Película

¡La novia!

Maggie Gyllenhaal

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Sorprende ver cuán lejano se encuentra el segundo largometraje de Maggie Gyllenhaal como directora de su ópera prima, “La hija oscura” (2021). Aquella adaptaba el relato original de Elena Ferrante, y ponía temas sensibles como la maternidad, la sexualidad y el trauma en el centro de una conversación dramática tan intimista como contundente. Abanderada de un cierto feminismo, podría esperarse que “¡La novia!” (2026, se estrena hoy) se dirigiese por unos mismos derroteros, aunque la cineasta, que aquí escribe y dirige, partiese desde un lugar tan apartado de su anterior obra, como es el fantástico.

El hecho de escoger a los personajes de Mary Shelley, autora que ya convive con el imaginario como mujer adelantada a su tiempo, y que Gyllenhaal ha resucitado de entre los muertos, como a los protagonistas de “Frankenstein o el moderno Prometeo” (1818), podría haber establecido una oportuna nueva visión sobre el clásico literario. Sin embargo, la guionista ha dado rienda suelta a su imaginación, adaptando una secuela imposible de aquel texto, en la que el popular monstruo llega vivo a los años treinta del siglo XX.

“¡La novia!” recupera aquel deseo de un Prometeo ya viejo, de acabar con su soledad mundana gracias a una semejante. De ahí que Frank (Christian Bale) busque su consuelo en una doctora (Annette Bening) lo suficientemente loca como para practicar “la revitalización” con una recién fallecida, con quien pueda mantener un contacto físico y sentimental. El destino desentierra a Ida (Jesse Buckley), llamada a convertirse en esa novia sin nombre poseída por el espíritu perdido de Mary Shelley, y por un momento parecería que Gyllenhaal hubiese puesto sobre los raíles un divertido relato sobre la búsqueda de la identidad, la cosificación y las ficciones sexistas.

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El exceso, el atrevimiento y el disfrute se materializa en su prólogo a través de una gran teatralidad, con la que tal vez sea una de las mejores secuencias del filme. Buckley, en una soberbia muestra de sus capacidades escénicas tras “Hamnet” (Chloé Zhao, 2025), se entrega desde el minuto cero a un delirante texto que consigue atraer todas las miradas, diegéticas y extradiegéticas. Poco después, el guion pierde fuelle en cuanto se adentra en una persecución con grandes ecos de “Bonnie y Clyde” (Arthur Penn, 1967), en el que el destino de esa novia con exclamaciones se va eclipsando por el de los deseos de su compañero de ruta, por una vaga intriga sobre la mafia de Chicago y por dos detectives sin demasiado carisma, interpretados por Peter Sarsgaard y Penélope Cruz.

Se intuye en la trama cierta intencionalidad de humanizar a unos monstruos anhelantes de amor, pero sus pulsiones más primarias les entregan a un excentricismo moderado, lo suficiente como para erigirse como antihéroes de la historia. La película en sí convive en ese equilibrio que ojalá terminase de decantarse por el gamberrismo. La reafirmación de su protagonista en una novia sin identidad la acerca más a un cuento de orígenes de villana –algunas secuencias de fanatismo popular trasladan al “Joker” (Todd Phillips, 2019) de Joaquin Phoenix–, e incluso al inicio de una franquicia hollywoodiense, que a una subversión del relato original de Shelley. En este complejo cadáver exquisito de Gyllenhaal se evidencia una intencionalidad de jugar en ligas propias del mainstream, pero no se vislumbra demasiado rastro de aquella personalidad que cautivó en su cine años atrás. ∎

Novia a la vista.
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