Hay autores cuya personalidad, imagen y vida parece que pueden llegar a opacar su obra, y seguramente sea el caso de Samuel Beckett (1906-1989), novelista y dramaturgo irlandés de producción oscura y experimental, vinculado a diversos movimientos de vanguardia y al teatro del absurdo. El tándem creativo formado por Jorge Carrión (Tarragona, 1976) y Javier Olivares (Madrid, 1964) ya había abordado el mismo ambiente intelectual y artístico europeo que frecuentó Beckett en el interesante “Warburg & Beach” (Salamandra Graphic, 2021). Pero, en este nuevo proyecto, la dicotomía que sirve como motor narrativo no se establece entre dos figuras distintas y complementarias, en cierta forma, sino que se centra en la dualidad que reside en Samuel Beckett: “Samuel & Beckett” alterna los pasajes centrados en la vida del escritor con aproximaciones a algunas de sus obras más conocidas, de manera que la estructura del libro, si bien es cronológica, establece con esta alternancia una cadencia muy concreta que nos obliga a entrar y salir del personaje, evitando el sentimentalismo y situando la obra en el ejercicio intelectual.
De hecho, lo que Carrión plantea no es un biopic ni una biografía didáctica al uso, de manera que no intenta reconstruir un retrato verosímil de Beckett, sino transitar algunos aspectos clave de su vida y su obra desde las fuentes disponibles. Es, más bien, un ensayo narrativo, “un ejercicio de imaginación documental y de retrospectiva artística”, como reza la nota de los autores al final del cómic. Así, la voz del propio Beckett se entrecruza con la de algunas de las personas que lo trataron, como James Joyce o Peggy Guggenheim; en otras ocasiones, se dramatizan brevemente algunos sucesos, como el encuentro de Beckett con Buster Keaton, que fructificaría en el cortometraje “Film” (Alan Schneider, 1965), la recepción de la carta que anunciaba que se le otorgaba el Premio Nobel de Literatura, en 1969 –“Es una catástrofe”, dice Beckett cuando se entera–, o, por supuesto, su experiencia en la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial y el impacto del descubrimiento de los campos de concentración, que marcaría su obra y lo orientaría ya definitivamente a la exploración del sinsentido y la carencia de significado de la vida, quizá compartiendo las preocupaciones de Theodor Adorno sobre qué tipo de literatura puede escribirse después de Auschwitz.
Para todo ello, Carrión cuenta con la complicidad absoluta de un Olivares en el mejor momento de su carrera, con pleno dominio de sus herramientas narrativas, que exhibe recursos muy variados en las páginas de “Samuel & Beckett”, desde la sencilla visión frontal de un personaje que explica su relación con Beckett, como si estuviera concediendo una entrevista, a un mapa de París con el trazado laberíntico que representa la red de informantes de la resistencia durante la guerra, pasando por algunas páginas en las que emplea una de sus estrategias más habituales: la arquitectura como forma de organizar la secuencia. Olivares, abiertamente partidario de un sentido narrativo antirrealista, alejado del ilusionismo de la perspectiva y las tres dimensiones, concibe el cómic como un lenguaje de representación simbólica, lo cual sabe que lo emparenta con el teatro: de ahí que sea el dibujante ideal para acercarse al mundo creativo de Beckett.
Bien compenetrados, ambos autores parecen de acuerdo en dar un papel protagonista a las imágenes. Los textos, bien ajustados y de ritmo notable, se extienden más cuando se trata de dejar hablar a los personajes, pero se contienen mucho en las secuencias más introspectivas, con algunas páginas prácticamente sin palabras. El estilo del autor de “Esperando a Godot” (1952), poco dado a la floritura retórica y cada vez más parco a medida que Beckett envejecía, encaja muy bien con este enfoque. Olivares es consciente, como demuestra ya desde la ilustración de cubierta, de la rotundidad icónica de la imagen de Beckett y la explora en una serie de modulaciones del estilo que recuerda a las que llevaba a cabo con Velázquez en “Las meninas” (Astiberri, 2015, junto con Santiago García). Pero el gran hallazgo visual en este libro tiene que ver, de nuevo, con la visión teatral del cómic. Olivares idea una “compañía estable gráfica” de teatro a la que dota de una serie limitada de elementos que presenta al principio: máscaras, cuerpos, manos, algunos muebles y otros cacharros de atrezo que el dibujante combina en dobles páginas que representan diferentes novelas y obras de teatro de Samuel Beckett. Se trata de una inteligente forma de emular la limitación de medios que acompaña casi siempre al teatro, y permite a Carrión y Olivares componer iconografías muy potentes, representaciones conceptuales y sintéticas de las creaciones de Beckett que funcionan casi como carteles de las obras y que resumen su argumento o contenido temático.
Este recurso, sin embargo, también pone de manifiesto otra cuestión: la obra se disfruta mucho más si, al menos, se han leído algunas de las obras que aparecen y se sabe algo de la trayectoria de Beckett. El relato más o menos histórico se sigue con facilidad, pero, cuando se entra en el terreno conceptual, parece claro que un lector o lectora con más conocimiento sobre el tema recibirá este cómic de una forma más rica. Esto, lejos de ser visto como un defecto, es en realidad algo que alabar. Demasiado a menudo los cómics biográficos pretenden ser accesibles para todo el mundo, una “puerta de entrada” a la vida del protagonista que tiende a la superficialidad y a la sobreexplicación. “Samuel & Beckett” no parece tener la intención de ser especialmente accesible, ni una lectura inicial para quien quiera saber más de Beckett: para eso en realidad ya está su obra. Aquí se trata de explorar su figura desde lo subjetivo, desde la potencia de la imagen y la riqueza representacional que ofrece el cómic. Lejos de arrojar luz sobre su figura, se trata de explorar su opacidad. ∎