En la familia se ensaya, desde temprano, la imposibilidad del exilio. No hay distancia suficiente, ni mudanza, ni silencio que borre el eco de lo aprendido. “Black Rabbit” (2025) parece construida sobre esa certeza: la de que toda fuga es circular, y que aquello de lo que intentamos escapar –el amor, la culpa– siempre se las apaña para encontrarnos. Jude Law y Jason Bateman interpretan a Jake y Vince Friedkin, dos hermanos incapaces de dejar de orbitarse mutuamente, incluso cuando la cercanía amenaza con destruirlos. La serie, creada por Zach Baylin y Kate Susman, parte de ese vínculo como si fuera una grieta: un restaurante convertido en símbolo de éxito y, al mismo tiempo, de ruina. El Black Rabbit del título, un gastropub raruno con estética de club neoyorquino que recuerda a lugares como el polémico Spotted Pig, intenta ser un refugio frente al pasado, pero lo que ofrece es otra forma de encierro.
No es que la serie esté mal construida –hay oficio en su puesta en escena, precisión en el montaje y un gran etalonador tras cada plano–, pero “Black Rabbit” incurre en un error demasiado frecuente: confundir la densidad con la profundidad. La acumulación de temas –la adicción, el fracaso, la culpa heredada, la ambición– se superpone hasta saturar el relato. En lugar de una sinfonía moral, lo que emerge es un ruido constante, una especie de eco de otras obras mejores. En más de un momento tuve la sensación de haberla visto ya, aunque no supiera dónde (probablemente en cualquier serie cuya marca de fábrica sea un hombre roto que no sabe cocinar su propia redención). Confieso que, tras el primer episodio, dudé si continuar. No por aburrimiento, sino por un agotamiento moral: esa impresión de que el guion avanza sin sorpresa, empujado por el deber de parecer importante. La historia se adivina antes de ser contada; los giros, previsibles; las conversaciones, un catálogo de frases dichas con demasiada solemnidad para lo poco que revelan. La narrativa se arrastra, atrapada entre el thriller y el melodrama, entre el retrato psicológico y la fábula moral.