Somos tontos, y no lo sabíamos. Tontos de baba. O eso, como mínimo, viene a decirnos la hasta ahora última temporada (2026) de “Reacher” (2022-), continuación de las aventuras del personaje creado por el escritor Lee Child en lo que supone la adaptación de “El otro lado”, decimotercera novela de la saga protagonizada por el fornido expolicía militar al que da vida Alan Ritchson.
Quién sabe si el showrunner Nick Santora ha decidido incluir en los diálogos referencias continuadas a la propia trama de la serie por temor a que los espectadores andemos consultando nuestro Instagram –o, lo que es peor, actualizando nuestro LinkedIn– mientras de reojo observamos cómo este Sherlock Holmes que aspira a heredar el trono de Schwarzenegger trata de resolver el misterio que se esconde detrás del suicidio de una empleada de seguridad nacional en el metro de Filadelfia.
Las vibrantes y dilatadas secuencias de acción rivalizan con las no menos extensas conversaciones aclaratorias que buscan, únicamente, evitar que el público se pierda. En el séptimo capítulo, cuando los pormenores de una trama que incluye la fabricación de armas químicas y un ensayo preventa en territorio americano ya han sido revelados, los guionistas implicados en esta cuarta entrega insisten en utilizar a los personajes como el testigo de una carrera de relevos, los unos a los otros transmitiendo una información que el espectador, que ha cruzado la meta hace un buen rato, recibe por triplicado.
Poco importa que Santora y los suyos insuflen cierta carga política a la nueva tanda de episodios –el gobierno estadounidense ayudando a sátrapas, en este caso indonesios, que luego se tornarán en su contra– si para ello sacrifican la inteligencia de su audiencia. No es ya que se abunde en los excesos explicativos, es que la temporada entera está plagada de redundancias, con personajes que describen las acciones inmediatamente después de que sucedan: “ha escapado”, “le ha disparado”, oímos reiteradamente para nuestro asombro tras ver a alguien echar a correr o tirando de gatillo.
Pero, además, en una propuesta que siempre se caracterizó por su regusto pulp –frases lapidarias, violencia a raudales y sexo esporádico que atiende a una combinatoria de cuerpos seleccionados de entre las portadas de ‘Men’s’/’Woman’s Health’–, hay un error de concepción. Todo su desarrollo se basa en la huida constante, pues Reacher, que en este caso se hace acompañar de la agente Tamara Green (Sydelle Noel) y de Jacob Merrick (Christopher Rodriguez Marquette), hermano de la víctima y al tiempo un apocado policía local de Mayfield, tiene que escapar de todas las agencias gubernamentales de su país, de dos sicarias indonesias y de los secuaces de un científico que tiene demasiados secretos que ocultar.
Al contrario de lo que sucede con el Ethan Hunt encarnado por Tom Cruise en su “Misión: imposible”, saga a la que se cita explícitamente por la vía musical, el hipertrofiado Reacher de Alan Ritchson está diseñado para administrar la violencia sin restricción alguna, pero no para correr. Si bien es cierto que su anatomía se ajusta más al perfil físico descrito por Child en sus novelas que la del citado Cruise, que encarnó al mismo personaje en sendas películas, no lo es menos que verlo esprintar como un rinoceronte reumático durante las numerosas persecuciones que jalonan la temporada le inyecta una dosis de humor involuntario a un actioner que se toma muy en serio todo lo relativo al despliegue físico de sus actores. ∎