Lucasfilm y Disney no parecen querer jugársela en exceso con el primer título de “Star Wars” para pantalla grande desde la polémica “El ascenso de Skywalker” (J. J. Abrams, 2019), episodio final de la saga principal de la franquicia. Todavía no proponen nuevos protagonistas, sino que explotan a los que aprendimos a querer a través de “The Mandalorian” (Jon Favreau, 2019-2023) y su spin-off “El libro de Boba Fett” (Jon Favreau, 2021-2022): el cazarrecompensas mandaloriano Din Djarin (Pedro Pascal) y su pupilo Grogu, evoluciones del decadente samurái e hijo del clásico manga “El lobo solitario y su cachorro”.
En el principio, esto iba a ser una cuarta temporada de “The Mandalorian”, pero la doble huelga de Hollywood de 2023 retrasó la producción y al final se cambió de estrategia para optar por un largo sobre la curiosa pareja de héroes (un humano expeditivo, una criatura verde tierna incluso cuando destruye), idea que al parecer estaba sobre la mesa desde poco después de estrenarse la serie madre. No hace falta haber visto esta última para entender la propuesta, pero es una continuación directa a nivel argumental. Al servicio de la Nueva República, Djarin recorre la galaxia boicoteando los planes de imperiales fugitivos. La coronel Ward (Sigourney Weaver) lo recluta (o los recluta, a él y su inseparable aprendiz) para rescatar al hijo de Jabba el Hutt, el más cuadrado que adiposo Rotta (difícilmente audible Jeremy Allen White), cuyos tíos les ofrecen información privilegiada sobre un importante objetivo como recompensa.
“The Mandalorian And Grogu” (2026; se estrena hoy) comparte aciertos con los mejores episodios de la serie original, empezando por una trama simple y una única perspectiva sin acciones en paralelo. El núcleo de la historia son dos misiones, una en la que Mando es el líder y Grogu un compinche de lujo, y otra en la que el pequeño ser verde se convierte en protagonista; algo así como dos episodios largos de la serie con extra de presupuesto. Además, vuelve (tras estar ausente en la tercera temporada) Ludwig Göransson como compositor y se agradece: imponente el trap synthy con que ambienta la luna del planeta Shakari (muy “Blade Runner”), esa donde oímos al mismísimo Martin Scorsese dar voz a un nervioso tendero de cuatro brazos.
Del liderazgo creativo de Jon Favreau cabía esperar una acción legible y de vieja escuela, un espíritu neoclásico que aparece en algunos momentos, como la lucha de Djarin con la serpiente dragón, que no cuesta imaginar dibujada por Frazetta. Pero en “The Mandalorian And Grogu”, el director puede sucumbir sin reparo a las necesidades (o deficiencias) del blockbuster actual: las criaturas (digitales, a veces bien feas) se multiplican, la acción se vuelve ampulosa y demasiado explosiva y se pierden de vista encanto y emoción. Por supuesto, la duración supera de largo las dos horas. A las dos misiones centrales hemos de añadir una larga introducción de acción al estilo de la saga Bond (peligroso descenso por la nieve incluido) y un par de set pieces acopladas a lo que podría haber sido un bonito final.
En realidad, “The Mandalorian And Grogu” es más grande cuanto más pequeña, sobre todo en esa parte en que Grogu y los anzellanos se abren paso a base de ingeniosas argucias en lugar de bombardeos masivos. Favreau opta incluso por prescindir del diálogo durante un buen tramo, casi como guiñando el ojo a “WALL·E” (Andrew Stanton, 2008), legendario ejemplo de los atrevimientos de los que Disney es capaz cuando se lo propone. ∎