Cómic

Erik Svetoft

SPAPlaneta Cómic, 2026

Todos lo hemos visto: un perro con un sombrero disfruta de su café en una habitación en llamas. Sin embargo, él lo tiene claro, no pierde la sonrisa y nos dice “todo está bien”. Este webcómic, publicado por KC Green en 2013, se ha popularizado inmensamente en forma de meme en todo este tiempo, en gran medida por el asunto que plantea, que es troncal en la experiencia contemporánea: nada está bien, el mundo está hecho pedazos, todo a nuestro alrededor es una manifestación del abismo insondable que se cierne sobre nosotros y, sin embargo, se espera que reaccionemos con normalidad, nos levantemos por la mañana para trabajar y, por si fuera poco, que recibamos esta realidad con serenidad y agradecimiento.

No es espóiler. En la primera secuencia de “SPA” (2021; Planeta Comics, 2026; traducción de Martin Simonson) accedemos a una habitación en la que se encuentra un matrimonio rodeado de cadáveres putrefactos, miran por la ventana y ven una escena de violencia callejera como salida de “La naranja mecánica” (Anthony Burgess, 1962). Todo está bien, tienen una solución muy sencilla a su desasosiego: cogerse unas vacaciones en un balneario de lujo donde todo seguirá, sin duda, igual de bien.

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Este escenario, valga el topicazo, es el auténtico protagonista de la nueva novela gráfica del sueco Erik Svetoft (1988) y resulta especialmente afortunado para la experiencia que plantea, por la extrañeza de no-lugar inherente a cualquier hotel, como tantas veces ha experimentado el terror, pero también por su condición de resort de lujo, por el que pasan ricos ejecutivos, en el que la sonrisa perpetua y forzosa de los trabajadores rápidamente se convierte en mueca de desasosiego. En un lugar en el que se presupone la mayor pulcritud, la más mínima mancha acaba captando toda la atención.

El terror se desarrolla a través de eso tan de moda y a la vez tan primario como es el de los espacios liminales, los laberintos de pasillos que parecen no llevar a ningún sitio, las salas de calderas que no están diseñadas para ser visitadas. Pero también hay hueco para lo explícitamente siniestro, para las criaturas monstruosas que pueden hacer pensar en ocasiones en el mangaka Junji Ito, aunque la sensibilidad de Svetoft parece más alineada con la de los videojuegos survival horror o el trabajo de Masaaki Nakayama, cuya obra maestra “PTSD Radio” (2010-2019), valga decirlo, sigue inédita en nuestro país: monstruos terroríficos, sí, con un diseño prodigioso, pero reservado para el momento justo y especialmente valioso cuando se intuye por el rabillo del ojo.

Es este un tebeo con un control absoluto y explosivo sobre los recursos terroríficos, desde la perturbación de los dobles, pervertidas secuencias cartoon, introducciones a la siniestra mente del asesino pero, sobre todo, a la explotación del misterio irresoluble, que no es aquí ese afán extremo de sutileza tan frecuente en el cómic independiente, sino la búsqueda perpetua del escalofrío que produce enfrentarse a un detalle fuera de su sitio natural. La prueba irrefutable de que no, nada está bien. ∎

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