George Perec, maestro de la experimentación literaria y de la narración construida como un puzle, elevó el cálculo combinatorio y el juego lingüístico a la categoría de arte. Suyo es “9691, Edna D’Nilu” (1970), intraducible palíndromo de 1247 palabras y 5566 letras que puede leerse del derecho y del revés. No solo es un ejercicio de estilo e ingenio, que también, sino una ejemplar demostración de que, en el noble arte del palíndromo, la simetría de lectura debe pasar suficientemente inadvertida para no quedar diluida en el mero efecto del artificio.
Seguramente Perec hubiera disfrutado, con esa mirada y sonrisa siempre dispuestas al asombro, de “Palindrotiras”, un experimento en redes sociales de José Pablo García (Málaga, 1982), dibujante e historietista al que se acabaron uniendo ilustres equilibristas del lenguaje como Raúl Ortiz y Roberto Sánchez (Peramento), y en el que se repasa la actualidad a golpe de palíndromo. García ya había experimentado previamente con las posibilidades del texto reversible, musicando algunos de sus palíndromos más logrados.
“Palindrotiras” (Autsaider, 2025), pese a su nombre, no se limita a ser un “grandes éxitos” del equipo que se encuentra detrás de la cuenta homónima en redes sociales. Es un proyecto individual, mucho más ambicioso, que apuesta por la disposición de viñetas y páginas del cómic y sus posibilidades visuales para crear una narrativa completa que eleva los palíndromos a un territorio nuevo, el del arte secuencial; un hallazgo que, al menos hasta la fecha, está felizmente fuera del alcance de las garras algorítmicas de la inteligencia artificial.
En “Las aventuras de Joselito. El pequeño ruiseñor” (Reino de Cordelia, 2015), García apostó por dotar a cada uno de los capítulos de un estilo gráfico diferente, de la narrativa manga de Osamu Tezuka al aguerrido blanco y negro de Alberto Breccia. Este ADN mortadélico, que seguía la senda de experimentos previos de autores como Daniel Clowes, constituye una de las señas de identidad de “Palindrotiras”. En su prólogo, propone un ficticio recorrido milenario por la historia del palíndromo gráfico que se remonta a Sótades de Maronea, apodado “el obsceno”, y con el que se intenta abarcar desde la Grecia clásica hasta la consolidación de la historieta cómica, los álbumes ilustrados y los anuncios publicitarios.
Se trata, naturalmente, de un ingenioso trampantojo literario con el que el autor parece sacudirse de encima el rigor historiográfico al que se vio obligado para adaptar al cómic algunos libros emblemáticos del hispanista Paul Preston, como “La guerra civil española” (Debate, 2016) o “Franco” (Debate, 2024). En este “Palindrotiras” la variedad de estilos y voces proviene de una única firma, la de García, que lleva a cabo una inmersión mimética en decenas de estilos y autores emblemáticos de la historieta e ilustración española o internacional. Rizando el rizo, cada uno de estos palíndromos respeta las texturas, trazos e ingenio cómico del autor o estilo homenajeado, así como la huella visual asociada a los mismos, sin perder nunca el sello propio de García. Este triple salto mortal con tirabuzón consigue bajar a ras de tierra la naturaleza surrealista del palíndromo y hacer que no solo encajen de manera lógica conceptos aparentemente incompatibles desde el punto de vista visual, sino que gags y secuencias cómicas resulten coherentes e hilarantes y profusas en niveles de significado.
Así, en una tira uno de los malencarados antisistema que poblaron “Pedro Pico y Pico Vena” (1984-), de Azagra, exclama “¡Voto lo Molotov!” mientras huye de un palacio de congresos en llamas; en otro de los guiños, que versiona una tira de Garfield, García recrea un intercambio verbal entre su hastiado propietario y el mordaz felino: “¡No jodas! -Nací cansado, Jon”. A veces, el juego de citas se engalana para reinterpretar un lienzo de Gutiérrez Solana en el que Ramón Gómez de la Serna, comandando la tertulia del café Pombo, recita una inédita greguería en forma simétrica. Los homenajes que salpican “Palindrotiras” son inagotables: desde la imaginería de la cerámica griega y los mosaicos romanos a los clásicos de la tira de cómic moderna como “Calvin & Hobbes” (1985-1995); de Mingote a Mauro Entrialgo; de ‘Hermano Lobo’ a ‘The New Yorker’; de la generación Bruguera al cómic pulp. Hay tantos homenajes como viñetas, pero destriparlos aquí sería un crimen de primer grado. El placer de “Palindrotiras”, una vez atravesado el umbral del palíndromo (¡sé verlas al revés!), reside en ir decodificando cada alusión, en rendirse a esa hilatura interminable de estilos, ecos y reflejos que se anudan en un metalenguaje visual colmado de resonancias y sutilezas, entre la acidez sociológica (“el bulo vomitivo lo vi timo voluble”) y el descacharre escatológico. El resultado final es un artefacto pop travieso y erudito, mitad homenaje y mitad laboratorio. Una investigación ficticia que se desborda en humor, ingenio y pura alegría gráfica. ∎