Reedición

Bill Fay

From The Bottom Of An Old Grandfather Clock. A Collection Of Demos And Outtakes 1966-70Dead Oceans-Popstock!, 2025
A veces la historia de la música avanza con desplantes bastante evidentes. Gente con poco que decir encuentra su sitio y, al mismo tiempo, otros quedan fuera del baile pese a tener composiciones de sobra. Bill Fay (1943-2025) pertenece a ese segundo grupo. “El eslabón perdido” podría ser una forma bastante precisa de denominarlo. El artista, fallecido en 2025, pasó varios años escribiendo y grabando canciones mientras intentaba abrirse camino en la industria. Esto ocurrió antes de publicar sus dos primeros discos, “Bill Fay” (1970) y “Time Of The Last Persecution” (1971), antes también de su larga desaparición y mucho antes del regreso tardío que lo devolvió a la actividad ya entrado el siglo XXI. De ese período surge “From The Bottom Of An Old Grandfather Clock”. El material vio la luz por primera vez en 2004, a través del sello Wooden Hill, en una edición limitada a CD. Ahora, la nueva edición digital, a cargo de Dead Oceans, nos permite a todos acceder de forma completa a ese Bill Fay inicial: piezas todavía en proceso, piano y voz en primer plano y una manera de escribir que ya apuntaba con claridad el rumbo de toda su obra posterior.

Más que una pieza de archivo, el disco actúa como el molde donde empezó a tomar forma todo lo demás. Reúne 25 pistas grabadas entre 1966 y 1970, en su mayoría demos y descartes que se quedaron en el tintero o nunca llegaron a publicarse en su momento. Lo que casi nadie sabe es que todo este lío fue fruto de un encuentro bastante casual con el periodista musical David Wells. Andaba buscando una canción de Fay para un recopilatorio de producciones de Peter Eden y, a partir de ahí, animó al músico a revisar cintas guardadas desde los años sesenta. Asimismo, el componente familiar atraviesa todo el proyecto: la portada recupera una fotografía antigua junto a su padre y en el repertorio aparecen también composiciones de su hermano. El título remite a una historia literal: una crítica de su primer lanzamiento, titulado “Shame About Bill”, que un amigo encontró años atrás escondida en el interior de un reloj de pie.

En esta colección ya se reconoce al Bill Fay que escribe canciones pequeñas con peso propio. “Maudy La Lune” destaca como ejemplo perfecto: pop delicado, melodía inmediata y una ligereza que roza lo ingenuo. Fay siempre contó que le parecía una letra poco “importante”, y justo por eso funciona tan bien, con versos como “If she left me now I’d be through / All I’d have is holes in my shoes”. Podría haber sido un sencillo en manos de cualquiera, con ese aire McCartney tan citado, pero aquí queda como una pieza íntima y cercana.

El bloque más introspectivo del repertorio lo forman piezas como “Camille”, “The Room” y “Parasite Child”. Aquí la voz se vuelve más frágil y el piano carga con todo el peso emocional. “Camille” destaca por su tristeza contenida, atravesando el corazoncito de oyentes durante años al escuchar “Someone came and took Camille away today”. “The Room” baja todavía más el tono de pesadumbre, mientras “Parasite Child” es de lo más áspero que hay en esta entrega. La letra te pinta el retrato de alguien que vive definido por lo que dicen los demás, marcado por los runrunes de la familia y esa sensación constante de ser el extraño en la foto. Fay escribe desde el bloqueo más absoluto, sin hacerse el mártir ni venderte finales felices. Y lo hace con una pista con cierto chisporroteo que te recuerda que estas grabaciones han sobrevivido de milagro.

Los temas con un pie en lo pastoral y lo narrativo también ocupan un lugar central. “Garden Song”, “Strangers In The Fields” y “Brighton Beach” muestran a Fay observando el entorno con calma, atento a los detalles pequeños. Hay naturaleza, hay paisaje, y hay una espiritualidad suave pero sin tono apocalíptico. “Garden Song” es una de las canciones más citadas cuando se habla del primer Fay, tanto por su recepción inicial como por su peso posterior. ¿Quién no querría situarse en esa fantasía de verso que proclama “I’ve planted myself in the garden, between the potatoes and parsley”? Del mismo modo, en cortes como “Warwick Town”, “Cannon’s Plain” o “The Sun Is Bored” se percibe una influencia más clara del folk narrativo y de Dylan. Fay construye escenas y sugiere estados de ánimo. “The Sun Is Bored” resulta especialmente reveladora en esta versión menos arreglada: la canción gana cercanía y refuerza esa sensación de mañana gris: “And the sun goes down / Never to rise again / It was getting bored / With the same old faces”. Rematamos con “Be Not So Fearful”, justo en la mitad y una de sus canciones más reconocidas (versionada por artistas de la talla de Wilco, Ed Harcourt o Damien Jurado). Basta con acercarse a ellas en este contexto para ver cómo Fay trabajaba la repetición y la sencillez como forma de consuelo, una constante que recorrería toda su trayectoria.

Escuchar hoy “From The Bottom Of An Old Grandfather Clock” es como limpiar un cristal empañado y descubrir que la vista siempre fue increíble. Una discografía desconcertante, tan pocos álbumes y tan brillantes que perturban hasta al algoritmo de Spotify. Basta con volver a estas composiciones y comprender que Bill Fay ya estaba ahí desde el principio, escribiendo a su manera. Si hoy diéramos con ese viejo reloj que da nombre a la publicación, podríamos ajustar las manecillas para recordarnos que estas canciones nunca estuvieron perdidas, solo fuera de hora. ∎

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