Serie

La maldición de Widow’s Bay

Katie DippoldT1, Apple TV+
https://assets.primaverasound.com/psweb/yhg2zb04291win92hzip_1782374173587.jpg

En una época en la que muchas series parecen diseñadas a partir de una hoja de cálculo (una pizca de nostalgia, una franquicia conocida y un puñado de giros preparados para las redes sociales), “La maldición de Widow’s Bay” (2026-) resulta una rareza. No porque reinvente la televisión ni porque descubra territorios inexplorados, sino porque recuerda algo que a menudo se olvida: que los géneros funcionan mejor cuando se mezclan sin complejos.

La nueva serie de Apple TV+ (planteada como miniserie, pero renovada por una segunda temporada visto el éxito) arranca como una historia de pueblo maldito. Una pequeña isla de Nueva Inglaterra arrastra siglos de desgracias, supersticiones y rumores imposibles de verificar. Su alcalde, Tom Loftis, interpretado por el favorito catódico Matthew Rhys, intenta convertir el lugar en un destino turístico moderno mientras lucha contra la reputación siniestra que persigue a la comunidad. Naturalmente, las cosas no tardarán en torcerse.

Lo interesante es que “La maldición de Widow’s Bay” nunca se contenta con ser simplemente una serie de terror. Tampoco una comedia. Se mueve constantemente entre ambos registros y lo hace con una naturalidad sorprendente. Hay momentos que recuerdan a los relatos clásicos de Stephen King, otros que parecen sacados de una sitcom de oficina –“Parks And Recreation” (Greg Daniels y Michael Schur, 2009-2015) como referencia más obvia– y, de repente, una escena inquietante aparece para recordarte que algo muy oscuro se esconde bajo la superficie.

https://assets.primaverasound.com/psweb/19vmgds1f3cbqb5r4vb7_1782374160107.jpg

La serie creada por Katie Dippold juega con referentes muy reconocibles. Hay ecos de “Twin Peaks” (Mark Frost y David Lynch, 1990-2017), de “La niebla” (John Carpenter, 1980), de “Tiburón” (Steven Spielberg, 1975) e incluso de esas películas de terror de los años ochenta donde el miedo convivía con cierto sentido del humor. Pero lo hace sin convertirse en un simple catálogo de homenajes. Las referencias están ahí, aunque funcionan más como parte del paisaje que como una búsqueda desesperada de reconocimiento por parte del espectador.

Gran parte del mérito recae en sus personajes. Tom podría haber sido el típico alcalde incrédulo condenado a repetir errores evidentes, pero Matthew Rhys le aporta suficiente humanidad para convertirlo en alguien más complejo. Es testarudo, sí, pero también vulnerable. Quiere proteger a su comunidad aunque ni siquiera comprenda del todo aquello contra lo que está luchando.

A su alrededor se mueve un reparto secundario excelente. Kate O’Flynn, como Patricia, se convierte poco a poco en el corazón emocional de la serie. Stephen Root –te descojonaste con él en “Barry” (Alec Berg y Bill Hader, 2018-2023)– aporta una mezcla perfecta de cansancio, humor y melancolía como Wyck, el vecino obsesionado con las leyendas de la isla. Incluso los personajes más excéntricos tienen algo que los hace parecer personas reales y no simples piezas al servicio del misterio.

https://assets.primaverasound.com/psweb/yy9315rfady3n3qx8cbq_1782374144798.jpg

Y ese misterio funciona. No porque sea especialmente revolucionario, sino porque está construido con paciencia. La serie entiende que los enigmas son más interesantes cuando afectan a personas concretas. Cada revelación modifica relaciones, amistades o vínculos familiares. Los secretos importan porque cambian la vida de quienes los descubren.

La recta final de la temporada eleva todavía más la apuesta. Lo que parecía una historia sobre fantasmas, maldiciones y fenómenos extraños termina convirtiéndose en una reflexión bastante incómoda sobre el sacrificio y la responsabilidad. Sin abandonar nunca el humor, la serie plantea preguntas morales que resultan mucho más difíciles de responder de lo que cabría esperar en una producción que también incluye monstruos, nieblas sobrenaturales y campanas malditas.

Puede que “La maldición de Widow’s Bay” no sea perfecta. Algunos giros son un poco forzados y ciertos episodios podrían haber sido más breves. Pero son defectos menores dentro de una propuesta que tiene algo cada vez más raro: personalidad. En lugar de intentar parecerse a otras series de éxito, construye su propio tono y confía en que el espectador la siga. Al final, lo mejor no es el misterio ni los sustos. Es la sensación de estar pasando tiempo con personajes que apetece volver a ver la semana siguiente. Y eso, en televisión, sigue siendo una de las formas más efectivas de magia. ∎

Terror local.
Etiquetas
Compartir

Lo último

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.