Bajo el título de “Concrète Waves”, el sello Werkdiscs (fundado por Actress) inaugura una serie dedicada a capturar conversaciones sonoras entre figuras capitales de la vanguardia electrónica. Este primer volumen recoge las actuaciones conjuntas de Suzanne Ciani y Actress, dos arquitectos del sonido que aquí desdibujan sus fronteras generacionales en favor de la experimentación pura. El LP surge de dos improvisaciones en directo: una en el Barbican de Londres y otra en el Sónar de Barcelona, ofreciendo un ecosistema compartido donde se evita cualquier jerarquía estética.
Así, no escuchamos a un productor moderno remezclando a una leyenda, ni a una pionera intentando adaptarse a los ritmos contemporáneos. En su lugar, presenciamos un ecosistema compartido. Pionera del Buchla, Ciani opera desde la filosofía de la Costa Oeste, una escuela de síntesis modular que históricamente sustituyó las escalas tradicionales por la manipulación táctil del voltaje. Al prescindir de las teclas del piano en favor de interfaces abstractas, su sonido adquiere una naturaleza biológica que respira en tiempo real, parecido al momento en el que sube la marea o cuando golpea la ventama una ráfaga de viento. Por su parte, Actress actúa como el contrapunto rítmico, desplegando un lenguaje de síntesis granular donde el sonido se atomiza en pequeñas partículas antes de ser reensamblado. Si Ciani trabaja con la fluidez de las olas, Cunningham lo hace con la erosión: sus ritmos fantasmagóricos no aparecen como estructuras rígidas, sino como restos arqueológicos de un techno que se desintegra y recompone en tiempo real, inyectando una tensión urbana y críptica que ancla las exploraciones espaciales de Ciani en un terreno mucho más denso y misterioso.
Es, sin embargo, en la traslación al formato doméstico donde se percibe la paradoja del proyecto: “Concrète Waves” es un documento diseñado para ser sentido físicamente en una sala, una experiencia de volumen y dirección que, inevitablemente, se aplana al pasar por los altavoces de un ordenador.
Ambas sesiones, pese a desarrollarse de forma muy diferente entre sí, terminan habitando parámetros muy similares debido a un deseo inquieto de desarrollo constante. La improvisación aquí no se traduce en una narrativa con principio y fin, sino en un flujo circular donde las ideas aparecen y desaparecen con impaciencia. En la sesión de Londres, por ejemplo, el discurso se adentra en terrenos de una excentricidad punzante; es ahí, especialmente en el tramo de “London A3”, donde el bajo emerge con una violencia inusitada, golpeando y repitiéndose con la urgencia de un corazón arrítmico para luego irse desvaneciendo en una cara B que busca, poco a poco, un estado de relajación. Por el contrario, la apertura del set en Barcelona se percibe como el fragmento más cercano a los cánones de un IDM ortodoxo y legible, una suerte de concesión al pulso rítmico que, sin embargo, no tarda en fracturarse en su anverso. Tras la explosión de los pasajes más marcadamente dub y rítmicos de “Barcelona B1”, el álbum da un giro inesperado en “Barcelona B2”, donde los pianos lentos reclaman un protagonismo absoluto. Es en este vaivén (donde la agresividad de la percusión convive con la armonización más desnuda) se percibe la naturaleza voluble de su colaboración: un techno que se construye y se demole a sí mismo por su necesidad de mutación constante.
Al final, “Concrète Waves” es un documento honesto pero, como cualquier improvisación, algo falto de propósito. Demuestra que la electrónica debería acercarse más a ese lenguaje vivo y amorfo que se resiste a ser domesticado, siendo la prueba de que la improvisación pura es libre, aunque esa misma libertad sea la que acabe revelando las grietas propias. ∎