Álbum

By Storm

My Ghosts Go GhostdeadAir, 2026

By Storm no es tanto un fénix que renace de las cenizas de Injury Reserve como un cuerpo con miembro fantasma. El colectivo de tres cabezas se desmembró tras la muerte a los 32 años de Stepa J. Groggs en 2020; RiTchie y Parker Corey, los dos integrantes restantes, decidieron que “para respetar la especificidad de los tres como Injury Reserve”, lo mejor era poner el último clavo y decir adiós. Su último trabajo como trío, “By The Time I Get To Phoenix” (2021), grabado todavía con Groggs en vida, pero con el giro trágico de su muerte dándole un cariz de elegía rap, terminaba con “Bye Storm”, un tema de despedida que un par de años después serviría para bautizar a la nueva formación y que se usaría como acompañamiento de “Double Trio”: un doble single a modo de bisagra con el que intentar soltar amarras.

La realidad, sin embargo, es que la desaparición de Groggs sigue pesando irremediablemente en “My Ghosts Go Ghost”, el primer álbum del ahora dúo. Sin ir más lejos, ellos mismos dan continuidad a ese primer tema bajo su nuevo nombre con una explosiva “Double Trio 2” en la que RiTchie repite el estribillo de “Bye Storm” (“Shit, we was caught by a storm and we ain’t even know it”), como si todavía no fuera capaz de desprenderse de esa tormenta emocional vivida durante la creación de “By The Time I Get To Phoenix”. La confusión y el duelo en primera plana, zarandeados por la producción de un Corey en estado de gracia que dialoga con el ruidismo de Dälek y usa el saxofón de Patrick Shiroishi a modo de exorcismo jazz rap. Es catártico en el modo en que la canción está a punto de quedarse atrapada en sí misma, supurando a base de repeticiones y mantras.

El álbum está marcado por ese tipo de bucles y por el espíritu improvisatorio que adoptaron los de Arizona como forma de reencontrarse como músicos. Si los tumultuosos eventos alrededor de los cuales se moldeó el último disco de Injury Reserve –la pandemia, el endurecimiento de la brutalidad policial en Estados Unidos, el golpe por la muerte Groggs– prácticamente forzaron al grupo a una radicalización de su hip hop, olvidando casi por completo las canciones con vocación de divertimento hard nerd de sus inicios en pos de un paisaje más abstracto en su faceta industrial, propiciando un giro más tenso y oscuro en el que las letras flotaban por las corrientes de lo críptico, By Storm han decidido (por esa misma inercia o por algo parecido a un rabioso instinto de supervivencia) redoblar la apuesta del prefijo post.

Su música, eso sí, es ahora más contemplativa, tanto en lo lírico como en lo sonoro, y lo que ha perdido en pegada lo gana en capacidad de evocación. Véase el flujo de conciencia que se sucede durante los primeros cuatro minutos de “In My Town”, en los que RiTchie rapea sobre las dificultades adyacentes a su vida como músico alternativo –hasta deja caer que tiene que trabajar como repartidor de comida para poder subsistir: “Hey there, your favorite rapper at your door now / If you wanna skip the fees, you can call now / Here I am deliverin’ eats, writin’ in the car now”–, con bebé en camino, para abandonarse durante los tres minutos restantes en su collage de arreglos de guitarra, vocales perdidas en la bruma y drum pads glitcheados sin rumbo claro. Da igual su falta de agarre, porque la propuesta del dúo, ahora mismo, ya va un poco de esto, de dejarte ir, de perderte, de soportar tus propios pensamientos. De zigzaguear, de reptar por la vida, como evoca ese casi spoken word de “Zig Zag”, otra pieza que bordea los siete minutos, que empieza con algo así como un Tom Waits con rastas que no termina de encontrar el equilibrio hasta que el propio beat –otro ejercicio de guitarra en el que un folk enturbiado terminará por florecer en una avalancha de ritmos electrónicos– parece tragarse su voz para escupirla revigorizada. Y es que hay una idea bonita en este disco, la de dos amigos animándose, impulsándose mediante su arte, en un ejercicio de duelo mutuo.

Aunque el duelo, como tal, no tiñe tanto el proyecto como el hecho de darse cuenta de que uno se está alejando de ese estado emocional. De que los fantasmas ya no atormentan. Ese “My Ghosts Go Ghost” titular. Ya han pasado casi seis años del fallecimiento de su amigo y compañero y la idea de, ni que sea por unos momentos, dejar de pensar en él da tanto miedo como el alivio que, en el fondo, debería dar el poder escapar de la mirada de la parca. Es el sentimiento que atraviesa el monólogo interior constantemente interrumpido de “Dead Weight”, autosabotaje de breakbeat y psicótico arpegio de cuerdas; la paranoia gótico sureña compartida con billy woods de “Best Interest”, cuyos rasgueos de violín distorsionado parecen sacados de una escena eliminada de “GOLLIWOG” (2025); o, sobre todo, esa idea de que el tormento es preferible al vacío que sobrevuela en “GGG”: “My ghosts go ghost, I dodged my shadow, now I’m tryna cast more”, despedida musical definitiva ya no a Groggs, sino a su fantasma.

Es un cierre en clave melancólica que recoge esa idea de recogimiento, valga la redundancia, con la que los miembros de By Storm parecen querer mostrarse en su nueva etapa, y que, con su drumless de guitarra reconecta con el inicio de “Can I Have You For Myself?”, un primer tema sobre, ojo, tener celos de tu propio bebé, que en su vertiente folkie invoca al Frank Ocean que invoca a Arthur Russell hasta hacerlos estallar por los aires en un segundo tramo de bebop glitcheado. Ese tipo de dinámicas –calma, implosión, calma…–, herederas del espíritu del free jazz, desaparecen en un par de canciones: la efectiva “Grapefruit” es más progresiva y su tensión melódicamente industrial en aumento da pie al deambular más eminentemente “rapero” de RiTchie, que compara la exposición mediática con las vísceras rojas de un pomelo; mientras que “And I Dance”, una mezcla entre el indie rap que Kid Cudi intentó hacer explotar con “Indicud” (2013) y la dicción del Jay-Z más celebratorio, desentona en su uso de unos colores pastel, que, quizá dándose cuenta, Corey termina emborronando con un muro de saturación del que el Kanye West de “808s & Heartbreak” (2008) estaría orgulloso. Es una nota (emocionalmente) positiva entre tanta sensación de desapego, aunque “My Ghosts Go Ghost” funciona mejor en sus momentos más atmosféricos y libres, cuando By Storm entienden, quizá acongojados, que tras la metamorfosis que han sufrido les puede definir mejor la energía improvisatoria, la querencia por el esbozo más que por la concreción. Como en un viaje astral, RiTchie y Corey exploran su nueva dinámica creativa como dúo tomando una perspectiva externa de lo que fue Injury Reserve. Y así, parecen haber vislumbrado lo que ellos pueden ser ahora. ∎

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