Libro

Tracey Thorn

My Rock And Roll FriendLiburuak, 2025

Feminismo, amor y arte. Es lo que encontrarás en “My Rock And Roll Friend”, publicado originalmente en 2021 y traducido al castellano por Lourdes Jiménez y Estíbaliz Hernández para la editorial Liburuak, que lo puso en nuestras estanterías a finales de 2025. Es el homenaje que hace Tracey Thorn (Brookmans Park, 1962) a Lindy Morrison, una de sus grandes amigas y también la batería de The Go-Betweens en los ochenta. Es un espejo en el que podemos ver la mirada y el reflejo, en el que se retrata el carácter huracanado de Lindy pero por oposición también vemos la timidez de Tracey y su aspiración a parecerse cada día más a su amiga.

Ya en “Otro planeta. Memorias de una adolescente en el extrarradio” (Alpha Decay, 2019), Thorn escribía acerca de lo difícil que era a finales de los setenta encontrar referentes feministas en el pop y que, durante un tiempo, solo se pudiera fijar en Chrissie Hynde sin saber si estaba haciendo bien o mal. Hasta que llega Lindy, una mujer definida como conflictiva y ruidosa, en muchos aspectos lo contrario de Tracey, o lo que no se atrevía a ser. Así, una vez más, se desmonta el mito de la inconveniencia de la amistad entre mujeres, añadiendo que muchas relaciones femeninas no se hacen por comodidad sino por necesidad. “Había muchas cosas que no entendía cuando empecé a escribir este libro”, y de su mano vamos entendiéndolas, reviviendo y comparando, planteando esa fantasía de cómo sería si a aquella edad pretérita tuviera las entendederas actuales.

A esto se le añade una visión interna del funcionamiento de The Go-Betweens que va más allá del típico libro de rock sobre una carrera insigne. El grupo, en plena diáspora en Londres, estaba formado por “dos raritos y una bruja”. Pero quienes estaban bajo el foco y quienes han pasado a la historia son los dos compositores, no la batería, que era la que tenía que encapsular las extrañas ideas musicales de Robert Forster y Grant McLennan (1958-2006) en su etapa más brillante y prolífica, lo que plantea si los tándems legendarios del rock hubieran sido igual de efectivos sin esas otras personas en la sombra que terminan siendo el auténtico pegamento que hace que el barco siga a flote.

Además, Lindy era pareja de Forster, y McLennan lo fue de su violinista, Amanda Brown, uno de los varios ejemplos en los que se sustenta Tracey, con un cinismo muy fino, para decir que es un error estar en un grupo con tu pareja. Los dos Everything But The Girl –el grupo que Thorn forma con Ben Watt– son pareja sentimental desde 1982. Sin embargo, se insiste en la idea de que Yoko Ono, una mujer, una novia, fuera el detonante de la separación de cuatro hombres adultos y poderosos como The Beatles, que, sin embargo, no supieron cómo navegar desde la muerte de su mánager Brian Epstein. Paradójico.

Todo ello sin duda contribuyó a que Everything But The Girl tuvieran como batería, entre 1985 y 1987, a June Miles-Kingston, quien sin embargo no es nombrada en el libro, aunque sí se ahonda en la figura de la mujer, en antiguas civilizaciones, como dueña del ritmo y de sus instrumentos de percusión hasta que a alguien se le ocurrió la idea de que aquello también era cosa de hombres. ∎

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