Tras varios largos años de decadencia y de explotar los mismos recursos, especialmente el manido y aburrido asunto de los multiversos, la factoría Marvel ha encontrado su espacio precisamente en lo simple, en la base de todo: el personaje. “Wonder Man” (2026), creada por Andrew Guest y Destin Daniel Cretton, es una serie que aborda temas inéditos dentro de este universo formado por decenas de películas y series. “Wonder Man” reflexiona así sobre el hecho de actuar, de ser otro, o muchos, para finalmente conocerse mejor a uno mismo. Este es el proceso en el que se embarca el protagonista de la serie, Simon Williams (Yahya Abdul-Mateen II), un actor cuya carrera parece abocada al fracaso hasta que aparece en su vida un actor veterano, Trevor Slattery, interpretado por el legendario Ben Kingsley, quien lo encaminará hacia el éxito enseñándole a actuar.
Los poderes aquí son los poderes de la actuación y no tanto los otros superpoderes que realmente tiene Simon y que constantemente reprime, ya que en el contexto de la serie las personas con superpoderes están perseguidas por el gobierno y no pueden, precisamente, trabajar en el cine. Su exceso de perfeccionismo, de conocer cada detalle de cada personaje que interpreta, lo han llevado a ser un apestado en los rodajes. Su nuevo amigo Trevor lo ayudará a encontrarse como actor y salir airoso del casting para la gran producción “Wonder Man”, personaje que ha obsesionado toda la vida a Simon. Vemos así a los actores grabándose frente a la cámara, estudiando los diálogos, asistiendo a castings y haciendo lecturas de guion; todo el trabajo que queda fuera de las pantallas. Hay de este modo también una reflexión, en la línea de “The Studio” (Seth Rogen, Evan Goldberg, Peter Huyck, Alex Gregory y Frida Perez, 2025-), sobre el funcionamiento a pie de calle, y con sentido del humor, de la industria hollywoodiense
Pero Trevor, aunque se convertirá en un amigo inseparable de Simon, guarda un secreto. Está con él para buscar pruebas que demuestren que tiene poderes ocultos. Es la única forma para no regresar a la cárcel después de haber participado en un vídeo de un grupo terrorista. Trevor está actuando para poder incriminar a Simon, sin embargo, entre ellos surgirá una amistad profunda, aunque esta se base en el engaño, ya que ambos en realidad están utilizando una máscara para lograr relacionarse con el otro: Simon oculta que tiene poderes y Trevor lo está utilizando para salvarse. Será el arte de interpretación el que los una.
El tema de la máscara y del disfraz resulta aquí especialmente interesante, ya que los superhéroes suelen llevar una doble vida o, al menos, tener varias identidades sin saberse cuál es la verdadera. Pero, en realidad, de lo que se está hablando es de cómo cualquier persona se proyecta en otra mejor, ideal, a la que debe dar forma mediante la máscara o el disfraz, sin saberse al final quién es realmente, si el traje o la “persona” (que en griego, por otro lado, significa “máscara”).
De esta forma, esta serie de pequeño formato (son divertidos episodios de media hora de duración) reflexiona sobre la construcción de las identidades y el artificio del yo a partir de la figura del superhéroe. Habla sobre cómo debemos integrar y asimilar nuestras muchas identidades, fluctuantes, en movimiento, en vez de aspirar a tener solo un único yo inamovible (y falso, claro). ∎