Hace poco más de un lustro, los historiadores mallorquines Tomeu Canyelles (Pòrtol, 1984) y Gabriel Vives (Son Servera, 1986) publicaron el ensayo “Magaluf, més enllà del mite” (Lleonard Muntaner Editor, 2020), en el que se propusieron explicar cómo la conocida localidad balear terminó convirtiéndose en meca del despropósito turístico con todo incluido. En este nuevo trabajo a cuatro manos, los doctos artífices de “Iron Maiden. El ADN de la bestia” abordan otro fenómeno con denominación de origen brit aunque mucho más edificante, el que desde hace medio siglo protagoniza el grupo fundado por el bajista, compositor y líder plenipotenciario Steve Harris.
Asumiendo, con buen criterio, que una aproximación historiográfica más convencional poco podía aportar a lo mucho que se ha escrito sobre el grupo londinense, los responsables de este volumen de 250 páginas optan por hacer zum en zonas biográficas adyacentes a priori anecdóticas o en perfiles biográficos supuestamente secundarios. Prefieren hacer foco en el detalle como si estuvieran escudriñando por enésima vez cualquiera de las emblemáticas portadas que ilustró el invicto Derek Riggs, para ir articulando varias líneas narrativas muy entretenidas: lo rematadamente inglés que resulta ser Iron Maiden, ese grupo inglés; la significativa conexión de esta banda de heavy metal con otro invento genial nacido en Albión, el football; la implacable ética laboral del sexteto, impuesta por Harris y asumida por sus esforzados compañeros de viaje, casi todos de orgullosa clase obrera; las complicadas relaciones de la Doncella de Hierro –una entidad más importante que cualquiera de las partes que la integran– con la mayoría de sus numerosos ex; el inapelable mando en plaza de un mánager sempiterno y dominante como Rod Smallwood; la inagotable capacidad crematística de la poderosa imaginería generada en torno al grupo, empezando por su característica tipografía y siguiendo por las infinitas encarnaciones de Eddie The Head, egregio prologuista del tomo; el peculiar enfoque lírico que han manejado, pieza clave para entender la permanencia de su obra…
Así, acaso de forma inesperada por la supuesta falta de pretensiones que planea alrededor del libro, los autores modelan una lectura mucho más reveladora de lo que cabía imaginar en un principio, que brilla con inequívoco reflejo cromado cuando tiran de la abundante munición metodológica de que disponen. Se nota que provienen del universo académico porque manejan las fuentes con destreza, saben que el principal valor de una propuesta de esta naturaleza es el armazón documental que la sostiene y son muy eficaces cuando toca contextualizar.
Pero lo mejor de todo es que nunca permiten que ese sustrato erudito nuble el tono de su despejada narración, que fluye ingeniosa, didáctica y divertida desde el principio –el hábil ejercicio de roast autoinfligido que supone el prólogo– hasta prácticamente el final: en el último capítulo se ponen algo circunspectos, conjeturan a propósito de un final del grupo cada vez más cercano y sacan pecho de metalhead –es lo suyo, claro que sí– para editorializar sobre el aquí y ahora de las músicas populares y el mundo en que están siendo concebidas, aventurando que la energía aglutinadora y transformadora del género –canciones como “Aces High”, “The Number Of The Beast” o “The Trooper” serán compendio del mismo por los siglos de los siglos– siempre estará ahí. ∎