El coruñés David Bizarro (1979) y el santacrucero Servando Rocha (1974) acaban de estrenarse en 2026 con la publicación en su editorial La Felguera del primer volumen de “Brutalismos. Enciclopedia de músicas secretas y vandalismo pop”, una recopilación de artículos aparecidos previamente en la revista y web ‘Agente Provocador’, escritos por ellos mismos y por un colectivo de nombres donde predominan una serie de seudónimos de inspiración anarcopunk, como Doctor Peligro, Lady X, Eureka, Pete “Black Thunder” o Spider.
Directores del pódcast mensual “Brutalistas”, sin relación aparente con el homónimo movimiento artístico, Rocha y Bizarro son responsables de un valioso catálogo especializado en cultura popular transgresora donde caben desde “El libro de la ley” (2016), de Aleister Crowley; “Anarquía científica. La fascinante revolución tecno del Aviador Dro” (2019), de Patricia Godes; el reciente y ya agotado “Berlín oculto. Sexo, crimen y magia antes del apocalipsis nazi” (2025), editado por Rocha; el precursor “Agente Provocador. Antología de ideas radicales y asombrosas. Una historia secreta de nuestro tiempo. Vol. 1” (2018); o “Amanece en ciudad despojo. Una colección de cómics dementes de Mario Rivière” (2023), colaborador habitual de La Felguera y a cuyo cargo también ha corrido la excelente ilustración del presente tomo.
Las 365 páginas de “Brutalismos” se reparten entre un prólogo y siete capítulos encabezados por sendas definiciones de “fan”, “ultraviolencia”, “bandas”, “mandar” –dedicado este a la sección femenina–, “totalitarismo”, “fantasía” y “crossover”, que sirven para introducir su contenido temático respectivo. Ocupa un lugar central el dedicado a las tribus urbanas, donde los editores aprovechan para recuperar adicionalmente una serie de artículos históricos aparecidos en ‘El País’, ‘Triunfo’ y ‘Destino’, como el que Manolo Sanabria publicó en esta última revista tras el cierre de la sala Rock-Ola en 1985.
Más historiográfica que ideológica, la intención de “Brutalismos” es aflorar lo que sus editores llaman la “cara B del pop”, entendido este en sentido amplio, como fenómeno originado a finales de los años cincuenta del siglo XX. Atendiendo a la pretensión “enciclopédica” del subtítulo, más nominal que real tratándose de una compilación de textos previos –limitación que sus astutos responsables salvan indicando que se trata de un primer volumen–, en sus ilustradas líneas se hacen hueco el fenómeno fan de Franz Liszt, la insolente concertista rusa Mari Yudina, el pianista Romano Mussolini, la jazz band Charlie & His Orchestra fundada por Joseph Goebbels, o The Cranes (The Crane Band, el grupo del régimen caníbal de Idi Amin Dada). Más hitos y hallazgos extraordinarios son la bone music soviética, el origen lúdico empresarial del pogo, el patetismo revisionista de Orion, el Elvis Presley enmascarado, las cosmogonías prog de Franco Battiato, la alianza anarcocomunista de Julio Anguita y Vini Reilly aka The Durutti Column, Willie Colón y el gangsta, los cultos punk de Germs y Bad Brains, o los luciferinos de Miles Davis, así como la inevitable reivindicación del fanzine, entre otros muchos brotes verdes de asfalto underground convenientemente sazonados de referencias sociológicas, bibliográficas y cinematográficas como “God Speed You! Black Emperor” (1976), el documental que Mitsuo Yanagimachi dedicó a los motoristas bosozoku, antiguos pilotos kamikaze, que estimulan la búsqueda ulterior, cumpliendo con creces las nobles expectativas –no exclusivamente estéticas– de este tipo de esfuerzos editoriales.
Espaciosamente maquetado por La Intendencia en riguroso blanco y negro sobre papel ecológico, sin errores tipográficos dignos de mención, ofrece ante todo una lectura ágil geolocalizada entre el friquismo fanzinero y el buen relato periodístico. Hay más de esto último, con buenas dosis de sentido del humor por fortuna poco autocomplaciente, erudición no abundante en sentencias campanudas, ni más militancia que el entusiasmo bien informado para deleite del apegado a la mejor literatura pop. Dos instantes clave se encuentran en la página 234, donde Rocha afirma: “¿Puede un libro crear una filosofía con impacto en la cultura musical? William Gibson y el ciberpunk. William Burroughs y la psicodelia y el punk rock, entre otros, dejaron su huella en artistas que encontraron el modo de describir un mundo soñado”. Y en la 261, cuando alrededor de las ideas de anarquía y vandalismo Lady X plantea una “reutilización de la cultura seria para los fines de la disidencia”.
“Brutalismos” brinda en papel impreso un paraíso informativo susceptible de ampliación que fascinará al amante de lo extraño y limítrofe, de lo contaminado y coleccionable, con un enfoque abierto que escarba sin sectarismos en todo lo relacionado con rock’n’roll, la salsa, el jazz checoslovaco, el heavy, el raphaelismo, el hardcore o el punk. O sea, el pop en su más hiperónima gloria, incapaz de cambiar esencialmente el mundo a diferencia de lo que piensan los románticos editores de La Felguera, pero sí de explicarlo en apenas tres minutos y de transformar las vidas de una juventud porosa “por vez primera fuerza constituyente y consumidora”, fanatizada y vandalizada por esa nefasta influencia occidental capitalista sin visos de desaparecer a largo plazo. ∎