Película

Father Mother Sister Brother

Jim Jarmusch

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Explicaba Jim Jarmusch hace años que antes de descubrir a cineastas como Robert Bresson y Yasujiro Ozu en sus visitas a la cinemateca francesa, cuando vivió un tiempo en París, lo que le gustaba como espectador no difería tanto de las películas reivindicadas por Quentin Tarantino y las preferidas de cualquier chaval nacido en los cincuenta: las de samuráis, las de James Bond, las asiáticas de acción, las series B de terror y las de episodios. Con “Father Mother Sister Brother” (2025; se estrena el próximo miércoles 24), galardonada con el León de Oro en la Mostra de Venecia, Jarmusch vuelve a ese cine de episodios que tanto le gustaba –era una práctica habitual en las cinematografías italiana y francesa de los años sesenta y primeros setenta– y que él mismo ha practicado en varias ocasiones: “Mystery Train” (1989) y “Noche en la Tierra” (1991), a los que podríamos añadir el montaje de todos los cortos de la serie “Coffee And Cigarettes” recopilados en un largometraje en 2003. En el primero de estos filmes, las tres historias acontecen en Memphis. En el segundo, cinco relatos independientes suceden a la misma hora en otras tantas ciudades (Los Ángeles, Nueva York, París, Roma y Helsinki). Los once cortos con café y cigarrillos tenían, simplemente, estos dos elementos en común.

Aquí cuenta tres historias tan emotivas como engorrosas entre padres, madres e hijos, aunque en la última de ellas, la que atañe a la hermana y el hermano, los progenitores están ausentes y lo que cuenta es su recuerdo e influencia. Las relaciones a veces tan esquivas o engañosas entre miembros de una misma familia es el tema que Jarmusch desgaja en tres episodios de tonalidades distintas. El director de “Dead Man” (1995) se acerca cada vez más a uno de sus cineastas más admirados, el citado Ozu: maestría en la sencillez expositiva, en la filmación de las cosas simples y perdurables, en la cámara que se mueve lo justo para capturar todo lo que es importante en el encuadre. Conviene no olvidar que el maestro japonés trató en muchas de sus películas el mismo tema, la relación entre padres e hijos, la fractura generacional. Su obra más celebrada, “Cuentos de Tokio” (1953), es un magnífico ejemplo que de un modo u otro Jarmusch ha tenido en cuenta al concebir al menos dos de los tres episodios de su película.

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Tom Waits, Adam Driver, Charlotte Rampling, Vicky Krieps y Cate Blanchett son las presencias más conocidas de un reparto cómplice que ayuda a conferir la sensación de calma –casi siempre tensa– a las historias. Lo mismo ocurre con la distante y minimalista banda sonora compuesta y ejecutada por el propio Jarmusch y Anika (Annika Henderson), cantante y teclista que además versiona el “These Days” que le escribiera Jackson Browne a Nico y el “Spooky” de Dusty Springfield, que también se escucha en una escena en su toma original. Guitarras y pianos eléctricos que parecen sonar escondidos en un cajón acompañan los gestos y las miradas, y especialmente los silencios, con los que Jarmusch nos explica los rencuentros familiares cargados de ironía en el primer caso, de incomodidad en el segundo y de estima en el tercero.

Tres son también los lugares diferentes, pero poco importan las ciudades (Nueva Jersey, Dublín y París) porque las interacciones entre los respectivos personajes acontecen en los espacios cerrados de una casa aislada en la parte rural de Nueva Jersey, otra en el centro de Dublín y un apartamento desamueblado, el del padre de los dos hermanos, en la capital francesa. Jarmusch sigue dialogando muy bien las relaciones más cotidianas, especialmente en la conversación entre los dos hermanos (Driver y Mayim Bialik) que viajan en coche hasta la casa de su padre (un Waits con unos memorables planos finales del episodio) y en los muchos gestos de afecto que se desprenden de las charlas de los dos hermanos parisinos (Indya Moore y Luka Sabbat). En el segmento dublinés, aunque se habla mucho, el conflicto está expresado sobre todo en los silencios o las palabras dichas porque sí de las hijas (Krieps y Blanchet) frente a las miradas tan lacónicas e incisivas de la madre (una estupenda Charlotte Rampling), que las entiende, las enjuicia y de una forma u otra las acepta pese a su evidente desencanto. La elección de algunos intérpretes ejerce un efecto espejo en su obra: no es difícil reconocer en el Driver de “Father Mother Sister Brother” al Driver de “Paterson” (2016); en el irónico Waits de este primer episodio al DJ encarcelado que interpretó el músico en “Bajo el peso de la ley” (1986), y en la Blanchet que da vida a la hermana más tímida del segundo relato a la misma actriz que en “Cousins”, uno de los cortos de “Coffee And Cigarettes”, se desdobló en dos primas, una rubia e introvertida y una morena y desprendida.

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Lo que pasa cuando (aparentemente) no pasa nada. Esto es lo que empezó a filmar Jarmusch en sus inicios con “Vacaciones permanentes” (1980) y “Extraños en el paraíso” (1984) y es lo que continúa haciendo cuatro décadas y media después porque su estilo pivota en buena medida alrededor de los logros e innovaciones narrativas y conceptuales –sus personajes siempre están disponibles para lo que depare el relato, sin muchos lazos ni obligaciones– de aquellas primerizas y ya entonces muy consistentes películas en el Nueva York de la new wave y la no wave. ∎

La familia (y mucho más).
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