Julius Erving y Kareem Abdul-Jabbar pasaron por Rucker Park.
Julius Erving y Kareem Abdul-Jabbar pasaron por Rucker Park.

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Rucker Park: la cancha donde el rap aprendió a machacar

El baloncesto en la calle es vacileo y pique. Es beef. También lo es el rap. Dos universos paralelos que desde hace décadas tienen en The Rucker, en la confluencia de la calle 155 con Frederick Douglass Boulevard, en el corazón de Harlem, en Nueva York, su legendario punto de encuentro. La culpa es de Greg Marius.

En la Nueva York de inicios de los ochenta había un grupo de rap en cada esquina. Disco Four, al estilo e imagen de The Sugarhill Gang, era uno de ellos. Nunca llegaron demasiado lejos: eran superestrellas del gueto con éxitos relativos solo rememorados por los más expertos en el género como “Move To The Groove”, “Do It, Do It” o “We’re At The Party”. Pero fueron los protagonistas de un capítulo que ha marcado la historia de la cultura popular del hip hop.

Fue en el ya lejano año 1982. Greg G, Ronnie D, Mr. Troy, Country, Kool Gee y DJ Al Bee –los miembros de Disc Four– acudieron al programa de radio de John “Mr. Magic" Rivas, un puertorriqueño que era una de las máximas eminencias de las ondas hertzianas especializadas en rap en la Gran Manzana. Por aquel entonces, ser el locutor de moda era tan o más relevante que ser el influencer con más seguidores en las redes. Lo que decía Mr. Magic era dogma de fe. Pero aquella tarde Disco Four no eran los únicos invitados de señor Magia: tenían que compartir micro con Crash Crew, otro de los grupos que trataba de emerger de las humeantes alcantarillas neoyorquinas. Vacileo y pique. Beef.

La idea fue de Greg G, de nombre real Greg Marius: decidir cuál de los dos grupos era mejor jugando un partido de baloncesto. Sabía que ahí tenía ventaja: medía casi dos metros y machacaba el aro con facilidad, como venía demostrando en el equipo de la Universidad de St. John’s. No he sabido encontrar en ningún lado cómo acabó el partido, pero sí que está recogido en todas partes que aquella pachanga fue el detonante del Entertainers Basketball Classic (EBC). Inicialmente, los partidos eran entre grupos rivales de hip hop, piques que, en unos años sin internet, smartphones, YouTube ni redes sociales, Marius y su socio Gusto grababan en vídeo, editaban con los mejores momentos y luego vendían en cintas VHS en la Entertainers Store de la calle 153.

Durante los primeros años, aquellos partidos entre crews rivales se jugaban en la cancha de Marcus Garvey Park. Pero pronto empezaron a convertirse en uno de los acontecimientos más esperados cada verano entre los amantes del baloncesto y el rap. En 1987, los equipos estaban esponsorizados por sellos de la relevancia de Cold Chillin’, Uptown o Def Jam, y el público ya alcanzaba varios miles de espectadores. Morir de éxito o hacer el espectáculo aún más grande. Es básquet callejero, es hip hop. Definitivamente, lo segundo. Marius trasladó su torneo a Rucker Park, The Rucker, la meca del playground, la pista de baloncesto callejero más icónica del planeta. Y ahí se vivieron algunos de los partidos más memorables de todos los tiempos. El de 2003 iba a ser algo descomunal, histórico. No se pudo jugar. Quedó la leyenda.

La pista donde los amantes del baloncesto sueñan con devenir estrellas.
La pista donde los amantes del baloncesto sueñan con devenir estrellas.

Para qué ir a la NBA, si está The Rucker

El principal nombre de esta historia es el de Holcombe Rucker, a inicios de la década de 1950 director de parques del barrio de Harlem en el New York City Department Of Parks & Recreation. Fue él quien decidió crear una pista de baloncesto en la intersección de la calle 155 con Frederick Douglass Boulevard. Fue él quien, obsesionado con alejar a la juventud pobre del barrio de la delincuencia, puso en marcha un torneo veraniego: la Rucker League. Holcombe murió prematuramente en 1965. Jamás llegó a ver cómo su liga reunía, verano tras verano, a los mejores jugones. Auténticas estrellas del baloncesto que, cuando llegaba el buen tiempo, se enrolaban en alguno de los equipos de la Rucker. Figuras como Wilt Chamberlain, Julius Erving (fue aquí donde lo apodaron Dr. J; cuando jugaba y alguien preguntaba por él, respondían: “Está operando”) o Kareem Abdul-Jabbar compartían cancha con ídolos de la calle como Earl Manigault “The Goat”, Joe Hammond o Pee Wee Kirkland. Ovejas descarriadas, muy especialmente estos dos últimos, que podrían haber sido mitos del baloncesto profesional, pero prefirieron devenir leyendas del barrio.

No es ningún cuento. Kirkland fue elegido en el draft de 1969 por los Chicago Bulls, pero en la pretemporada se peleó con el entrenador Dick Motta. ¿Por qué aguantar a un tipo insoportable y una nómina de 40.000 dólares por temporada, si él, que llegaba a Rucker Park a bordo de un Rolls-Royce, ganaba 900.000 vendiendo joyas robadas y traficando con droga? “Puede ser que tuviera esa cifra”, responde cuando se le pregunta si es cierto que llegó a amasar una fortuna de 30 millones de euros. “Puede que no. No tenía mucha idea de los números. Pero me llamaban ‘el banco de Harlem’, y mis socios se aseguraban de que cualquier comercio o emprendedor con problemas acudiera a mí para prestarle dinero y quedarnos con los intereses. Si eran personas con problemas personales, normalmente no les pedíamos que lo devolvieran”. En 1971, los New York Knicks le ofrecieron ir a entrenarse con ellos. Eran los campeones de la NBA. Era el equipo de su ciudad. Aceptó. Pero pocos días después lo detuvieron. Se pasó varios años en Sing Sing.

Kobe Bryant jugando en Rucker Park en 2002.

El partido imposible

Con la profesionalización de la NBA a partir de los años ochenta, las grandes estrellas dejaron de acudir a The Rucker. No todas. Míticas son las apariciones en el gran templo del playground de Allen Iverson, Vince Carter, Stephon Marbury, Kobe Bryant o LeBron James. La mejor de todas, sin embargo y sin ningún tipo de dudas, la de Kevin Durant en 2011, durante el lockout de la NBA. Fue algo demencial. Durantula se marcó un partido de 66 puntos. Vacileo y pique. Beef. Chequea el vídeo de debajo.

Momentazos de Kevin Durant en su partido en Rucker Park en 2011.

Contrariamente a la Rucker League, la Entertainers Basketball Classic (EBC) de Greg Marius no paraba de crecer, llegando a convocar a todo un presidente de los Estados Unidos como Bill Clinton. Eso fue en 2002, celebrando su 20º aniversario. Pero la edición realmente histórica iba a ser la de 2003. Era el año en que Jay-Z y Fat Joe competían por ser el rey de Nueva York: el número 1 en las listas de éxitos y en los negocios. El número 1 también en el playground. La cosa se fue de madre. Bajo el nombre de Terror Squad, Fat Joe reunió a un equipo en el que figuraban Carmelo Anthony, Jermaine O’Neal, Zach Randolph, Shawn Marion, Stephen Jackson y Stephon Marbury. La plantilla del Team S. Carter de Jay-Z, que aquel 14 de agosto interrumpió su gira para presentarse en The Rucker, la conformaban Lamar Odom, Sebastian Telfair, Kenyon Martin, LeBron James y Jamal Crawford.

“Yo tenía una sorpresa: Mike Bibby y Allen Iverson, que en ese momento jugaban para la selección de Estados Unidos, me estaban esperando en la calle 57”, reveló tiempo después Fat Joe a All the Smoke, el pódcast de dos outsiders de la NBA como Matt Barnes y Stephen Jackson. “En el primer cuarto pensaba bajar a recogerlos y volver a The Rucker, para que A.I. y Mike Bibby entraran en la cancha tras el descanso”. Jay-Z tenía otro as en la manga: a ultimísima hora cerró el fichaje de Shaquille O’Neal. Con ambos equipos ya camino al parque y decenas de miles de personas en las gradas, de repente se fue la luz. Nueva York sufrió un apagón y el mejor partido de todos los tiempos, la verdadera noche de las estrellas, nunca se llegó a jugar. ∎

Holcombe Rucker Park, cancha donde baloncesto rima con rap.
Holcombe Rucker Park, cancha donde baloncesto rima con rap.
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