“El problema de los tres cuerpos” (Liu Cixin, 2006) fue la primera novela asiática en ganar un premio Hugo y solo su traducción al inglés vendió más de veinte millones de copias, con fans irredentos como Barack Obama, Mark Zuckerberg o George R. R. Martin. Casi veinte años después de aquel fenómeno literario, que acabó convertido en trilogía de hard sci-fi de culto, llega la adaptación televisiva a cargo de, precisamente, los hombres que llevaron a la pequeña pantalla “Juego de tronos” (2011-2019), David Benioff y D.B. Weiss –además del chino-estadounidense Alexander Woo, conocido por “True Blood” (2008-2014) y la segunda temporada de “The Terror” (2018-)–. La obra de Liu Cixin es igual de ambiciosa, pero suma una dificultad extra en su adaptación por contener una imaginería jamás vista en el medio. Aquí se habla de física teórica, filosofía y de una raza alienígena que jamás es descrita en las novelas, además de introducir conceptos como supercomputadoras de once dimensiones con el tamaño de un protón o de un planeta alumbrado por tres soles de órbita caótica.
Cinco años después de abandonar HBO por Netflix en un contrato que supuso 200 millones de dólares para Benioff y Weiss, pero también un lustro después de que la dupla decepcionase colosalmente con el tramo final de “Juego de tronos”, “El problema de los 3 cuerpos” (2024-) les sirve como acto de redención. Su potencial éxito en la plataforma debería reparar el acto de agravio histórico hacia su figura. Sí, patinaron una vez el faro de George R. R. Martin dejó de alumbrar, pero muchos parecieron olvidarse de la proeza que supusieron las temporadas anteriores: adaptar lo inadaptable. Esta vez, la pirueta da auténtico vértigo.
“El problema de los 3 cuerpos” gira en torno a cómo la decisión que tomó una mujer en la Revolución Cultural China de los años sesenta impacta en un grupo de científicos en el presente. Y es aquí donde aparece una de las apuestas más arriesgadas de los showrunners: en lugar de estar protagonizada, como en el libro, por un académico especializado en nanotecnología, la adaptación de Netflix presenta a cinco científicos de Oxford que intentan desentrañar la amenaza de una invasión alienígena a cuatro siglos vista después del suicidio de su mentora. Es una jugada que les sirve para dar con un reparto lo más diverso posible –en todos los sentidos–, pero también para apelar mejor al público occidental. Hace también que las grandes preguntas científicas y filosóficas que se plantean en el libro sean más fáciles de digerir. Los fans de la ciencia ficción dura y de las adaptaciones textuales quizá no van a estar contentos con esta indulgencia, pero esto también trata de llegar al mayor número de gente posible.
No quiere decir que sea una adaptación complaciente, ni mucho menos. De hecho, pese a su premisa más grande que la vida, “El problema de los 3 cuerpos” crece en su enfoque humano y emocional, explicando cómo el destino de la humanidad afecta de diferentes maneras a un grupo de individuos. Porque la cosa no va tanto sobre qué hacemos a partir de ahora, sino de ¿cómo conseguimos que la humanidad se interese por una amenaza que no es tal para sus hijos o nietos? ¿Cómo logramos que nuestra raza empatice con generaciones posteriores que van más allá de nuestra esperanza de vida?
Son preguntas que necesitarán, al menos, dos temporadas más para responderse, toda vez que se confirme la renovación de la serie y la adaptación de los dos siguientes libros, “El bosque oscuro” (del que, cuidado, se introducen ya aquí diversos elementos narrativos) y “El fin de la muerte”. Por lo pronto, Benioff y Weiss han cumplido sobradamente con un producto de entretenimiento cerebral que incluye todas sus señas de identidad. No solo han redoblado su capacidad de adaptar lo inadaptable, sino que vuelven a hacer gala de su ambición por el festín visual –desde las secuencias del futurista videojuego de realidad virtual que vertebra el relato hasta set pieces de puro espectáculo gore como la del canal de Panamá, digna sucesora de la Boda Roja de “Juego de tronos”– y de su gusto por tratar fatal a sus personajes. Nuevamente, te va a tocar hacer el esfuerzo de no encariñarte demasiado con nadie. ∎