Tras conquistar el campeonato argentino de 1982 con Estudiantes de La Plata, Bilardo era el entrenador de moda en Argentina y a nadie le sorprendió que fuera nombrado seleccionador albiceleste con el objetivo de recuperar el cetro mundial ganado en 1978 y lastimosamente perdido en 1982. Entre las obsesiones de este técnico de la vieja escuela para lograr su objetivo, había una que le generaba TOC de manera especial: combatir la altitud y el calor que sospechaba que sus futbolistas sufrirían en los siempre bochornosos veranos mexicanos. Y entre las muchas decisiones peculiares que adoptó, pidió a los seleccionados que llegaran a México con dos kilos de más sobre su peso óptimo. A su entender, y de entrada había que creerle porque había estudiado medicina aunque su especialidad era la ginecología, los perderían con la altitud. Dicen que, incluso ya en pleno torneo, se pasaba por las habitaciones de los futbolistas con bandejas de choripán.
“No había sofisticación nutricional en aquella concentración”, recordaría años después Jorge Valdano.
“De los once que jugamos contra Inglaterra, diez desayunamos con Coca-Cola”. La otra gran inquietud de Bilardo eran las camisetas con que jugaría su equipo. Desde una gira en verano de 1979 por Alemania Federal y Yugoslavia, al combinado argentino lo vestía Le Coq Sportif, pero Bilardo no estaba contento con la marca francesa. Consideraba que sus camisetas de algodón eran demasiado gruesas, demasiado calurosas. Una desventaja respecto a muchas otras de las grandes selecciones, que ya vestían remeras diseñadas con tejidos más ligeros.