El dibujante y escritor Marcos Prior (L’Hospitalet de Llobregat, 1975) presenta su primera obra larga en catalán. “Droga a la lluna” (Finestres, 2026) es un nuevo ataque frontal contra el sistema capitalista por un autor que no ceja en su empeño de señalar al emperador desnudo. En esta ocasión, a través de un desquiciado zapping que comienza con la siguiente última hora: han encontrado droga en la luna y el magnate tecnológico Elon Mask (sic) se ha interesado por comprar el satélite. Así está la cosa.
En “El año de los 4 emperadores” (Diábolo, 2012), Prior preconizaba la debacle de la sociedad occidental encabezada por unos Estados Unidos entregados a la política espectáculo. Catorce años después, uno casi diría que se quedó corto, así que no queda otra que pisar el acelerador. El de Hospitalet vuelve al formato apaisado que ya utilizó en “Gran Hotel Abismo” (Astiberri, 2016), que le sirvió a su entonces compañero en el dibujo, David Rubín, como plataforma para su espectacular lucimiento. En esta ocasión, Prior se encarga de los lápices y la decisión responde más a una necesidad semántica. “Droga a la lluna” no se lee, se mira a través de un remedo de tableta digital que vomita “contenido”.
En las páginas del libro se suceden noticias aparentemente descabelladas que, de ocurrir en nuestra realidad contemporánea, tampoco creemos que desentonasen demasiado: el ya citado hallazgo de la droga en la Luna, la aparición de unos tests de antígenos explosivos o el ataque de unos monos locos en el Museo del Prado. Los mass media, escoradísimos a la derecha y completamente entregados a su papel de desinformadores, desorientan todavía más al lector-espectador de un eterno noticiario en permanente estado de alarma. Ante tal panorama, la única opción de resistencia activa se encuentra en el hackeo. Rememorando al catódico Max Headroom (al que se cita explícitamente), un grupo de activistas piratea la señal televisiva para alertar al público de todo aquello que el sistema intenta ocultar mediante el control de los grupos de comunicación.
Prior se parece más a un VJ que a un dibujante al uso. Las páginas de “Droga a la lluna” son un derroche alucinatorio de todo tipo de inputs visuales, donde se congregan youtubers de ultraderecha, sosias de Isabel Díaz Ayuso y Slavoj Žižek, clickbait publicitario, el tenebrismo de Zurbarán, Méliès y un Tintín que no desentonaría en el gabinete de Donald Trump, ejecutados gráficamente en un cruce improbable entre Frank Miller y Jan por un dibujante dispuesto a divertir y divertirse, pese a lo oscuro del mensaje. Un tebeo demencial a juego con unos tiempos demenciados. ∎