Melodía efervescente, radiante y letra dramédica, empezar un disco con un tema como “Podría ser peor”… podría ser un suicidio. Porque esta autoparódica confesión de ser un perpetuo desastre vital (“diploma olímpico en autoboicot”), no es una gran canción, en el sentido de que no dejan de ser dos minutos y cuarenta y tres segundos de pop de guitarras nuevaolero prototípico que, desde la movida madrileña a los Strokes, hemos escuchado infinidad de veces. Pero, joder, es un temazo.
Luego está la colaboración de Leiva, el más entrañable y carismático meme del rock español actual, que más que un artificio para buscar viralidad y nuevos targets, se antoja un encuentro malasañero de, habiéndoselo bebido y fumado todo, soltar: “Tengo un tema que mola, ¿te metes unas voces?”, e irse para el estudio con los primeros rayos de sol. Empezar ahí arriba, con una canción de esas que te infectan el cerebro, de las que te obligan a escucharla en bucle hasta el hartazgo (confieso haber hecho 25 kilómetros en coche poniéndola una vez tras otra), de las que por sí solas justifican un disco, es estar muy seguro de que lo que viene después merece mucho la pena. Podría ser peor, pero no.
Carlangas mola, esto es unánime, ¿no? Cómo no puede molar el tipo que estuvo al frente de los parados indefinidamente Novedades Carminha. En sus inicios The Black Lips de las Rías Baixas, su sonido fue expandiéndose hasta acabar modulando álbumes como “Campeones del mundo” (2016) o su carta de despedida, si es que no regresan algún día, “Ultraligero” (2019). Trabajos que partían de la grasa del garage pero, como el Tony Manero que se engalana las noches de los sábados, tenían pulsión de pista de baile. Reinterpretación del concepto “verbena” que Carlangas siguió explorando en sus dos primeros álbumes en solitario, el homónimo debut por libre (de 2023) y “Bailódromo Vol. 1” (2024), este segundo más funkoide y sintetizado, por instantes recordando a Alaska en sus etapas con Pegamoides y Dinarama (“Tiemblo” es puro “Bailando”), Golpes Bajos o referentes más cercanos en el tiempo –The Rapture o LCD Soundsystem (“Mucho con poco”)–.
En “Universo paralelo” sigue habiendo algo de todo eso: “Gran Via” vuelve a ser un ejercicio de nueva ola funk, pero en su esencia y concepto es un álbum de guitarras. De rock y de pop. De tener unos cuantos temas que te arden en el bolsillo y sentir la premura de encapsularlos para que no se pierda la magia. De ese uno-dos-tres-cuatro que suena al inicio de “Podría ser peor”. Inmediato e instantáneo. Una toma, disfrutar de la belleza del error y a por la siguiente. Menos Alaska y más Gabinete Caligari (“DNI” desprende aromas de ir “camino a Soria”). Menos James Murphy y más Julian Casablancas. Un disco disfrutón, para él, que parece haber encontrado ahora el goce en la inmediatez del rasgueo distorsionado y reverberado y los estribillos imbatibles (en las letras Carlangas es el mismo retratista irónico de la cotidianeidad contemporánea de siempre), y para nosotros, receptores de balazos como “Universo paralelo” (puro Novedades Carminha), la bluesy “Vienen a por ti”, el indie urgente de “Familia S.L.” o el caramelo acelerado acompañado de Dear Joanne “Problemas”. Difícilmente podría ser mejor. ∎