Película

Jim Queen

Marco Nguyen & Nicolas Athane

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Las almas queer que hayan crecido viendo animaciones adultas como “Los Simpson” (Matt Groening, Sam Simon y James L. Brooks, 1989-) o “Padre de familia” (Seth MacFarlane, 1999-) han tenido que cruzar océanos de tiempo hasta encontrar referentes en la pantalla que deconstruyan a la familia heteronormativa o la actitud patriarcal del héroe, perpetrada sistemáticamente con emisiones diarias. Por suerte, vientos de cambio soplan de un tiempo a esta parte en territorios occidentales, pues el anime lleva años de ventaja en términos de representación de la diversidad afectivo-sexual.

Festivales de clase alta comienzan a valorar apuestas de corte indie, es decir, con un presupuesto ajustado y sin grandes estudios detrás, como “Princesa lesbiana del espacio” (Emma Hough Hobbs & Leela Varghese, 2025) en la Berlinale, “Flee” (Jonas Poher Rasmussen, 2021) en Annecy, o “Jim Queen” (2026; se estrena hoy) en la Sección Oficial fuera de concurso de Cannes.

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La animación de Marco Nguyen y Nicolas Athane parece beber de otras referencias de los noventa y principios de los dos mil, inapropiadamente etiquetadas como “animación de chicas”. Véase “Pepper Ann” (Sue Rose, 1997-2000), que para ser una producción de la siempre recatada Disney se atrevía a bromear con los cambios hormonales adolescentes, o “Las Supernenas” (Craig McCracken, 1998-2004). Producciones que no temían traer al frente del relato la feminidad de sus protagonistas mientras intentaban salvar el mundo (o su propio mundo).

La francesa “Jim Queen” navegaría por las mismas aguas, con un tono picante y la óptica de las más de dos décadas que los separan. Para bien o para mal, hoy en día resulta noticiable que los personajes queer pasen del eterno segundo plano al protagonismo, y la cinta animada de Nguyen y Athané se posiciona consciente de ello: utiliza los códigos de una alocada aventura de proporciones épicas para retratar, con cierta parodia y otro tanto de justa realidad, el endogámico mundo gay de una gran ciudad como París. En ella, Lucien (Jéremy Gillet), un joven twink enclaustrado en el armario, sueña con conocer al musculoso influencer Jim Parfait (Alex Ramirès). Un virus que provoca la conversión de homosexuales en heterosexuales amenaza a Jim con arrebatarle todo cuanto ha construido su fama, y necesitará la ayuda de Lucien para dar con la cura que lo salve de la impopularidad.

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Frente a una animación humorística de rebosante sexualidad, de colores pastel y glúteos henchidos, el guion no resalta por su gran originalidad, pero sí por la genialidad con que consigue algo tan complicado como es mantener el chiste sobre los clichés gais durante su casi hora y media de duración. A veces perversa, y a veces inocentona en su previsibilidad, la película no cae en la autocomplacencia, y reparte bofetadas a todas las tribus retratadas. También las dedica a la tendencia normativa del colectivo gay, con irónicos comentarios sobre el entrenamiento físico obsesivo, las enfermedades de transmisión sexual, el chemsex o la elusión del resto de colores de la bandera LGTBIQ+: aquí, como en muchos entornos supuestamente inclusivos, ni se les ve ni se les espera.

En este juego autocrítico, resultan punzantes los números musicales esparcidos por el filme, que bromean veladamente con los referentes más directos de Disney, toda una declaración de intenciones contra el relato históricamente predominante. Lástima que el filme no mantenga esa consistencia: como la cantidad de momentos musicales, la energía de la aventura se diluye a medio camino, para recuperarla finalmente en una batalla final con moralina antifascista.

En una placentera revolución personal, la cachonda (en todos los sentidos) “Jim Queen” pretende cortar las cabezas de la extrema derecha que reniega de la libertad sexoafectiva e identitaria, y dictamina que una comunidad del respeto será inclusiva o no será. Ojalá el mensaje no quedase limitado al público con el que una propuesta de este perfil ya cuenta de su lado. ∎

Recalculando ruta: normalizando.
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