Serie

El simpatizante

Park Chan-wook y Don McKellar(miniserie, Max)
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La miniserie “El simpatizante” (2024) adapta en siete capítulos la primera novela de Viet Thanh Nguyen, cuya familia huyó de Vietnam en 1975 y se estableció en Estados Unidos. La caída de Saigón y esa experiencia de exilio y desarraigo son el origen de la historia: el Capitán (Hoa Xuande), que fue entrenado por la CIA, en realidad es un topo comunista infiltrado en el ejército de Vietnam del Sur. Cuando acaba la guerra, sus deseos de volver a la vida normal y a su identidad real son frustrados y es enviado a Los Ángeles para vigilar a su jefe, el General (Toan Le), por si el militar derrotado organiza una contrarrevolución desde Estados Unidos. Esta decepción configura el estado de malestar emocional que, poco a poco, se va vislumbrando y que define la revisión de los propios conflictos internos –ligados también a la amistad y al deseo amoroso– y de los externos y políticos.

La narración en primera persona de la novela, en forma de confesión y crónica retrospectiva del Capitán en una celda, da lugar a una estructura asociativa de saltos temporales y recuerdos que despliega perspectivas ambiguas y múltiples puntos de vista sobre su identidad y sus dilemas morales. Sujetar la duplicidad que ha construido –“Soy un espía, un agente infiltrado, un topo, un hombre con dos caras. Previsiblemente, quizá, también tengo dos mentes (…) soy capaz de ver cualquier cuestión desde ambos lados”– es un trabajo de supervivencia en su caso, una actuación que debe mantener hacia los demás para a la vez evitar desmoronarse por dentro, en particular cuando debe pasar a la acción. La interpretación de Hoa Xuande es matizada y la vulnerabilidad que expresa se desmarca del espía opaco e impenetrable; quizá eso es lo que despista a Claude (Robert Downey Jr.), el agente encubierto de la CIA que lo toma a su cargo, aunque más bien se diría que el problema viene de la dificultad de la traducción cultural oriental-occidental y de la desmesura enajenada en que se instalan los norteamericanos ante el conflicto. Esta idea se encarna también en los cuatro personajes que Downey interpreta con tono satírico y grotesco: además de a Claude, a Hammer, un profesor de Estudios Asáticos, al legislador Goodwin y al director de cine Nico Damianos. Bajo esta naturaleza multiforme, la identidad americana parece preservar un mismo carácter basado en el exceso y la sobreactuación sin darse cuenta. En cambio, bajo el tono más comedido, neutro y desapercibido del Capitán se esconden violentas tensiones internas. 

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El coreano Park Chan-wook y el canadiense Don McKellar emplean un estilo satírico y una distancia retórica para mostrar mediante este juego de duplicidades las distorsiones absurdas, el caos y las malas interpretaciones que atravesaron la guerra de Vietnam –con su reguero de cadáveres– y también su crónica. Las identidades quebradizas de sus personajes reflejan las fallas de la Historia en la actuación política, con apariencia de improvisada y a ciegas, pero también la estetización que se ha hecho de la guerra incluso cuando la perspectiva se suponía crítica. Esto parece más relevante que el hecho de que se haya destacado (o promocionado) que “El simpatizante” proponga una lectura desde el lado vietnamita, en parte porque lo que se ve aquí es el cruce o el intersticio entre mentalidades y dentro del colonialismo cultural norteamericano. No en vano el Capitán es un mestizo –de madre vietnamita y padre francés– y eso supone un conflicto esencial en su vida.

Estas ideas no siempre evitan lo obvio, y la serie se hace algo recargada y redundante a medida que avanza, para volverse escabrosa al final. Esta falta de depuración es algo muy habitual en la mayoría de ficciones televisivas seriales y se deriva de la forma de producirlas en molde y según duraciones fijadas, con plena primacía del guion y una idea ilustrativa del rodaje y el montaje, lo que suele conllevar poca poda o invención estructural posterior. Con todo, la idea de revisión que la recorre –“Reescribe, revive, reinicia”, escribe el Capitán– propone una visión irónica y distante desde la que reinterpretar las ficciones y la narrativa sobre la guerra de Vietnam: “Todas las guerras se pelean dos veces. La primera vez en el campo de batalla. La segunda vez en la memoria”. En efecto, nunca hay que dar por acabada la pelea por la memoria. ∎

Veteranos del Vietnam (otra cara).
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