Película

Bugonia

Yorgos Lanthimos

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¿Qué es “Bugonia” (2025)? ¿La nueva película del excéntrico dúo creativo formado por Yorgos Lanthimos y Emma Stone tras “La favorita” (2018), el cortometraje “Bleat” (2022), “Pobres criaturas” (2023) y “Kinds Of Kindness” (2024)? ¿Un remake de una película surcoreana titulada “Save The Green Planet!” (Jang Jun-hwan, 2003)? ¿Un filme cuyo misterioso título hace referencia a una antigua práctica griega por la cual se sacrificaba una res, o un animal similar, porque se creía que de su interior brotarían, espontáneamente, abejas que permitirían resucitar una colmena en proceso de extinción? “Bugonia” es, evidentemente, todo esto y mucho más: una obra más compacta narrativamente que “Kinds Of Kindness”, menos grandilocuente a nivel visual (pero no por ello menos sofisticada) que “Pobres criaturas” y cuya apuesta por la hibridación genérica la sitúa más próxima a la comedia (negrísima, por supuesto) que los filmes anteriormente mencionados y proporciona uno de los desenlaces más sorprendentes que veremos este año.

“Bugonia” es, también, la película de Lanthimos que más directamente aborda el apocalíptico contexto político y social contemporáneo, proporcionando un marco general (la crisis climática y la responsabilidad del ser humano en la destrucción del planeta, el papel de internet y de las redes sociales a la hora de propagar teorías conspiranoicas, la estratificación social y la desigualdad de clase, la acumulación de riqueza y la insolidaridad de los muy ricos, la avaricia de las grandes corporaciones, etc.) para la habitual misantropía que inunda su cine. El guion, escrito por Will Tracy –“El menú” (Mark Mylod, 2022), “Succession” (Jesse Armstrong, 2018-2023)– y adaptado, como decíamos, del filme surcoreano “Save The Green Planet!” –cuya sinopsis hace pensar en un interés por representar el conflicto entre clases sociales que está también presente en otras películas surcoreanas mucho más conocidas, como “Parásitos” (Bong Joon-ho, 2019)–, sigue a Teddy (Jesse Plemons) y su primo Don (el debutante Aidan Delbis) mientras se preparan, física y logísticamente, para secuestrar a Michelle (Emma Stone), la CEO de una poderosa empresa farmacéutica. ¿El motivo? Teddy –un marginado por el sistema que trabaja en un almacén, va en una bici ruinosa al trabajo, vive con su primo en una casa destartalada y alimenta su delirante imaginación con infinitos pódcasts y vídeos de YouTube de influencers de la alt right estadounidense y de otros incels conspiranoicos como él– piensa que Michelle, como otros megapoderosos del mundo, forman parte de una especie alienígena invasora que está acabando con el planeta. 

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A partir del secuestro, y del encierro de Michelle en un desvencijado sótano, “Bugonia”, que hasta ese momento se había movido entre la comedia excéntrica –las interacciones entre Teddy y su primo Don, al que Delbis, un actor con neurodivergencia, dota de una humanidad extraordinaria, son impagables– y la sátira corporativa –gracias sobre todo a la interpretación de Stone, que convierte a su personaje en una aterradora autómata sin alma, de sonrisa congelada y modales castrenses–, se desliza al terreno del thriller psicológico, para acabar en un desenlace que hace saltar por los aires el filme que creíamos estar viendo. Es en este extenso segmento del secuestro, que ocupa gran parte de la película, en el que Plemons y Stone, dos actores superdotados y sin miedo a nada, se convierten en el centro gravitacional de una obra que, de repente, empieza a parecerse a otras –“La huella” (Joseph L. Mankiewicz, 1972) o “La muerte y la doncella (Roman Polanski, 1994), por mencionar solo dos– que también se situaban en espacios cerrados y mostraban complejos tiras y aflojas mentales en los que los protagonistas jugaban entre sí al gato y el ratón.

Stone, cuya colaboración creativa con Lanthimos es tan insólita, única y fructífera que daría para varios análisis académicos e incluso para alguna tesis doctoral, imprime a Michelle una personalidad tan autoritaria –podríamos decir también, esperamos que sin hacer espóilers, regia– que ni encadenada, vestida con ropa que no es suya o rapada al cero pierde un ápice de su poder, desestabilizando continuamente los roles de víctima y verdugo, secuestrada y secuestrador. Por otro lado, Plemons ofrece una de sus interpretaciones más complejas hasta el momento: su Teddy es un personaje poliédrico, un hombre frágil y quebrado, con un pasado traumático, que lo ha convertido en una víctima –de las fake news, de los predicadores de extrema derecha que vaticinan el fin del mundo, de un sistema amañado que lo ha dejado a la intemperie, atrapado por sus propios delirios…– pero también en un monstruo. Es difícil pensar en otro actor que pueda transmitir, con la profundidad que lo hace Plemons (en su cuarta colaboración con Lanthimos), lástima y terror a partes iguales.

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¿Cómo pone en escena Lanthimos este guion, escrito por alguien que no es uno de sus colaboradores habituales –Efthimis Filippou, sobre todo, pero también Tony McNamara– y que, por primera vez en su filmografía, es un remake de una película previa? Apropiándose completamente de él y acercándolo lo máximo posible a su reconocible imaginario visual. Fiel a su estilo barroco y efectista desarrollado, sobre todo, a partir de “La favorita”, Lanthimos utiliza grandes angulares deformantes y amplios planos generales para, por un lado, subrayar la comicidad inherente a una situación que, explicada de forma distinta, sería trágica, y para otorgar una cierta cualidad surreal, delirante, a una historia que sería difícil calificar de otro modo. Los grandes planos generales, que recuerdan a los que utilizaba, también con evidente objetivo humorístico, Kubrick en esa tragicomedia seca y oscura que es “Barry Lyndon” (1975), proporcionan aún otra sensación: la de pertenecer a una mirada externa que, desde una posición elevada, observa y juzga, con aire decepcionado, en qué se ha convertido el ser humano. Es en ese desenlace misántropo y apocalíptico, inesperado y salvajemente divertido, donde cobra tal vez algo de sentido el título de “Bugonia”: puede que sea necesario un sacrificio doloroso y definitivo para que, de una civilización decadente y corrupta, surja la esperanza de una nueva vida. ∎

Tela marinera.
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