Dicen numerosas investigaciones que discutir alarga la vida. Honestamente, desconozco si especifican qué tipo de discusiones; conviene añadir, además, que esos estudios se solapan con otros que sostienen que altos niveles de ansiedad también podrían matarnos de un infarto mucho antes. Creo que me inclino por esta última postura. Pero, aparentemente, y tal como corrobora Lindsay (Carey Mulligan) en la nueva temporada (2026) de
“Bronca” (“Beef”),
“las parejas que no discuten ocultan algo”. Bajo esa premisa arranca esta segunda entrega de la serie de
Lee Sung Jin, que comienza con un lío tremendo: dos trabajadores de un campo de golf para ricos sorprenden a su jefe, Josh (Oscar Isaac), discutiendo violentamente con su mujer y deciden grabarlos. Esta grabación se convierte en una gran oportunidad para estos dos jóvenes, Ashley y Charles, que además son pareja y solo aspiran a algo tan básico como prohibitivo en Estados Unidos: poder pagarse un seguro médico que cubra la operación –valorada en unos 30.000 dólares– necesaria para extirpar a Ashley (Cailee Spaeny) un quiste que le retuerce el ovario a un ritmo estrepitoso y que podría provocarle problemas de fertilidad de por vida. Por supuesto, deciden aprovecharla.
La serie se convierte así en un encadenamiento de chantajes donde cada uno de los personajes se acaba pervirtiendo por una cuestión tan básica como la del dinero; sin embargo, a diferencia de otras series y películas de ricos
malos malísimos, aquí no hay benevolencia alguna con ninguno de los personajes. Todos terminan tan retorcidos como el quiste de Ashley, cuya amenaza es cortar el riego al ovario, y la serie sabe cómo convertir –quizá de manera un poco obvia– esa dolencia en una imagen reveladora de sí misma, al ritmo de Chappell Roan y de M83 respectivamente, articulando además un contraste generacional en su uso musical: la sensibilidad millennial asociada a “Midnight City” frente al imaginario
zoomer encarnado por Chappell Roan, que no solo acompaña emocionalmente a los personajes, sino que también subraya la fractura cultural que atraviesan sus conflictos.