Cinco años es demasiada espera para un nuevo disco de Bedouine, pero es que Azniv Korkejian hace las cosas a su ritmo, sin prestar atención a presiones culturales ni industriales. Es lo que hacía prever que, cuando llegara “Neon Summer Skin”, las sorpresas serían escasas y solo tendríamos ante nosotros otra (gran) colección de folk-pop espacioso e intemporal.
Casi una década después de su revelación con “Bedouine” (2017), lanzado en el exquisito sello Spacebomb y con las cuerdas magistrales que pueden esperarse de dicha marca, la artista sirio-estadounidense sigue en las mismas, suspendida gloriosamente en los setenta de Sybille Baier y la Carole King más baladística. “A mí, personalmente, me saturan los sonidos muy altos o abrasivos”, me decía en entrevista con Rockdelux en julio de 2018. “Sobre todo, me gusta sentirme en calma. E imagino que eso se refleja en mi música”.
Claramente sí, lo que no significa que su obra carezca de turbulencias. Tras hacer una visita a su familia en Arabia Saudí –allí creció durante una década antes de mudarse a Estados Unidos–, Korkeijan se vio invadida por una melancolía profunda. Los lugares y momentos de la infancia parecían irrecuperables. You can’t go home again. Bajo la serenidad vocal y las formas suavemente lúdicas de “Neon Summer Skin” late un lamento sincero por la separación y disgregación constantes de su familia a causa de la guerra o cuestiones personales.
“¿Debería estar contenta o debería liberarme / de todos los recuerdos lejanos?”, se pregunta con su habitual compostura en “On My Own”, lo primero compuesto para el disco y lo que lo abre. Bedouine evoca la melodiosidad de Karen Carpenter en un tema tan balsámico como sobrecogedor. El nivel sigue alto en “Long Way To Fall”, conversación con un familiar aquejado por la adicción. “Quería estar ahí, pero no sabía / si iba a ser de ayuda en absoluto”, canta Korkeijan en una maravilla pop-country coproducida por Jonathan Rado (Foxygen) y con cuerdas grabadas en el Spacebomb Studio. Otras referencias a la familia llegan con “Canopies”, compuesta desde la perspectiva de su abuela materna, que tuvo que dejar a la madre de Azniven un orfanato libanés para protegerla de un familiar abusivo, o la bossa nova “Deghma Cheega”, inspirada por un primo que salió de Siria durante la guerra civil y ahora reside en Austria.
En el álbum también hay espacio para la familia que eligió, la que ha formado con su coproductor de siempre Gus Seyffert. “One Thing Right”, con gran protagonismo de la flauta, es una declaración de amor a un compañero bien elegido. “Always On Time”, la favorita personal de este cronista, es una canción de cuna (para su pequeña hija y cualquier ser querido) sobre la necesidad de decir “no” a la velocidad: “Si tienes que escalar esa colina / Te preguntas si cumples los requisitos / Te sientes como si te estuvieras quedando atrás / Cariño, siempre vamos justo a tiempo”, recuerda una letra que conviene estudiar cada día. Bedouine protege a los suyos (y por extensión, sus oyentes) del mundo con bellas canciones refugio. ∎