“Noche caliente en el bar de la esquina / mi última moneda la gasté en la barra / los chicos de provincias somos así / nos gusta cómo suena Redbone…”. Conducida por un acordeón en onda tex-mex, así comienza la canción “Está en el aire”, incluida en el primer disco de los Mestizos, el miniálbum “Por el día y por la noche” (3 Cipreses, 1986). Y esa frase, “los chicos de provincias somos así”, se ha repetido como un mantra en el panorama musical aragonés. De tal forma que dio nombre a un maxisingle con la savia nueva de la región editado por la revista ‘Menos 15’ (también de 1986), a un magnífico documental de Orencio Boix del año 2009 que resumía los 50 primeros años del pop en Huesca y, ahora, al libro que ha publicado el prolífico escritor, periodista y melómano Miguel Mena (Madrid, 1959) sobre la fugaz y reveladora trayectoria del grupo oscense Mestizos.
Una frase que no ocultaba la innegable chulería de provenir de la tercera capital de provincia más pequeña de España y, a pesar de ello, mostrar el orgullo de saberse pioneros, de haberse adelantado a las bandas de Madrid y de otras grandes capitales que seguían estirando el chicle de la movida. Representaron un soplo de aire fresco cargado de hedonismo. Y no, no eran solo un simple y mimético grupo de rock de garage. Aun siendo unos adolescentes, en aquel disco primerizo incluían un guiño a Peret, y en sus directos versionaban a Las Grecas y a James Brown, cuando nadie hablaba de mestizaje –ellos lo llevaban escrito en su nombre– y cuando eso olía a sacrilegio y a nadie le parecía que eso pudiera estar bien. De hecho, editaron ese disco un año antes de que Manu Chao creara Mano Negra.
El libro inaugura la colección Frecuencia (¡precioso nombre!), con la que la editorial aragonesa Pregunta Ediciones pretende dar cobijo a libros dedicados a la temática musical. En él, Miguel Mena realiza un brillante ejercicio de equilibrismo al entremezclar su propia biografía y sus vivencias musicales con la zigzagueante carrera de un grupo original como pocos. Hijos de la clase trabajadora oscense, algunos de sus componentes se conocieron en las clases de música que impartía un músico militar, el maestro Sampériz, posterior director de la Banda Municipal de Música de Huesca. Y crecieron compartiendo su amor por la música popular y las verbenas con su inquietud y su voracidad por descubrir nuevas vías sonoras. No es de extrañar que, de esa forma, gestaran uno de los mejores discos de la música española de los años ochenta, “La pócima del amor” (3 Cipreses, 1987), producido como el anterior por Ramón Godes, por entonces miembro de Los Coyotes, banda con la que siempre sintieron lazos de hermandad.
Miguel Mena se adentra en los intríngulis de esta historia con la mirada de alguien a quien no se lo han contado, sino de quien estuvo allí in the right place, at the right time. Y va entrelazando sagazmente sus propias opiniones con las declaraciones –sin ahorrar detalles: giras desastrosas, percances, drogas, frustraciones, dudas existenciales, la divertida historia tras la icónica portada de “La pócima del amor”– de los cinco componentes del grupo en un relato tan emocionante como apasionante, que se lee de un tirón. De paso, al mismo tiempo que cuenta la historia de los Mestizos, el primer grupo aragonés con cierta proyección en España, narra también la historia de un tiempo y de un lugar, con un evidente paralelismo con lo que sucedía en el resto del país. La historia de Mestizos fue breve, siete años aproximadamente, y su final coincidió con el declive del vinilo y el advenimiento del CD, aunque luego alguno de sus componentes, y en particular su líder Juanjo Javierre, hayan continuado de una u otra forma en el mundo de la música.
Es un libro que narra muy bien la cara B de las carreras de éxito que se suelen contar sobre los grupos y artistas que han triunfado en el universo musical. Aunque yo no diría –Mena tampoco lo dice– que sea la historia de unos perdedores, porque el principal éxito de los Mestizos y su mayor triunfo es que, 40 años después, sus componentes siguen manteniendo lazos de amistad, tal como se pudo apreciar en la presentación del libro en Huesca. Más de 150 personas abarrotaron la sala del Casino de la ciudad donde se llevó a cabo y otras tantas se quedaron sin poder entrar. Ni tan mal. Su legado permanece. ∎