“Carne”, el octavo libro de
David Pascual aka Perfumme (Valencia, 1981), se publica (igual que ocurrió con el séptimo:
“Dinosaurio”) de la mano del Colectivo Bruxista, una editorial que nace de un fanzine y que aun siendo joven (2021) ya ha demostrado haberse comprometido a fuego (a cuchillo, a gas) con la libertad, los márgenes y los tesoros literarios salvajes y escondidos que nadie más se atreve a publicar. “Carne”, definida por la propia editorial como
“un Twin Peaks a la valenciana sobre la aparición de la telebasura en España”, reúne lo mejor de la marca autoral de Perfumme y el Colectivo Bruxista en una lectura que solo puede ser voraz, fervorosa y trepidante: sus doscientas páginas se leen en lo que tardarían en leerse veinte, lo que convierte seguramente el libro en un estupefaciente –así que cuidado en caso de taquicardia– pero muy recomendable para combatir cualquier letargo u horas bajas.
David, quizá porque además de novelista es guionista, dibujante, músico y docente, erradica en todos sus libros las fronteras entre disciplinas, y en este thriller rural (probad a decir esto borrachos) es fácil recibir fogonazos de cineastas como Sean Baker, Chema García Ibarra, Ion de Sosa o Lynch (imposible no pensar en “La jauría humana” de Arthur Penn), pero también de artistas como Nan Goldin, o dibujantes como Daniel Clowes, o Roberta Vázquez, además de referentes literarios como Jim Dodge o Cormac McCarthy o disidentes absolutos como Limónov.
Los personajes, cuyas personalidades complejas y llenas de aristas descubrimos no solo a través de sus diálogos, sino también de las situaciones en las que se ven envueltos (no hay muchas descripciones de los rasgos que podrían definirlos, pero los vamos a entender muchísimo), hacen avanzar la trama como daño colateral a sus circunstancias. Es decir, lo importante es conocerlos a ellos, acompañarlos en cómo resolverán su sed de reconocimiento o en sus tormentos. Y en segundo plano, o porque les preocupa a ellos, averiguar qué ha pasado con la niña desaparecida, aunque esa investigación sea en realidad el argumento del libro. En ese sentido la forma se fusiona con el fondo: en los años de telebasura en los que se ambienta la novela, no importaba tanto estar informado de los hechos como convertirlo todo en carnaza, espectáculo, audiencia y sensacionalismo. Pero la genialidad del autor consiste en que a pesar de mostrarnos sin paños calientes la monstruosidad de todo el que aparece, logra que también empaticemos con alguna parte (más grande o más pequeña) de todos ellos. Y para ello, va cambiando el punto de vista en cada uno de sus capítulos. Podemos decir que este libro retrata el alma de esa España que abarca desde “Esta noche cruzamos el Mississipi” al “Diario de Patricia” (de esa alma es de la que nace “La isla de las tentaciones”) pasando por las olimpiadas y la Expo del 92, y que como tal tiene
bullying, farlopa, corrupción política, sectas, videntes, palizas, fábricas, rupturas sentimentales,
cruisings, altares y cigarrillos. Divertidísimo. ∎