Álbum

Ben Frost

Scope NeglectMute-[PIAS] Ibero América, 2024
Al productor australiano asentado en Islandia se le puede situar un poco a la virulé en el epicentro de una tundra fría delimitada cardinalmente por el black metal, por el punk espiritual y cerebral de la genealogía Steve Albini, por los mantras del noise trascendental de Swans y por el ambient áspero y en blanco y negro de artistas como Tim Hecker o A Winged Victory For The Sullen. Con prácticamente todos los mentados y gran parte de sus círculos artísticos ya ha colaborado en el pasado: ha sido teclista de Tim Hecker, por ejemplo, ha girado con Swans…

Visceral o brutal son dos adjetivos que son comunes a su música desde los inicios, pero especialmente desde que hace en torno a quince años le diera por traducir el metal de guitarras al tablero del software y la programación electrónica. Su idea siempre fue llevar la idea de extremo que habitualmente se entiende por natural en cada disciplina hacia la contraria: las fórmulas del black metal se ponían al servicio de la ambientación; eran los drones los que marcaban los rumbos melódicos…

En “Scope Neglect”, el nuevo trabajo de Ben Frost desde un ya lejano “The Centre Cannot Hold” de 2017, no hay nada que difiera de estos descriptores, pero al mismo tiempo sentimos una aproximación diferente, en cierto modo más unificadora, que carga con la influencia del trabajo del productor en el mundo de la bandas sonoras: desde que Ubisoft le encargara en 2015 poner música al shooter táctico “Rainbow Six Siege”, su discografía para el audiovisual ahonda más y más en las profundidades de la mente y en el terror psicológico, pero también en cómo estos sirven como reflejo para los mundos distópicos de ciencia ficción, y ahí están para demostrarlo sus colaboraciones con los creadores de la indescifrable ficción alemana “Dark” o su trabajo con Ridley Scott en “Raised By Wolves”.

Así, más que contar, este álbum dibuja ambientaciones que, a través de ciertos arranques dinámicos, encuentran su progresión, su linealidad. Por ello las estructuras tienen más que ver con la música deconstruida o con las tendencias más contemporáneas del ambient europeo en su contacto con el trance futurista, y por eso mismo podemos encontrar pasajes como la lluvia ácida de “_1993” que recuerdan más al demoledor debut de Evian Christ que al impacto emocional de referencias como el mencionado Hecker.

Son las texturas de la dupla guitarra-bajo –tras la que se encuentran Greg Kubacki de Car Bomb y Liam Andrews de My Disco–, siempre, las que inducen el movimiento. Si los espacios se suceden los unos a los otros en “Scope Neglect” es por su intermediación, y por cómo se confunden con los implosivos bajos electrónicos o se estremecen entre los glitches digitales. Sintetizadores sci-fi, cinematográficos, pulsiones retrowave horadan sus propios túneles como gusanos en la arena, aplastados siempre por toneladas de metal. Porque los riffs, pesados, oscuros, ominosos y apocalípticos, son los que marcan el camino, los que definen la localización de las paredes, los que limitan el espacio, comprimiéndolo hasta la angustia. La sucesión de espacios se da, a lo largo de todo el álbum, por compactación, por delimitación.

Más que la tensión, los contrastes en este álbum buscan generar extrañamiento, y sirven más para dibujar un paisaje cambiante, sorprendente y sobrenatural plagado de peligros. De amenazas visibles o invisibles que van de los insectos gigantes que aletean en “Turning The Prism” a los insondables crepitares radiactivos, señales perdidas en la inmensidad del vacío y voces extradimensionales de “Tritium Bath”, el acercamiento más evidente al minimalismo californiano, una escuela en la que Frost ha estado profundizando en los últimos años y que reconoce como fundamental para entender este “nuevo” enfoque. En el espacio nadie puede oír tus gritos. ∎

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