Libro

Eamonn Forde

Los últimos días de EMI. O cómo desapareció el sello más importante del mundoLiburuak, 2024

La verdad es que no acaba de causar buena impresión que el nombre de un autor no esté bien transcrito en la portada de su propio libro, ya que es Eamonn Forde, y no “Emonn”, quien firma “Los últimos días de EMI. O cómo desapareció el sello más importante del mundo” (“The Final Days Of EMI. Selling The Pig”, 2019; Liburuak, 2024; traducción de Martina Scherschener, Mercedes Carrocio y Valentina Martirena). Pero si perdonamos este desliz y nos enfrentamos a las más de 500 páginas del volumen, nos encontraremos ante un denso ensayo que en absoluto habla de música, sino de la industria musical, del ámbito financiero que revolotea en torno suyo y de las tecnologías que la asedian.

Por eso más vale tomarse la lectura del concienzudo estudio de este prestigioso periodista británico como una novela de no ficción antes que como un meticuloso análisis de la decadencia y caída del histórico sello, puesto que a pesar de que conozcamos el triste desenlace de la historia, la narración no deja de ser una especie de relato de intriga, con sus “buenos” y sus “malos”, mientras que los músicos aparecen como unos meros convidados de piedra con forma de “productos” que se compran y se venden en un mercado que no ofrece concesiones.

La multinacional EMI fue una gran empresa inglesa fundada en 1897 que llegó a convertirse en la más importante de su sector y en todo un símbolo de su país, pero su carácter sobredimensionado, sus ínfulas de grandeza, sus gastos desproporcionados y la irrupción de las nuevas redes tecnológicas de comunicación la llevaron a una crisis de la que nunca se recuperaría. Así, después de barajarse la fusión con otra compañía del ramo, como Warner, en 2007 la empresa fue comprada por un fondo de inversión, Terra Firma, que entró en el negocio como un elefante en una tienda de porcelanas, ya que no tenía ni idea de cómo funcionaba el negocio de la música, un mundo muy peculiar en el que no solo contaban los números, sino también el talento artístico. Y en 2011, tras pasar a manos del banco Citigroup, EMI acababa troceada entre sus competidoras Universal –que se quedó con la discográfica– y Sony –que se hizo con su catálogo–, mientras Warner y algunas compañías independientes se conformaban con algunas migajas del botín, seccionadas por las leyes antimonopolio.

Todo eso, y mucho más, nos lo cuenta Forde a través de una exhaustiva investigación en la que sobran bastantes páginas, porque a menudo no deja de dar vueltas sobre el mismo tema, abusando sobremanera en la transcripción de declaraciones anónimas. Y así, llegamos a la conclusión que este es un libro más indicado para estudiosos de las finanzas aplicadas a la industria musical que al melómano, que puede acabar perdiéndose ante tal maraña de luchas entre tiburones de la bolsa, ejecutivos acorralados y abogados de película y cientos de datos contables.

Por cierto, hablando de contabilidad, no se acaba de entender que contando con tres traductoras el libro confunda a menudo al lector con su adaptación del término “billion”, que en inglés norteamericano quiere decir “mil millones” y no “millón de millones”, que es como lo entendemos por aquí. Y no es lo mismo, ni mucho menos. ∎

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