“Toy Story 5”, contra la tecnología que todo lo puede.
“Toy Story 5”, contra la tecnología que todo lo puede.

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Hasta el infinito con “Toy Story”: la enésima resurrección de Pixar

El estreno de la quinta entrega de la franquicia “Toy Story” vuelve a cuestionar la vigencia cultural de un estudio cuya historia hubiera sido otra sin Woody y Buzz Lightyear.

En enero de 2006 una operación financiera transformó el status quo de Hollywood: Walt Disney se hizo con Pixar por 7400 millones de dólares en un acuerdo que convirtió a Steve Jobs, director de la compañía además de fundador de Apple, en el mayor accionista individual del grupo.

Aunque esa adquisición supuso un impacto tremendo, no fue más que un punto y seguido de una compleja relación que se empieza a mediados de los ochenta y sigue coleando con cada nuevo estreno del estudio de animación digital. Más incluso si se trata de una nueva entrega –hablamos de “Toy Story 5” (2026; se estrena hoy)– de la saga dirigida por Andrew Stanton, cuya relevancia en la historia de Pixar, de Disney y del cine en general es capital.

Pese a que el emblema de la compañía es el flexo del corto “Luxo Jr.” (John Lasseter, 1986), “Toy Story” es su obra magna. La primera película de la saga, realizada por Lasseter en 1995, no solo se convirtió en la más taquillera de ese año –más de 394 millones de dólares en todo el mundo–, también fue y sigue siendo la única cinta con un Óscar especial de la Academia que la reconoce como el primer largometraje de animación realizado completamente por ordenador. Además, salvó las cuentas de Disney tras la errática dirección de Michael Eisner. En 1991, el estudio –ya con Bob Iger a las riendas– firmó un acuerdo por el que se comprometía a financiar y distribuir hasta tres películas de Pixar a cambio de los derechos de distribución y explotación del merchandising. El negocio le salió redondo, ya que acabaría llevándose el noventa por ciento de los beneficios de las dos primeras cintas sobre Woody y Buzz Lightyear. La secuela, “Toy Story 2” (John Lasseter, Ash Brannon & Lee Unkrich, 1999), recaudó más de 511 millones de dólares a nivel mundial.

Luchando juntos de nuevo: Woody y Buzz.

Los años de expansión

Así pues, “Toy Story” recuperó las cuentas de Disney pero también renovó las narrativas del cine de animación en unos años en los que se comenzaba a celebrar la expansión de lo tecnológico, justo cuando el séptimo arte celebraba su centenario.

Los relatos de Pixar ahondaban en las consecuencias de esta modernización, desde la proliferación de ordenadores, medios digitales y redes de comunicación hasta la ansiedad ante la pérdida de intimidad y contacto humano junto a las nuevas formas tecnológicas de vida. “Toy Story” posee ese ánimo melancólico, pero “Wall·E” (Andrew Stanton, 2008) es más significativa.

John Lasseter y Pete Docter explican cómo animaron “Toy Story”.
Convertida ya en una gran marca tras “Bichos, una aventura en miniatura” (John Lasseter & Andrew Stanton, 1998), “Monstruos, S.A.” (Pete Docter, 2001), “Buscando a Nemo” (Andrew Stanton & Lee Unkrich, 2003), “Los Increíbles” (Brad Bird, 2004), “Cars” (John Lasseter & Joe Ranft, 2006) y “Ratatouille” (Brad Bird, 2007), no es baladí que la primera película producida después de que Disney comprara Pixar fuera “Toy Story 3” (Lee Unkrich, 2010). La acogida de “Up” (Pete Docter, 2009), erigida como clímax creativo y comercial de la compañía, envalentonó al estudio hacia el siempre arenoso escenario de las trecuelas, pero el experimento fue un éxito y hasta la revista ‘Cahiers du cinéma’ la incluyó en su top del año. Habían pasado quince años desde el estreno de la primera entrega, pero los de Lasseter todavía seguían bien engrasados y la tercera aventura de Woody y compañía no solo elevaba a obra de arte el género de las fugas carcelarias, sino que su grand finale y su reflexión sobre la obsolescencia siguen ocupando un lugar especial en el corazón del público.

Una de cal y otra de arena

¿Existe vida después de “Toy Story”? Con ese interrogante se adentraba Pixar en la segunda década del siglo XXI, sometida, ahora sí, a las dinámicas del marco corporativo de Disney, con Lasseter y Ed Catmull convertidos en director creativo de Pixar y Walt Disney Animation Studios y presidente de Walt Disney Animation Studios, respectivamente.

“Toy Story”, el inicio de una amistad.
“Toy Story”, el inicio de una amistad.
Aunque algunas secuelas tuvieron una buena acogida, es el caso de “Buscando a Dory” (Andrew Stanton, 2016), las producciones de la década dejaron un sabor agridulce. “Cars 2” (John Lasseter & Bradford Lewis, 2011), “Monstruos University” (Dan Scanlon, 2013), “Brave (Indomable)” (Mark Andrews & Brenda Chapman, 2012) y “El viaje de Arlo” (Peter Sohn, 2015) provocaron indiferencia, y justo cuando la fe en el estudio comenzaba a flaquear presentaron “Del revés” (Pete Docter, 2015), un relato de iniciación de una niña contado a partir de los múltiples sentimientos que toman voz en su cabeza, pero que muchos también leyeron como una oda del “Pixar Braintrust” en sus tres décadas de existencia.

No es baladí –de nuevo– que la década finalizara con otra entrega –¡y ya cuarta!– de “Toy Story”. Aunque “Coco” (Lee Unkrich, 2017) y “Los Increíbles 2” (Brad Bird, 2018) demostraron que todavía había fuelle para la construcción de mundos nuevos y reformulaciones interesantes de los anteriores, la producción de “Toy Story 4” (Josh Cooley, 2019) reveló las fisuras del núcleo Pixar: lo que en un principio iba a ser una comedia romántica protagonizada por Woody y Bo Peep se reconfiguró en un relato de despedida demasiado parecido a “Toy Story 3”, cuando Lasseter renunció al proyecto y abandonó Pixar en 2018, tras ser acusado de conducta sexual inapropiada y de incomodar a sus empleados con besos y abrazos no deseados. El estreno de “Toy Story 4” salvó los muebles, pero superó de manera muy discreta la taquilla de la anterior: tan solo seis millones de dólares separan a una de la otra película en términos de recaudación.

Identidad versus convergencia corporativa

Está por ver si “Toy Story 5” puede reflotar culturalmente a un estudio que parece haber perdido su magia. Al despido de unos 250 trabajadores tras las reestructuraciones impulsadas por Bob Iger a cuenta de la implantación de Disney+ se suma la recepción irregular de sus producciones durante los años pandémicos.

“Toy Story 5”, un capítulo más de una bonita saga familiar.
“Toy Story 5”, un capítulo más de una bonita saga familiar.

Ni “Onward” (Dan Scanlon, 2020), “Soul” (Pete Docter, 2020), “Luca” (Enrico Casarosa, 2021), “Red” (Domee Shi, 2022), “Lightyear” (Angus MacLane, 2022) o “Elemental” (Peter Sohn, 2023) han entusiasmado, pero es probable que esa indiferencia se deba, en parte, a los cambios enmarcados en el desarrollo del streaming y a la consecuente pérdida de identidad en el ecosistema corporativo. En cualquier caso, la taquilla de Pixar de esta década la ha salvado otra secuela, “Del revés 2” (Kelsey Mann, 2024), que posee el logro de ser la película de Pixar más taquillera de su historia, unos 1698 millones de dólares globales.

Con la respuesta del público en una mano y los números en la otra –“Elio” (Adrian Molina, 2025) o “Hoppers” (Daniel Ching, 2026) apenas han dejado impronta–, tiene sentido que el futuro de Pixar se decline como secuelas y spin-off, en estricta convergencia con las conservadoras estrategias de producción de The Walt Disney Company. En 2028 y 2029 han de llegar “Los Increíbles 3”, a cargo de Brad Bird, y “Coco 2”, dirigida por Unkrich y Adrian Molina, mientras que “Gatto” (Enrico Casarosa, 2027) es la única película original del roster previsto para lo que queda de década. Curiosamente, este filme se anuncia como una obra que combina animación CGI con animación pintada a mano. Más de cuarenta años después, el estudio que rompió las reglas con su apuesta por el digital va a hacer uso del pincel analógico para recuperar el espíritu innovador con el que nació. Desde luego, parece el mundo al revés. Paula A. Ruiz

Una saga en cinco capítulos


“Toy Story”
(John Lasseter, 1995) 

Vista hoy, cuesta acostumbrar el ojo al trazo aún cubista que moldea a los protagonistas de la película, pero la primera aventura del muñeco Woody, la que nos presenta su rifirrafe y posterior amistad con Buzz Lightyear, es una maravillosa fabulación sobre la doble vida de los juguetes cuando los humanos estamos fuera de plano que trastocó para siempre el cine y la cultura pop.


“Toy Story 2”
(John Lasseter, Ash Brannon & Lee Unkrich 1999)

Con más acción e ingenio que su predecesora, la trama del secuestro de Woody a manos del coleccionista de juguetes es brillante, esta segunda entrega refutaba la maldición de las secuelas ofreciendo un relato de los orígenes del protagonista y otra reflexión con la que debatir con la almohada: ¿somos capaces de superar nuestros recuerdos de la infancia o seguimos parapetándonos en una nostalgia estéril? 


“Toy Story 3”
(Lee Unkrich, 2010)

Si dejar atrás la infancia es difícil, mucho más lo sufren los juguetes de la niñez. Era inevitable que Andy creciera y se marchara de casa, aunque Woody y compañía hubieran deseado lo contrario. La irreversibilidad del tiempo es el melancólico escenario en el que Unkrich desarrolla otro viaje iniciático, con parada en una siniestra guardería controlada por un oso de peluche diabólico y un apabullante clímax al borde de las llamas.


“Toy Story 4”
(Josh Cooley, 2019)

Casi veinticinco años después de la cinta original, esta cuarta entrega ha de verse como el culmen de la animación digital de Pixar, resultado de su constante experimentación con texturas, contornos y luces renderizadas. Puede que la historia –que reincide en la idea de la despedida– contradiga algunas cosas de las películas anteriores, pero formalmente es increíble. Su clímax en el parque de atracciones es espectacular y Forky, el gran hallazgo. ∎

Es demasiado tarde para parar ahora


“Toy Story 5”
(Andrew Stanton, 2026)

Que las nuevas tecnologías han servido para estar más conectados es sabido por todos. Que esa hiperconexión ha venido acompañada paradójicamente de una mayor sensación de soledad, bien lo saben también los guionistas Andrew Stanton y McKenna Harris, quienes en esta cuidada y concienzuda entrega abordan el tema central de la saga –el miedo al abandono– desde los tiempos de los chats de grupo y la presión social. Tan divertida como acertada en su sensiblería y con un significativo desplazamiento del protagonismo en el personaje de Jessie, aquí Pixar demuestra guardar la batería suficiente para seguir construyendo capas sobre una de sus franquicias más sólidas, hasta el infinito y más allá. ∎ 

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