Libro incómodo de leer que vas devorando rápido. 221 páginas. Te podrán parecer poco más de la mitad. Libro que va saltando de una herida a otra, metiéndose en ellas (de ahí el título, imagino). Todas abiertas. Libro sobre secuestradas donde no se hacen prisioneras, porque ellas no pueden ni responderle a nadie, solo aguantar y obedecer, algunas llevándolo mejor que otras. Y todas, si responden, hostiadas. Y las que lo llevan y responden peor, siendo peor que hostiadas. Libro sobre la violencia en México contra las mexicanas, sobre la trata de blancas, los feminicidios y la pedofilia. Sobre las desapariciones forzadas y la prostitución infantil. Sobre la ley sin ley. Y la no esperanza. Sobre esa realidad que hace algunos años flotó en la superficie de la actualidad, la de bandas que operaban en Puebla y Tlaxcala y secuestraban, forzaban y vendían a muchachas del lugar, para luego no saberse más de ellas.
Libro incómodo, decíamos. Pero necesario y valiente, por mirar donde mira. Y bien bueno, con una escritura que te agarra y no te deja ir, que es cercana pero no sumisa ni se esconde, que tiene sus arranques de carácter (página 164: “La música era fuerte, salsa o cumbia, no sé cuál es cuál porque ninguna me gusta y son lo mismo”). Su autora, Laura Baeza (1988), natural de Campeche, en el Golfo de México, madre de cuatro libros de cuentos y dos novelas y con treinta años de edad aún no cumplidos, nos zambulle en el dolor y la incertidumbre y ahí nos deja flotando. Para que vayamos viéndolo todo a través de la mirada de, mayormente, sus dos protagonistas, la adolescente Lucero y Dolores, madre de otra adolescente, Nancy, compañera de clase de Lucero. Para que vayamos sintiéndolo todo a través de su creciente horror. Para que entendamos, es la clave, que como ellas hay muchas, vivas o muertas. Las voces secundarias que van apareciendo en “El lugar de la herida” (2024; Alfaguara, 2025) las subrayan.
Libro crudo sobre la supervivencia en circunstancias extremas. Sobre meter las manos en los guantes del otro y los pies en sus zapatos. Sobre qué harías tú ahí dentro. Cómo aguantarías. Qué traicionarías y qué no, a quién sí y a quién no, con qué y con quién serías cómplice para recuperar la libertad que has entregado o que te han arrebatado por un exceso de confianza, vanidad o amor. Viñetas que se nos muestran con un péndulo que oscila entre una intimidad afectuosa y la brutalidad, sin diálogos, solo con pensamientos y recuerdos, sin maquillajes que resten ansiedad al relato. Hasta el punto de que si te dejas agarrar fuerte por la trama puedes llegar a sentir su violencia. Y el tacto de su autenticidad. ∎