unidos para seguir la pista de una vetusta cinta magnetofónica con material sonoro inédito de un músico del que poco o nada se sabe y al que parece haberse tragado la tierra.

Es el punto de partida de una suerte de road trip con destino a Detroit, la ciudad del motor y de la Motown, y parada en Nueva York, Filadelfia y Pittsburgh en el que Zanini se zambulle y obsesiona en la búsqueda de Lee Dowell, músico responsable de las pocas pistas grabadas en la mencionada cinta con ninguna mención sobre la sesión recogida ni información alguna. Con la excepción de un viejo recorte de un periódico local, descolorido y amarillento, que recoge una noticia breve sobre Dowell, de ningún provecho para la pesquisa, a la que se van sumando improvisados colaboradores del autor, los funk investigators.

Una historia que puede recordarnos, por momentos, a la de “Searching For Sugar Man” (Malik Bendjelloul, 2012), aquel documental que seguía la pista del misterioso músico americano Sixto Rodriguez, de origen mexicano, que malvivía en el ostracismo también en Detroit cuando fue localizado para su debida reivindicación. Casi una resurrección. En Detroit, esa ciudad decadente, dura, triste y alienante. Sin embargo, y aún con los paralelismos evidentes, “Funk Investigators” (Tesla Groove, 2021; Colectivo Bruxista, 2023; traducción de Guillermo Pérez) nos habla más del autor y de su renacido vuelo de ave fénix. Y nos habla, sobre todo, de las segundas oportunidades que nos da la vida. La que le fue brindada a Zanini gracias a su amor y pasión por el soul, la música del alma. La misma que le llevó a diggear en las interminables estanterías de John Shiver Funk & Soul Records, legendaria tienda-almacén de ignotos sellos de los sesenta, setenta y ochenta de doo-wop, soul, funk y demás universo black. En su viaje, Zanini pone al descubierto, de paso, el oscuro percal de la industria musical y sus prácticas más obscenas: el desagradable asunto del cobro de los derechos de autor es tristemente universal. No es de extrañar que la chavalada del urban –y no tan del urban– no se lo piense dos veces y saque toda su mandanga directamente por su cuenta, a través de sus canales de YouTube y demás perfiles que permitan compartir su música sin firmar contratos aquí o allá. Pero esa es otra historia, vaya.

El vídeo mató a la estrella de la radio, la última noche el DJ salvó mi vida y a Zanini le salvó el soul, el funk y un viejo músico olvidado. ∎

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