Antes de deslizarme por la moqueta del Phenomena, sin duda la mejor sala para asistir a un espectáculo de tal magnitud, ya sabía, o podía imaginarme con escaso margen de error, que esta producción de Graham King –“Bohemian Rhapsody” (Bryan Singer, 2018)–, escrita por John Logan –“Gladiator” (Ridley Scott, 2000)– y dirigida por Antoine Fuqua, realizador cuyo mayor logro sigue siendo haber facilitado el Óscar a Denzel Washington por un papel de malote, no iba a dinamitar las arquetípicas formas del biopic musical como lo hicieran, por ejemplo, Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez en la extraordinaria “Segundo premio” (2024) o Todd Haynes en “I’m Not There” (2007). Es decir, “Michael” (2026), que tiene a medio clan Jackson entre sus productores ejecutivos, no iba a tratar de sorprenderme, sino más bien a intentar apabullarme, con el asombroso parecido entre Jaafar Jackson –hijo de Jermaine Jackson– y su tío; con los innumerables hits –una treintena–; con los decibelios en Dolby Atmos; con las coreografías perfectamente ejecutadas; con la fidelidad de algunos decorados, como un Tower Records reconstruido para la ocasión, y, sobre todo, con una imagen en IMAX 70mm, fotografiada por Dion Beebe –“Collateral” (Michael Mann, 2004)– que reclama la experiencia en sala… No menos sabido era que iba a ser un recorrido cronológico, de los Jackson 5 a la gira de “Bad” (1987), abierto a una secuela que será más delicada de explicar, en una producción de 150 millones de dólares, pues las acusaciones de abusos, posteriores a “Bad”, ya no se podrán obviar. Los aspectos más oscuros del personaje quedan por ahora reducidos a la coquetería de operarse la nariz.