De vez en cuando, un fenómeno sorprendente invita a recalibrar ideas establecidas sobre lo que la industria del cine necesita y lo que el público pide. Esta temporada, la conversación ha estado dominada por el doble golpe comercial de “Backrooms” (Kane Parsons, 2026; estrenada el pasado 5 de junio) y “Obsession” (2025; se estrena hoy), relatos sin base en conocidas propiedades intelectuales que, a pesar de o gracias a ello, han convencido a muchísimos espectadores (sobre todo veinteañeros) para ir a los cines, en muchos casos para repetir.
Que un par de directores debutantes o casi hagan ese ruido y revitalicen la taquilla con proyectos de presupuesto reducido (750.000 dólares en el caso de “Obsession”) es cuando menos ilusionante. Pero la crítica no es cuestión de números, sino que en principio debería centrarse, sobre todo, en la lectura del texto fílmico. Lo peor que puede pasarle a un cronista xennial es tener algunas dudas con “Obsession” y, además, tener que exponerlas en un foro público. Pero allá vamos, aunque me acusen de matar el mood.
“Obsession” no es remake de la homónima (en su título original) “Fascinación” (Brian De Palma, 1976), pero se basa también en un romance retorcido, la culpa y la búsqueda de redención. Michael Johnston encarna a Baron “Bear” Bailey, joven dependiente de una tienda de instrumentos musicales que vive colado por su compañera Nikki (Inde Navarrette), para desesperación de su mejor amigo Ian (Cooper Tomlinson), que se impacienta con su indecisión, y su amiga Sarah (Megan Lawless), que siente cosas por él. Un mal día, Bear le compra a Nikki un regalo que acaba abriendo y usando él mismo: una vara de sauce que, en principio, te concede un deseo cuando la partes en dos. Tras pifiarla cuando su chica soñada le sirve en bandeja la oportunidad de aclarar las aguas, él mismo se sirve del objeto para ganarse el amor de Nikki… pero esta forma egoísta e inmadura de enamorar le sale cara.
Autor antes de la solo vista en YouTube “Milk & Serial” (2024), Curry Barker se divierte mezclando terror y comedia y diversos tonos de forma deliberadamente chirriante, aunque eso signifique sacrificar la dignidad emocional de sus personajes. La película es un cuento macabro y una anti-rom-com que alivia un determinismo deprimente con golpes de humor efectivos. Inde Navarrette roba totalmente la función como esa novia llegada del Averno a la que le gusta demasiado verte dormir.
Aquí hay un director (o, sobre todo, una actriz) a seguir, pero deberíamos poder resistirnos a la polarización y decir lo que no nos gusta de algo que nos gusta. “Obsession” carece por momentos de cualquier tensión narrativa: este relato al estilo de “The Twilight Zone” –de hecho, comparte premisa con el capítulo “The Chaser” (Douglas Heyes, 1960)– pedía una mayor concisión y seguramente la habría tenido de haberse producido en los años ochenta, de donde provienen algunos elementos de su ambientación. En el intento de alargar la acción, Barker espera demasiado tiempo para que su protagonista caiga en una posibilidad en la que debió caer nada más empezaron los problemas. También se echa en falta más libertad con la cámara, aunque quizá se busque un minimalismo inmersivo. Quizá. Dudas: está bien admitirlas.
Nada de esto deja de convertir a “Obsession” en un (casi) debut llamativo, pero este cronista se pregunta también por qué no hubo tanto amor para otra buena película de terror y humor sobre dependencia emocional: la superior, creo, “Together” (Michael Shanks, 2025). Igual es porque aquella apostaba por el amor y esta lo hace por la oscuridad nihilista, que parece mejor vista. ∎