Libro

Tony Iommi

Iron Man. Mi viaje a través del cielo y el infierno con Black SabbathLibros del Kultrum, 2025

Tony Iommi (Birmingham, 1948) terminó la realización de esta autobiografía –la escritura fue cosa del periodista holandés TJ Lammers– a mediados de 2012, cuando convalecía del severo linfoma que puso patas arriba su existencia y obligó a modificar las agendas de registro y presentación en directo de “13” (2013), el retorno de la formación original de Black Sabbath a los estudios de grabación que finalmente no fue tal, ya que el batería Bill Ward decidió borrarse del mismo y fue sustituido por Brad Wilk, de Rage Against The Machine. “Iron Man. Mi viaje a través del cielo y el infierno con Black Sabbath” (“Iron Man. My Journey Through Heaven And Hell With Black Sabbath”, 2012; Libros del Kultrum, 2025; traducción de Sergio Esteras Jiménez) funcionó muy bien en las tiendas, pero no ha tenido traducción al castellano hasta ahora, pocos meses después del concierto final del grupo en homenaje a su carismático cantante Ozzy Osbourne (1948-2025), quien falleció pocas semanas después.

No resulta extraño que el libro tuviera tan buena acogida en su momento, porque el tándem formado por Iommi y Lammers hizo un estupendo trabajo narrativo, apostando por un agradecido tono coloquial desde la primera hasta la última de sus 350 páginas. Esa acertada modulación expresiva –parece que el del bigote te lo está contando en confianza, como si te conociera de siempre, con unas pintas de por medio en el pub de la esquina– encaja sin holgura con el relato articulado por el influyente guitarrista y compositor británico: un tipo de extracción humilde y con mucha calle que hizo música tan dura como las circunstancias en las que creció, pasando en tiempo récord de paria a deidad rockera con Rolls en el garaje.

Ese discurso de cercanía –sin filtro aparente: chascarrillos, giros cheli, juramentos de todos los colores– en realidad es puro estilo. Y añade potencia a una narración que también aborda lo estrictamente artístico: el proceso creativo de Black Sabbath en cada una de sus etapas, cómo se grabaron los discos y se compusieron las canciones, qué funcionaba y qué no en tal o cual estudio, cómo –ni siquiera él sabe cuánto– le estafaron ciertos agentes de la industria musical o de qué manera lidiaba el protagonista del tomo con un liderazgo que podía resultar abrumador pero del que nunca quiso abdicar.

También se ocupa Iommi de los asuntos mundanos y los sazona con abundante y disparatado anecdotario, sin cortarse una cala cuando toca hablar de adicciones propias y ajenas, de costumbres poco saludables o de ridículas veleidades de rockstar. Lo hace sin pontificar y sin ánimo de revancha, quién sabe si para poder participar de la indulgencia que concede a los demás cuando es él quien se pone frente al espejo. Algunos pasajes del libro son muy divertidos, otros más serios y sentidos, lo de las idas y venidas de personal en Black Sabbath a lo largo de los años es puro sainete, pero siempre aflora el cariño del mutilado guitarrista hacia la inmensa mayoría de sus compañeros de viaje. La traducción preserva la mordacidad y la pegada verbal del autor, pero una edición poco afortunada en lo ortográfico –aluvión de comas fuera de lugar– complica la lectura. ∎

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