Álbum

Asaf Avidan

UnfurlTelmavar, 2025

Asaf Avidan [en hebreo: אסף אבידן] nació en Jerusalén en 1980, pero, alejado de la actitud de sus padres, diplomáticos de profesión, hace una década ya declaró a ‘Le Monde’ que no se consideraba israelí sino un artista de Israel. Tras haber estudiado arte y diseño, abandonó su curro como animador gráfico y decidió dedicarse a su pasión. Dotado con un timbre de voz tan andrógino como en su día lo tuvo Nina Simone, durante un lustro se curtió en formato quinteto de folk-rock como Asaf Avidan & The Mojos, publicando tres discos en Telmavar, su sello familiar. En estos últimos trece años en solitario continúa autoeditándose, lo que le permite llevar las riendas de su carrera artística, que desde hace un mes ya suma cinco álbumes de estudio en solitario. Autoconsciente de lo narcisista que pueden llegar a sonar sus letras, no cabe duda de que aquello que le interesa es una interminable introspección del subconsciente. Las eternas preguntas y las existenciales dudas ¿quién o qué somos?, ¿cuáles son nuestros sentimientos, emociones y pensamientos?, etcétera, parecen ser la esencia de su creación.

“Desaferrar”, “Desplegarse” o “Desenmarañando” serían posibles traducciones del título de este LP conceptual. Ocho canciones de las cuales todas podrían ser singles y/o clips, de hecho ya lo son: “The Call Of The Flow”, “Haunted”, “I Don’t Know When, I Don’t Know How, I Don’t Know Why”, “Sixteen Hooves” y “Unfurling Dream” (esta última en muchos sentidos es una representación concisa de todo el álbum). En conjunto compuestas enteramente por el propio Avidan y registradas por el francés Damien Quintard en los reanudados Miraval Studios, un château entre viñedos en el corazón de la Provenza, propiedad del actor Brad Pitt. Un icónico lugar donde se grabó, verbigracia, “The Wall” (1979) de Pink Floyd y uno de los espacios favoritos de Sade, desde donde esperemos vuelva a surgir su magia. Ocho poéticas letras sin una narrativa lineal ni estribillos tarareables e interpretadas en inglés por el mismo Asaf, con esa manera de rapear tan reconocible. Aunque también toca las guitarras, estas suenan sin protagonismo (excepto en la breve “The Great Abyss”).

Las canciones han sido coproducidas junto con Tamir Muskat, quien ejecuta la batería y percusiones, y coarregladas por ambos más Tom Cohen, el cual se ayuda por Matan Yona para la cinematográfica orquestación. Los músicos que conforman el cuarteto son el bajista Itamar Ziegler y el pianista Omri Behr. El trompetista ucraniano Arthur Krasnobaev es una pieza fundamental en tres temas, y los cuarenta miembros de la Czech National Symphony Orchestra que grabaron en CNSO (Praga) son esenciales en siete de ellos.

Un fascinante viaje, con el suspense como trama, en el que fusiona su manera de entender el hip hop con la influencia musical confesa de Bernard Herrmann –el compositor por excelencia de bandas sonoras de género noir–, cuyas letras profundizan en temas como la psique, la identidad, la disolución, la transformación, el renacimiento y la liberación. Su ecléctica paleta sonora incluye música dramática y composición íntima, lo que da como resultado una fusión única que se extiende más allá de los límites típicos del pop. El artista crea un ambiente para “Unfurl” que evoca estados oníricos e inquietantes, lo que añade muchas capas de profundidad e intensidad a la narrativa evolutiva del protagonista. Una singular y personal declaración artística.

En este ambicioso álbum también sobrevuela John Barry, suenan algunas fanfarrias –tal vez balcánicas ¿o mexicanas?– entre arreglos grabados por una sección rítmica de jazz en vivo, se diluyen ecos del folk y el rap tiene una mayor impronta realzando su naturaleza exploratoria. El lirismo introspectivo y el proceso para intentar desprenderse de viejos yoes excava hasta el fondo en el diario de los sueños y temas de la psicología junguiana, junto a los mitos y al monomito que teoriza Joseph Campbell en su obra. Lo cual contrasta gratamente con un estilo grandilocuente, a lo Sinatra, y nostálgico de los años cuarenta y cincuenta.

Un disco sincero, sin ecos de su activismo animalista, que no solamente inunda los oídos durante los treinta y seis minutos de duración sino que en su formato físico entra por los ojos en 3D –gracias a las gafas cian y magenta incluidas, junto al póster de doble cara y el atractivo libreto– para disfrutar aún más del diseño retro ideado por el estudio YONIL, inspirado tanto en la propia temática del álbum como en el thriller de época.

Tras “Unfurl”, a modo de créditos de su homónima película, el artista termina agradeciendo a aquellas personas más cercanas que constantemente le dan forma, con su presencia y amor. Especialmente a su pareja Catherina Rinaldi, “por tejerme persistente y amorosamente de nuevo en la estructura y llamarme por mi nombre mientras me desenredaba torpemente en el abismo”. Seguramente a ella dedique “Serenity”, la extensa y antepenúltima pieza en la que él puede llegar a recordarnos a Janis Joplin. No hubiera extrañado nada si al final anunciase: Asaf Avidan regresará con el tema principal para Bond 26, lo próximo de la saga 007. ∎

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