Álbum

Angine de Poitrine

Vol. IISpectacles Bonzaï, 2026

Son quebequeses. Angine de Poitrine debutaron en 2024 con “Vol. 1”. Presentan ahora el “Vol. II”. Aseguran que llevan dos décadas tocando juntos. Parece que empezaron cuando tenían 13 años. Hacen discos cortos de seis temas cada uno y poco más de media hora de duración. Son un dúo enigmático en el nombre de sus componentes: Khn de Poitrine (guitarra microtonal y guitarra-bajo de doble mástil) y Klek de Poitrine (batería, percusión). Todo apunta a que sus nombres reales son Marc-Antoine Mackin-Guay y Charles Thibeault. Igualmente enmascaran su apariencia física: vestimentas blancas o negras con lunares o formas parecidas y máscaras de papel maché cubriéndoles el rostro o la cabeza entera. Anónimos como Kiss o Buckethead. Puede decirse que hacen rock experimental, rock psicodélico, groove psicodélico, protopunk, noise ácido, indie, metal o math rock –la herencia del King Crimson duro de “Red” (1974) es visible en algunos de sus trazos más convulsos–: aceptamos todo. En los textos de presentación se citan muchos nombres de géneros opuestos como posibles influencias: Danny Elfman, Ruins, King Crimson, Gentle Giant, Magma, Primus, Frank Zappa, Ranaldo And The Loaf, Arto Lindsay, René Lussier, Fred Frith, John Scofield, Wire, Helmet, King Gizzard & The Lizard Wizard, OK Go, Meshuggah y más, incluso el rock turco; por mezclar que no quede.

Misterio de lunares. Foto: Constantin Monfilliette
Misterio de lunares. Foto: Constantin Monfilliette
Ellos gustan de definirse como una orquesta-mantra-rock-dada-pitagórica-cubista, así que, por abrir aún más el espectro, igual también tienen algo de la patafísica de los primeros Soft Machine. Aunque menos densos, recuerdan en ciertas texturas al primerizo post-rock. Las piezas son instrumentales, pero incrustan voces esféricas y tratadas entre esos ritmos monocromáticos y ambientes a veces a lo Devo. En el tema titulado “Fabienk”, la guitarra juega al límite de la disidencia melódica y brame como en los tiempos de otro King Crimson, el de “Discipline” (1981), para adquirir de pronto una textura más propia de Kraftwerk. En “Sarniezz” se aceleran más de la cuenta gracias a las pulsiones de un bajo taquicárdico y un ritmo prehistórico. ¿Son funk-metal? Pues también, con gotas bien diseminadas de new wave. La guitarra suena tan fresca y espontánea como propia de las seis cuerdas nuevaoleras de la recta final de los setenta. La angina de pecho que han tomado como nombre igual se agravaría puestos a bailar sus ritmos cortocircuitados. En otra pieza (“Utzp”) invocan una fiesta en plena feria zíngara y balcánica para que a continuación Khn afile los riffs de guitarra como si tocara de telonero de alguna banda de heavy asiático, aunque en el fondo es un engaño, porque si la segunda parte de esta canción recuerda a algo de verdad, es al período de Gong con las teteras volantes. Lo mismo ocurre en la vertiginosa “Mata Zyklek” y en “Yor Zarad”, mientras que en “Angor” el rock psicodélico –arabescos de guitarras + trepanación rítmica– se metamorfosea en bailable melodía casi tradicional. ¡Cuántas posibles influencias y que bien digeridas! Son duros e insistentes. Juguetones –la guitarra simula a veces un instrumento de viento desbocado– y abismales. Oscuros y dispuestos a que la gente se ponga a bailar el pogo. Me gusta esta definición que les han dado: “La banda de fiesta más extraña del mundo”. ∎

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