Alexis Taylor lleva años moviéndose en un terreno curioso: mientras Hot Chip funcionan como una máquina de pop electrónico expansivo, sus discos en solitario han sido lo contrario, íntimos, austeros, casi encerrados en sí mismos. “Paris In The Spring”, su séptimo largo solista, rompe parcialmente esa dinámica. No abandona la introspección, pero la abre a más colaboradores, más capas, más ritmo. Es, en cierto modo, su disco en solitario más “social”.
Desde el inicio, con “Your Only Life”, el tono suave y reflexivo, casi adormecido, encaja con su forma de escribir frases sencillas y directas. Pero pronto el álbum empieza a moverse. “Out Of Phase”, con Lola Kirke, introduce un pulso más ligero y juguetón, con referencias a David Lynch que en lugar de generar inquietud aportan una extraña calma. Taylor convierte la desorientación en algo cómodo, casi acogedor. Esa es una de las claves del disco: habla de pérdida, duda o culpa, pero sin dramatismo. En “Fainting By Numbers”, por ejemplo, se describe con dureza, pero la música sintética y elegante suaviza todo.
Cuando se acerca más a la pista de baile es donde el álbum gana fuerza. “I Can Feel Your Love”, con The Avalanches y Étienne de Crécy, tiene un groove hipnótico que funciona muy bien, y “On A Whim”, con Green Gartside (Scritti Politti), aporta un toque sofisticado y ligeramente retro. Aquí Taylor parece más suelto, más conectado con el exterior, sin perder su tono melancólico. El problema es que esa energía no se mantiene siempre. En la parte central, varias canciones tienden a mezclarse entre sí: tempos similares, producciones cuidadas pero poco diferenciadas. Su rechazo a hacer algo “demasiado claro” juega en su contra. Falta algo más de estructura, de contraste.
La versión de “Wild Horses” es un buen ejemplo. La idea de llevar la canción de The Rolling Stones a un terreno electrónico y etéreo es interesante, y el resultado es bonito, pero no termina de emocionar. Se queda a medio camino, sin acabar de transformarla del todo. Aun así, hay momentos muy logrados. “MP3s Can Make You Cry” destaca especialmente: una canción que podría parecer conceptual se convierte en algo muy humano, con un uso del vocoder y las cuerdas que suena cercano, incluso frágil. El cierre con “Black Lodge In The Sky” recupera ese tono más abstracto, con imágenes de fantasmas y pérdida sobre una base electrónica contenida. No hay un gran final, sino una sensación de suspensión, de algo que sigue abierto.
En conjunto, “Paris In The Spring” no es un giro radical, pero sí una ampliación. Taylor introduce más elementos, más voces, más ritmo, sin dejar de ser él mismo. A veces eso genera cierta dispersión, pero también momentos muy inspirados. Es un disco irregular, pero interesante: menos cerrado que sus trabajos anteriores y más dispuesto a dejar entrar el mundo, aunque sea sin explicarlo del todo. ∎