Cómics

Kelly Thompson - Hayden Sherman - Jordie Bellaire / Gerry Conway - José Luis García López - Dan Adkins

Absolute Wonder Woman nºs 1-5 / Superman vs. Wonder WomanPanini, 2025

Diana de Themyscira irrumpe en escena en el primer número de Absolute Wonder Woman” (2024; Panini, 2025, traducción de Santiago García) a lomos de un espectral caballo Pegaso, recubierta por una armadura y casco infernales y blandiendo una espada descomunal. Al descender a tierra, y tras valerse de la sangre de sus enemigos como pintura de guerra y esbozar una perturbadora sonrisa, conjura un hechizo oscuro para aniquilar a las criaturas que han invadido Gateway City. Tres páginas brutales que parecen anticipar una reinterpretación violenta y nihilista de la heroína, en línea con el tratamiento al que DC ha sometido a otros iconos como Batman o Superman en su aplaudido nuevo universo Absolute, creado a imagen y semejanza del supervillano Darkseid. Sin embargo, el primer flashback –de los muchos que contiene el primer arco narrativo de cinco números– despliega una historia mucho más ambiciosa, compleja y emocional de lo que cabría esperarse: un relato sobre los límites de la resiliencia humana cuando el entorno parece estar diseñado para quebrar las voluntades más fuertes.

Durante años DC ha intentado, sin demasiada fortuna, replicar la fórmula Ultimate de Marvel atendiendo exclusivamente a su espíritu: un reseteo imaginativo de los personajes en un universo paralelo y libre del peso de la narración canónica. El acierto del nuevo universo Absolute de DC reside en haber reunido equipos creativos a la altura de míticas duplas responsables de su inspiración marveliana, como Brian Michael Bendis y Mark Bagley (“Ultimate Spider-Man”) o Mark Millar y Brian Hitch (las primeras sagas de “The Ultimates”).

La sinergia en “Absolute Wonder Woman” entre la guionista Kelly Thompson y el dibujante Hayden Sherman, dos talentos en ebullición creativa, no tiene nada que envidiarles. Su trabajo convierte al título en lo mejor del lote Absolute DC hasta el momento. El planteamiento de la serie pivota sobre un relevante cambio fundacional respecto al origen del personaje: en esta relectura del mito creado en 1941 por el guionista William Moulton Marston y el dibujante H. G. Peter, Diana no crece entre amazonas, que han sido esclavizadas por Zeus. Los dioses griegos la han abandonado a su suerte en el Inframundo, despojándola de su linaje y condición.

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Thompson se vale del uso libre y simbólico del panteón mitológico como herramienta narrativa. La hechicera Circe –archienemiga de Diana en la continuidad tradicional de Wonder Woman, pero aquí figura independiente y empoderada– se convierte a su pesar en madre adoptiva de la heroína, que crece entre monstruos y magia negra, pero conserva intacto su sentido de la compasión, capaz de transformar a aquellos que la rodean. Este contraste brutal entre un mundo devastado y sin esperanza y el amor genuino e inquebrantable que Wonder Woman encarna constituye el núcleo emocional de un título que bascula entre espectaculares secuencias de acción –no necesariamente superheroica– y un discurso emocional que explora los vínculos afectivos de la maternidad y el sacrificio por los demás, reivindicando la sororidad como antídoto a estos tiempos oscuros.

Pocas guionistas de cómic contemporáneo dominan como Kelly Thompson el difícil equilibrio entre una caracterización precisa de los personajes y una acción de alto voltaje; un talento que le valió en 2021 un Eisner Award por su trabajo en el volumen 8 de “Viuda Negra”, y que vuelve a desplegar aquí con una Wonder Woman profundamente humanista, feroz guerrera y orgullosa bruja, cuyas artes diplomáticas solo son equiparables a su inagotable arsenal de armas: hasta tres lazos de usos insólitos y una serie de hechizos que se revelan de forma progresiva en cada combate.

El primer gran antagonista de la serie es el Tetracida, una criatura silente de escala ciclópea más cercana a un kaiju o a una visión lovecraftiana que al panteón clásico de villanos de la heroína. El enfrentamiento se cocina a fuego lento, lo que permite introducir con naturalidad al elenco secundario, ahondar en el pasado de Diana y sentar las bases de futuros conflictos. Este equilibro entre lo colosal y lo íntimo encuentra su réplica en el trazo expresivo de Hayden Sherman, que aplica el cuaderno de estilo de su admirado Moebius a la hora de componer las páginas: viñetas verticales y de estructura irregular y sinuosa para las escenas de acción y horizontales para los momentos introspectivos o retrospectivos. Ejemplar, en este sentido, la secuencia de doce viñetas apaisadas que muestra cómo la árida cueva donde crecen Diana y Circe se transforma, poco a poco, en un hogar cálido. Igual de inspirado se muestra Sherman, con un coloreado a su altura ejecutado por la galardonada Jordie Bellaire, a la hora de dar vida a esta Diana atípica, de nariz ganchuda y gran envergadura, cuya fiereza en combate puede tornarse en una serena humanidad con apenas un mínimo cambio de expresión entre viñetas.

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Esta saga reescribe con acierto muchos de los hallazgos de los primeros números de la legendaria etapa (1987-1992) de George Perez al frente de Wonder Woman, que devolvió a la heroína su dignidad tras años de maltrato editorial y volantazos narrativos. No es el caso de esta joya de otros tiempos, ahora reeditada: el facsímil de Superman vs. Wonder Woman” (1977; Panini, 2025, traducción de Gonzalo Quesada), un one-shot de Gerry Conway y el español José Luis García López (Pontevedra, 1948) que captura el tránsito de DC entre la ingenuidad de la Edad de Plata del comic book (años sesenta) y las nuevas sensibilidades políticas y sociales que trajeron los setenta.

La historia, impresa en un tebeo grapado de formato XXL inspirado en el exitoso “Superman vs. El asombroso Spider-Man” (1976, Gerry Conway, Ross Andru y Dick Giordano), está ambientada con licencias en el universo DC de Tierra-2 durante la II Guerra Mundial. Una decisión creativa que no impide a Gerry Conway, guionista de Wonder Woman en el período en que se publicó la obra, aplicar aquí sus recetas del momento: tramas de espionaje internacional mezcladas con apuntes sociológicos y pinceladas de feminismo de segunda ola.

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Al volver a examinar esta historia hoy, resulta llamativo cómo a pesar de ser Superman el héroe emblema de DC, Conway desplaza el centro de gravedad hacia la Mujer Maravilla, quien adopta una postura activa y decidida frente al absurdo de la guerra “masculina” y el Proyecto Manhattan, que ambos descubren antes de su finalización. En contraste, el Hombre de Acero aparece en un rol secundario, reducido a la figura de un agente del gobierno pasivo y obediente, alineado con el statu quo. Diana encarna aquí la verdadera fuerza moral del relato, en un contexto editorial aún dominado por superhéroes masculinos.

No es el único atractivo de este “Superman Vs. Wonder Woman”, que supone una magnífica oportunidad para disfrutar en buena calidad de papel y colores del arte magistral de José Luis García López (con elegantes tintas de Dan Adkins), cuyo dominio anatómico y sentido de la puesta en escena resalta aún más en las impactantes dobles splash pages que abundan en la obra. ∎

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